Hoy se conmemora a uno de nuestros más importantes símbolos patrios, originado en uno de los episodios emblemáticos de nuestra historia
Hace 140 años nació en Oaxaca, José Vasconcelos, quien emprendió la epopeya de la educación mexicana, efeméride que tendrá verificativo el próximo domingo 27 de febrero, pero hoy conmemoramos a nuestra bandera, emanada de uno de los episodios emblemáticos de nuestra Historia: el Plan de Iguala.
En la agenda cultural hay diversidad de temas como las acciones emprendidas por el Día Internacional de la Lengua Materna, la próxima exposición de Rafael Cauduro en San Ildefonso, el convenio de colaboración entre Radio Educación y la Dirección General de Bibliotecas, pero en esta ocasión solo los mencionamos de forma colateral.
¿Iguala nos iguala?
Hay que tener bastante claro que, antes de la Conquista, en el territorio que hoy comprende México se desarrolló la vida de distintas naciones, algunas formaron alianzas comerciales, culturales y militares mientras que otras fueron rivales a muerte. Durante la Colonia sucedió otro tanto, la diferencia fue la homologación y extensión de la cultura española, empezando claro, por el idioma y la religión.
En 1821 nuestro territorio había resistido 11 años de guerra independentista, en realidad ya quedaba sólo un bastión en resistencia, Vicente Guerrero lo lideraba. Entonces el triunfo de la causa independentista se logró más por los privilegios negados a los criollos y como cuenta la historia, por el amor a la tierra patria de los europeos nacidos en América.
De este modo, en Iguala se reconoció: “¿Y quién pondrá duda en que después de la experiencia horrorosa de tantos desastres no haya siquiera quien deje de prestarse a la unión para conseguir tanto bien? ¡Españoles europeos!, vuestra patria es la América, porque en ella vivís, en ella tenéis a vuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes”.
Una de las cosas que más me llama la atención de este episodio fundacional es que la Independencia pretende darse en términos de amistad, se reconoce una especie de paternidad a la Corona Española y como se sabe, meses después, en Córdoba, se llamó a los reyes españoles a gobernar la naciente nación mexicana, sólo que ellos declinaron tal honor, por el simple hecho de que no reconocieron la Independencia.
En Iguala también se dijo: “Trescientos años hace, la América Septentrional, que está bajo de la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reinos dilatados que en la historia del universo van a ocupar lugar muy distinguido”.
Verde, blanco y rojo
De este modo, al unir fuerzas realistas e independentistas, los ideales del “Ejército trigarante” fueron representados en una bandera con los colores verde (independencia), blanco (religión católica) y rojo (unión).
Así como dos años de pandemia han afectado a las economías globales, es imaginable lo que hicieron once años de conflicto bélico, por lo que, ante la urgencia de mejorar la economía de la Nueva España, el coronel del ejército realista y artífice de una Independencia ajedrecista, Agustín de Iturbide, consideró necesaria la alianza entre los grupos en otro tiempo rivales.
Aunque no sabemos si el abrazo de Acatempan realmente sucedió, la alianza fue fidedigna, con ello Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide firmaron el Plan de Iguala, en el que se propuso la unión entre europeos, americanos e indígenas en un solo imperio: el mexicano.
El Plan de Iguala fue reconocido en gran parte del virreinato, de tal forma que, cuando llegó Juan de O´Donojú, último comisionado de la Nueva España, no pudo hacer más que reconocer la Independencia. Es curioso, pero O´Donojú murió meses después y la Corona Española no reconoció dicho acuerdo, como sabemos, España dio por buena la Independencia hasta diciembre de 1836 con el Tratado de Santa María Calatrava.
Hablábamos de Vasconcelos en el inicio, también es curioso, pero en su época (1921) la influencia de Estados Unidos ya empezaba a surcar el carácter de México, quizá por ello, Vasconcelos recordaba con mejor aprecio la tarea de la evangelización española como modelo para emprender la épica educativa, pero eso será tema de la próxima entrega.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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