Una mañana luminosa en la Universidad Iberoamericana se convirtió en una travesía por siglos de historia, arte y resistencia. En el corazón de su Biblioteca Francisco Xavier Clavigero, donde pasé incontables tardes en la carrera, las directoras Cecilia Sandoval (Archivos Históricos) y Begoña Irazabal (Difusión y Divulgación Cultural) guiaron un recorrido íntimo por los acervos que resguardan el pulso documental de México.
Frente a una mesa de conservación, Sandoval levantó con cuidado una guarda libre de ácido para mostrar un mapa de 1552: el plano del pleito por mojoneras entre los pueblos de Culuacán y Xochimilco, un documento que acompañó un juicio por tierras que se extendió casi un siglo.
“Aquí se puede leer la historia de cómo se negociaba el territorio —explicó—; estas líneas rojas son los límites decididos por los oidores, y estas pequeñas cruces, las mojoneras, los hitos que dividían lo tuyo de lo mío”.
El mapa, mitad códice indígena y mitad manuscrito legal europeo, revela un fascinante encuentro de lenguajes: símbolos nahuas junto a escritura procesal “endemoniada”, dibujos planos mesoamericanos junto a intentos de perspectiva renacentista. “Es un testimonio del choque y la convivencia cultural —añadió Sandoval—. Incluso la ‘manita’ que el escribano trazó para señalar pasajes importantes anticipa al ícono que hoy usamos en nuestros procesadores de texto. La historia sigue viva, solo que ahora pulsa con otro tipo de tinta”.
En otra vitrina, descansan cartas del Archivo Porfirio Díaz, colección donada en 1977 por los descendientes del expresidente y registrada en la Memoria del Mundo desde 2005. Una de ellas, fechada en 1909, proviene del laboratorio de Thomas Edison, quien solicita a Díaz grabar fonogramas para el público estadounidense. “Edison le escribe con una cortesía política exquisita —comenta Sandoval—. Detrás de esa carta hay tensiones diplomáticas entre México y Estados Unidos, pero también una fascinación mutua por la modernidad y el progreso”.
Begoña Irazabal, por su parte, condujo al grupo hacia otro territorio de memoria: el archivo fotográfico de Mariana Yampolsky y el archivo Ana Victoria Jiménez, dos acervos que narran, desde la lente y el activismo, la historia reciente de las mujeres en México.
“El archivo de Ana Victoria —explica Irazabal— contiene más de 5 mil fotografías y 3 mil documentos sobre el movimiento feminista, los derechos laborales y la vida cotidiana de las trabajadoras domésticas. Uno de sus proyectos inconclusos se ha convertido en objeto de estudio y exposiciones internacionales. Lo que no se imprimió en su momento hoy resuena en museos de Los Ángeles, Oxford y Ciudad de México”.
La BFXC también alberga piezas únicas como el Canto General de Pablo Neruda, ejemplar número 244 donado por Luis Barragán, con guardas pintadas por Rivera y Siqueiros (registrado en 2016), y la Sección México 68, con el archivo fotográfico original de El Heraldo de México sobre el movimiento estudiantil de 1968 (registrado en 2019).
Cada fondo abre una ventana distinta hacia la historia del país, desde los códices coloniales hasta los movimientos sociales contemporáneos.
“El patrimonio documental no solo guarda el pasado —dice Sandoval—, también nos enseña cómo entender el presente y proyectar el futuro”.
Al final del recorrido, entre mapas del siglo XVI, fotografías de Yampolsky y cartas de Edison, quedaba la sensación de haber cruzado una frontera invisible entre la historia y la vida cotidiana. La Biblioteca Francisco Xavier Clavigero no solo conserva documentos: custodia la memoria viva de México, esa que se escribe y se reinterpreta cada día.

Salvador Medina
- Salvador Medina
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