La denominada “política cultural” es esto, precisamente: “política”. La literatura es otra cosa: el arte de la creación literaria. Por ello, el canon de las letras aspira a enaltecer las mejores obras, más allá de subjetividades. Pero ¿es posible ser objetivos en literatura? La respuesta es sí. Cuando valoramos la calidad literaria por encima de cualquier cosa. Cuando desvanecemos los prejuicios, leemos y releemos las obras (y no las biografías de sus autores) y evitamos leer en los prestigios y en los desprestigios; cuando no confundimos estética con moral y, sobre todo, cuando clausuramos, definitivamente, las puertas a las ideologías.
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