Frente a los problemas que aquejan al país, la ciencia puede jugar un papel decisivo en la solución de los mismos.
En el caso del medio ambiente, los retos que entraña el cambio climático, por citar algunos, son una oportunidad inmejorable para que el sector científico asuma el reto.
Así lo plantea Pedro Francisco Rodríguez Espinosa, director del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Ciiemd) del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
En entrevista con Campus, el investigador señala que “el escenario para la ciencia en México es sumamente propicio para realizar trabajos de carácter científico”.
Y es que, como lo señala Rodríguez Espinosa, “no hay mejor momento para hacerlo, ya que la ciencia se nutre de los problemas, y hoy, más que nunca, enfrentamos diversos retos que requieren soluciones: temas de salud, seguridad y, en nuestro caso, medioambientales”.
En ese sentido, plantea el especialista, quien cuenta con estudios de doctorado en Ciencias en Tecnología Avanzada por el IPN, el entorno de la investigación ambiental tiene una oportunidad inmejorable.
“Nos encontramos ante un panorama ideal para la investigación ambiental, dada la magnitud de los efectos del cambio climático, el abatimiento de los acuíferos y la contaminación de los ríos”, comenta.
Por ello, la ciencia debe hacer frente a las problemática que se generan en este asunto y en otros que tienen que ver con el agua.
“Estamos experimentando transformaciones importantes en distintos cuerpos de agua, y frente a este problema tan serio, la ciencia puede y debe desempeñar un papel decisivo”, señala.
Algunos inconvenientes
Al hablar sobre los desafíos que enfrenta el sector científico en la actualidad, Pedro Francisco Rodríguez Espinosa, quien fue investigador del Grupo de Estudios Oceanográficos del Departamento de Energía Nuclear del Instituto de Investigaciones Eléctricas, asume que es la falta de coordinación que existe al interior.
“El principal reto es evitar que existan dos subsistemas —uno académico y otro de aplicación—, y lograr que la ciencia se vincule directamente con los problemas nacionales”.
Al respecto, añade el director del Ciiemd, “no se trata sólo de apoyar a la ciencia, sino de apoyarse en la ciencia para construir un mejor país”.
Por ello—considera— la exigencia de recursos debe ir encaminada a desarrollar un sistema científico que fortalezca las políticas públicas.
“Es muy fácil pedir recursos para realizar investigaciones, pero lo verdaderamente transformador sería cambiar el paradigma: usar el conocimiento científico para fortalecer las políticas públicas y mejorar la calidad de vida”, dice.
En esa dirección, puntualiza Rodríguez Espinosa, quien es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), se debe promover una “explotación sustentable y con gobernanza de nuestros recursos naturales”.
Fortalecer el futuro
Sobre los problemas que aquejan a la educación superior del país, Pedro Francisco Rodríguez Espinosa enfatiza que se deben desarrollar estrategias para ofrecer una enseñanza acorde con las necesidades de la sociedad.
“El problema ya no radica en la falta de oferta, sino en la forma en que concebimos la educación. Debemos ‘reaprender’ cuáles son las rutas que hoy necesitamos seguir para ofrecer una educación superior y de posgrado más pertinente”, dice.
Por ello, agrega Rodríguez Espinosa, quien cuenta con estudios de Maestría en Ciencias del Mar con Especialidad en Oceanografía Geológica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “es importante reflexionar sobre qué está ofreciendo realmente el sistema educativo a los futuros investigadores y profesionistas”.
Asimismo, debe de analizarse “cuál es su valor, no solo en términos monetarios, sino también en satisfacción personal, entorno ambiental y equilibrio familiar”.
Para el investigador, “es momento de replantear nuestro sistema de educación superior, estableciendo metas orientadas a la justicia, la equidad, la salud y, sobre todo, al cuidado del medio ambiente y de nuestros recursos naturales”.
Por ello —apunta— las instituciones de educación superior y la comunidad científica deben “adoptar una actitud más firme y proactiva. No podemos esperar a que los problemas lleguen a nosotros; somos nosotros, como científicos, quienes debemos salir a enfrentarlos.
“Es fundamental que nuestros proyectos no se queden en el ámbito académico, sino que sirvan para sustentar políticas públicas, generar nuevos sistemas de salud, ampliar las posibilidades educativas y, en nuestro caso, impulsar un uso más sustentable de los recursos naturales”, finaliza.



