Nos pasamos la vida siendo un número. Quienes nacimos en un hospital público por ejemplo nos colocaron en la muñeca una señal con apellidos de nuestra madre y un número para el registro. Fue solo el comienzo.
Pasamos de la Clave Única de Registro Poblacional, la CURP para existir, al Registro Federal de Contribuyentes para existir ante Hacienda. No sin antes haber tenido un número del Imss, Issste, de la escuela, de estudiante,
de trabajador.
La casa tiene un número afuera para identificarla de las demás, contamos con un código postal para dividir los territorios. Electoralmente contamos con cientos de secciones y 300 distritos electorales, y cada uno cuando tramita su credencial del INE, cuenta con un número de elector, faltaba más.
En un antes no muy lejano teníamos teléfono fijo en la casa, nos sabíamos de memoria ese y otro de emergencia por cualquier cosa. Los boletos para el transporte terrestre, aéreo o marítimo son un número. Dimos el salto cuántico a los códigos de barras. La tarjeta bancaria cuenta con 16 dígitos y otros para código de seguridad.
En épocas digitales empezamos a usar teléfonos móviles (algunos más inteligentes que otros) y no se diga el correo electrónico y redes sociales, y en todas se requiere una clave o password, combinación en la que resulta obligatorio el uso de algún número y que con cierta frecuencia olvidamos.
Cumplimos años cada doce meses. En espacios como la burocracia o la academia se acostumbra que en números cerrados de años laborando se les entrega reconocimiento por ejemplo a los 10, 20 o 30 años de antigüedad.
A lo largo de la vida estudiantil nos hacen aprendernos fechas, cifras, entender cantidades, distancias, volúmenes, dimensiones. Pasamos del ábaco a la calculadora, y en ocasiones para las operaciones más simples recurrimos al teléfono para la ecuación. Las sentencias judiciales por ejemplo las penales, tienen que ver con número, expedientes, cifras para multas, años de prisión, en días recientes llamó a atención los 700 años de pena emitida por la Fiscalía General de Nayarit contra un secuestrador, la más alta en su historia.
Todos estos años me hacen tener certeza en algo: estamos preparados para ahora enfrentar la elección extraordinaria judicial en México, donde más que nombres, que sí los habrá, será con números los que tengamos que anotar en los recuadros de la parte superior.
Se ve y sí, seamos honestos, estará complicado diferenciar ese uno de junio en los centros de votaciones entre tantos cargos, colores, boletas y claro, números, recordaremos y trataremos de relacionar el color con el cargo y con el número que las candidatas y los candidatos están tratando de posicionar en un ambiente eminentemente apático por participar.
Pero he aquí mi dosis de optimismo: nos hemos preparado toda la vida para ser un número, para ahora anotar ese número, o mejor dicho, varios números para que se conviertan en los próximos meses en quienes ocupen los espacios en el Poder Judicial. Eso sí, mi hipótesis también es que no llegaremos al diez por ciento de participación.

Rafael G. Vargas Pasaye
@rvargaspasaye
http://www.consentidocomun.mx
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