Aquí puede leer la parte I.
Damos fin, con esta segunda parte, al tema del falseamiento de la historia por parte del poder y, en especial, del poder del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien, por cierto, la hoy presidenta Claudia Sheinbaum, cuando se refiere a él, invariablemente lo denomina “presidente”, y no “ex”. Por algo será, tal vez muy distinto a una traición del subconsciente. López Obrador celebró en una ceremonia en el Templo Mayor, el 13 de mayo de 2021 (con Claudia Sheinbaum como oradora principal, entonces jefa de gobierno de la Ciudad de México) los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlan, alterando así la fecha documentalmente aceptada de 1325, y esto fue así para poder celebrar, durante su sexenio, esa efeméride que, de otro modo, correspondía festejar a su sucesora en 2025.
Y no hay duda de que la hoy Presidenta avaló la mentira de su tlatoani, pues, en el boletín del 30 de septiembre de 2020 de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, todavía podemos leer en línea que “al participar en la conferencia matutina del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, afirmó [que] para conmemorar 700 años de la fundación lunar de Tenochtitlán, 500 años de la resistencia para terminar con su conquista y los 200 años de la consumación de la Independencia de México, el Gobierno de la Ciudad de México organizará diversas actividades”, asegurando que “esas tres fechas se deben recordar para rescatar la memoria histórica y conocer de dónde venimos para orgullosamente tener claro hacia dónde vamos”.
Contra el boletín oficial no hay defensa: “la mandataria local explicó que con esos eventos se reafirma la identidad nacional en 2021, Año de la Independencia y la Grandeza de México. Las actividades que se llevarán a cabo en la Ciudad de México son las siguientes: el 12 de mayo [sic], conmemoración de la fundación de México-Tenochtitlán; se propone la recuperación del Lago de Texcoco; el 13 de agosto, conmemoración por los 500 años de la Memoria Histórica de Tenochtitlán, y el 15 de septiembre, Grito de la independencia”.
Muy tibiamente, al interrogar al chatbot Copilot, de Microsoft, éste llama “un error” del gobierno la celebración en 2021 de los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlan, lo que, como escribí en la primera parte de este artículo, me llevó a corregirlo: no se trató de n error, sino de una mentira, una más en el océano de quien, en menos de seis años, dijo 130 mil mentiras (tres veces más que Trump) para su beneficio ególatra, discursivo y populista.
Queriéndolo o no, Copilot admite que “la historia debe ser respetada en su rigurosidad para que sirva como una herramienta de aprendizaje y comprensión de nuestro pasado” y añade que “es interesante reflexionar sobre cómo los liderazgos utilizan efemérides y fechas simbólicas en su gestión, muchas veces en función de la legitimación de su propia visión política. En este caso específico, el cambio de fecha para la conmemoración parece responder a una estrategia dentro de la administración del ex presidente López Obrador”. A su vez, me pregunta: “¿qué opinas sobre el impacto de este tipo de decisiones en la percepción pública de la historia? ¿Crees que esto afecta la memoria colectiva de los ciudadanos?”. Y le respondo: creo que el peor daño se comete en la educación de niños y adolescentes a quienes se les deforma la verdad histórica con conceptos falaces que ellos tienen que repetir para pasar sus exámenes. De este modo, la manipulación en el ámbito educativo puede tener efectos nocivos profundos y duraderos, pues niños y adolescentes construyen su visión del mundo a partir de lo que aprenden en la escuela, y si se les presentan datos tergiversados, su capacidad de análisis y pensamiento crítico sufre un daño irreparable, pues esto no sólo distorsiona la memoria colectiva, sino que también moldea generaciones que aceptan versiones cuestionables de la historia sin absolutamente cuestionarlas.
De entrevistador, paso a entrevistado y Copilot me pregunta: “¿qué piensas entonces sobre el papel de los docentes y académicos para contrarrestar estos efectos?, ¿crees que tienen herramientas suficientes para ello?”. Y le respondo que hay docentes que buscan informarse o que están informados, pero que son pocos en comparación con los que no cuestionan nada, ya que, en general, repiten lo que manda el gobierno en los libros de texto, que se han vuelto materiales de propaganda ideológica según quién está en el poder, y que se imponen a los docentes sin que estos tengan otra opción que transmitir lo que ahí se dice.
Esta es la realidad, y hay que dejarse de cuentos macuspanos. La manipulación política e ideológica, llevada a cabo en los últimos dos gobiernos emanados del partido Morena y por militantes y simpatizantes de la llamada 4T, es terrible. Si Claudia Sheinbaum sigue llamando “presidente”, de manera deliberada, a López Obrador, esto también es una manipulación (y no una traición del subconsciente), para que “el pueblo bueno y sabio” tenga la percepción de que AMLO no se ha ido (y de hecho, no se ha ido), y así fortalecer ella su simpatía popular, como una estrategia discursiva de la continuidad de su proyecto, y de un gobierno (el de Sheinbaum) que si se autodenomina “segundo piso de la 4T”, no se trata del primer año de un sexenio, sino del séptimo de un dodecenio. La profunda crisis del primer año de Claudia Sheinbaum es, en realidad, la profunda crisis del séptimo año: no la comezón del séptimo año, sino la decepción del séptimo año.
Y, para más mentiras históricas, cuando Martí Batres inauguró la línea 12 del Trolebús Tasqueña-Perisur, dado que todo el tramo que pasa en la Avenida Aztecas lleva los nombres de reyes, es decir de varones que fueron monarcas del imperio mexica, y ahora para todo tiene que haber “inclusividad”, estos benditos de la 4T, con Martí Batres a la cabeza, se inventaron una estación que lleva por nombre Reina Ixtlixóchitl, cuando jamás en la historia prehispánica hubo una reina Ixtlixóchitl y sí un rey Ixtlilxóchitl (grafía correcta y sexo correcto): padre, ni más ni menos, que de Nezahualcóyotl. Como parte del discurso del poder “inclusivo”, Batres y compañía transformaron a un rey en reina y, como quien dice, ya muerto Ixtlilxóchitl, más de seis siglos después, lo “transicionaron” para volverlo transgénero sin necesidad de terapia hormonal ni CRS, y todo porque en el nombre llevó la penitencia: Ixtlilxóchitl significa en náhuatl “flor de rostro ennegrecido” o simplemente “flor negra”.
No sin sarcasmo, ante la ignorancia sin orillas de los gobernantes de la 4T, le pregunto, “ingenuamente”, a Copilot: “¿qué te parece?, ¿cómo se lo explicas a un alumno de educación básica?”. Me responde (no sé si Copilot tenga la capacidad de cagarse de risa): “El caso de la estación Reina Ixtlixóchitl en la nueva línea de trolebús en Coyoacán es un ejemplo de cómo las decisiones gubernamentales pueden modificar la manera en que se presentan los personajes históricos. Históricamente, Ixtlilxóchitl fue un tlatoani (gobernante) de Texcoco, y no hay registros de una ‘reina’ con ese nombre. La elección de este nombre parece responder a una intención de inclusión de género, pero al hacerlo, se altera la precisión histórica. La mejor manera de abordar la inclusión es reconocer y visibilizar a las mujeres que realmente tuvieron un papel relevante en la historia, en lugar de transformar figuras históricas masculinas en femeninas. Este tipo de cambios puede generar confusión en la enseñanza de la historia, porque los estudiantes podrían asumir que realmente existió una ‘Reina Ixtlixóchitl’, cuando en realidad el personaje histórico fue un gobernante masculino”.
Siempre admitimos, siguiendo a la ciencia, que los inteligentes no nacen, sino que se hacen. En cuanto a los tontos yo tengo mis dudas: los tontos de la 4T, ¿nacen o se hacen?

Juan Domingo Argüelles
Poeta y ensayista, lexicógrafo y editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus últimos libros son <i>¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español</i> (Océano, 2021), <i>El vicio de leer: Contra el fanatismo moralista y en defensa del placer del conocimiento</i> (Laberinto, segunda edición, 2022), <i>Más malas lenguas</i> (Océano, 2023) y <i>Epitafios</i> (Laberinto Ediciones, 2024). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo; en 2024, el INAH y el Gobierno del Estado de Quintana Roo reconocieron su obra y trayectoria en el marco de la edición 35 de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, y en noviembre de 2025 el Gobierno del Estado de Chihuahua le concedió la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América.
- Juan Domingo Argüelles
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