La educación superior mexicana vive un punto de inflexión. Así lo afirma el Dr. Ricardo Villanueva Lomelí, subsecretario de Educación Superior de la SEP, quien advierte que las universidades deben transformar de raíz su manera de enseñar para conectarse con la llamada “generación Netflix”, jóvenes que consumen contenidos bajo demanda, de forma personalizada y con alta expectativa de inmediatez.
“Las instituciones todavía están diseñadas para un mundo que ya no existe”, señala. Mientras los estudiantes viven en plataformas que se actualizan cada semana, “los planes de estudio tardan entre 10 y 15 años en cambiar”.
La educación superior mexicana está obligada a romper sus propios moldes si quiere dialogar con la generación que hoy ocupa las aulas.
“Estamos intentando educar a jóvenes del siglo XXI con herramientas del siglo XX”. Para él, estas nuevas generaciones exigen una transformación profunda en la manera en que las instituciones conciben la enseñanza, la actualización profesional y la vida universitaria.
Villanueva sostiene que el modelo tradicional, que concentra la formación en un periodo breve de la vida, ya no responde al mundo actual.
“No podemos pretender que las personas estudien de los 18 a los 23 años y nunca más regresen a un aula. Esa idea está muerta”, afirma. Su diagnóstico parte de una realidad contundente: los empleos se transforman con tal velocidad que muchos dejarán de existir en los próximos años, mientras surgen otros completamente nuevos.
“El 60 por ciento de los niños de hoy trabajará en algo que todavía no conocemos. ¿Cómo vamos a prepararlos para un mercado laboral inexistente?”, se pregunta. En un entorno donde los conocimientos caducan cada cinco años, la universidad —dice— no puede seguir actualizando sus planes de estudio cada década o década y media. Ese desfase, asegura, está expulsando a los jóvenes y debilitando el valor del título universitario.
Educación dinámica y personalizada
Frente a este panorama, el subsecretario impulsa SaberesMX, la plataforma educativa que la SEP lanzó como un intento de acercar la lógica del streaming a la formación académica. Su primer lanzamiento fue el curso SanaMente LibreMente: jóvenes por la paz y contra las adicciones, una propuesta orientada a la prevención de adicciones que también busca fortalecer la cultura de paz entre las y los jóvenes.
“Es educación á la Netflix, no porque se vea como Netflix, sino porque por fin podemos ofrecer contenidos personalizados, dinámicos, hechos entre varias instituciones y actualizados con la velocidad que exige la realidad”, explica.
El también abogado y doctor por la Universidad de Salamanca subraya que lo revolucionario no es el formato digital, sino el ecosistema colaborativo que genera: universidades públicas y privadas, organismos gubernamentales y expertos de distintas áreas construyendo cursos de forma conjunta, integrados mediante inteligencia artificial que guía al usuario hacia los contenidos que necesita.
“Esto no lo hacía el Estado mexicano: la educación estaba fragmentada. Con SaberesMX demostramos que es posible articular a la UNAM, al Tec de Monterrey, a la ASU y a más de veinte instituciones para producir un contenido académico común”, apunta, en referencia al primer ejercicio de colaboración interinstitucional impulsado desde la plataforma.Igualmente firme es su postura sobre la necesidad de replantear los métodos de evaluación.
“El ensayo dejó de funcionar como prueba de aprendizaje. Si un estudiante puede generarlo en segundos con inteligencia artificial, entonces el problema no es el alumno: es el profesor que sigue usando evaluaciones del pasado”, señala. Para Villanueva, prohibir la IA en la escuela es tan inútil como intentar prohibir la calculadora hace décadas. Su propuesta es integrarla al proceso educativo: “Que los estudiantes lleguen con un texto hecho con IA y, a partir de ahí, construyamos el análisis crítico. La inteligencia artificial debe ser herramienta, no enemiga”. Al mismo tiempo, insiste en que las humanidades deben permanecer en el corazón de la educación superior. Ética, civismo, filosofía, artes y lectura crítica siguen siendo, en sus palabras, “las únicas anclas que tenemos para tomar decisiones en un mundo acelerado, incierto y lleno de automatización”.
Financiamiento: reto nacional
El subsecretario también aborda un tema siempre polémico: la autonomía universitaria. La defiende como principio, pero señala que no puede convertirse en un escudo para prácticas insostenibles.
“Autonomía no significa libertinaje. La crisis financiera de algunas universidades no tiene que ver con falta de recursos, sino con decisiones mal tomadas durante años. Pensiones imposibles de sostener, plantillas administrativas que crecieron sin control, prestaciones que ningún sistema puede pagar”, comenta.
No obstante, reconoce que el financiamiento sigue siendo un reto nacional y que existe una enorme desigualdad entre lo que los estados aportan para sus universidades.
“Hay instituciones que reciben muchísimo por alumno y otras que sobreviven con muy poco. Esa inequidad no puede sostener al futuro”.
En su visión, la educación superior debe recuperar su responsabilidad social y su capacidad de adaptación, sin abandonar lo esencial que la define. Debe cambiar su velocidad, sus métodos y su relación con la tecnología, pero debe conservar aquello que forma ciudadanos y no solo empleados. “La universidad tiene que parecerse más al mundo de sus estudiantes y menos al mundo de los adultos que la gobiernan”, afirma y concluye con una advertencia optimista pero urgente: “La generación Netflix ya está aquí. Si no transformamos la educación al ritmo que demandan, no serán ellos quienes se queden atrás: seremos nosotros”.
En ese horizonte de transformación, la inteligencia artificial aparece no como una promesa futurista, sino como una realidad que ya atraviesa las aulas. Para Villanueva, el mayor error sería intentar frenar su uso desde la prohibición.
“No hay que tenerle miedo. El problema no es que los estudiantes usen inteligencia artificial; el problema es que nosotros sigamos evaluando como si no existiera”, afirma.
Desde su experiencia como docente, sostiene que herramientas como ChatGPT deben incorporarse al proceso de aprendizaje como medios y no como atajos fraudulentos.
“Si seguimos pidiendo ensayos como evaluación final, estamos provocando la trampa. Mejor asumamos que la van a usar y llevémosla al centro de la clase para discutir, cuestionar y desarrollar pensamiento crítico”.
Desde el gobierno federal, explica, ya se trabaja en esa lógica. Plataformas como SaberesMX no solo buscan ampliar el acceso a la educación superior, sino también sentar las bases para un nuevo modelo híbrido, flexible y acumulable, donde las microcredenciales, los cursos en línea y la formación presencial dialoguen entre sí.
“Queremos que el mejor profesor del país pueda diseñar un curso y que ese conocimiento llegue a todos los estudiantes, sin importar en qué universidad estén”, señala.
Para ello, la SEP impulsa un marco normativo que permita homologar créditos, facilitar la movilidad académica y construir un lenguaje común entre las instituciones de educación superior del país.
El reto, reconoce, no es menor. Implica inversión, ajustes culturales y una revisión profunda de las inercias institucionales.
“La tecnología también sirve para eficientar recursos. Si logramos llevar una parte teórica a plataformas digitales, liberamos aulas, crecemos matrícula y usamos mejor los espacios físicos”, explica.
Sin embargo, es enfático en que el futuro no pasa por una educación totalmente virtual para los jóvenes. “La universidad es mucho más que clases. Es socialización, convivencia, conflicto, aprendizaje de la vida en comunidad. Por eso creemos en modelos híbridos, no en la desaparición del campus”.
A cinco años del cierre del sexenio, Villanueva plantea metas concretas: crecer la cobertura de educación superior al 55 por ciento, crear cerca de un millón de nuevos espacios y adaptar las instituciones al ritmo de sus estudiantes.
“Tenemos que adaptarnos nosotros más a los jóvenes, y no seguir exigiendo que ellos se adapten a un modelo que ya quedó atrás”, resume.
Su visión del futuro educativo en México es clara: una educación más flexible, más justa, más conectada con la realidad tecnológica, pero sin perder su dimensión humanista. “La inteligencia artificial puede decirnos qué pensar, pero no cómo decidir. Para eso siguen siendo indispensables la ética, la filosofía, las humanidades”, advierte.
En un país que enfrenta desigualdades profundas, la educación superior —dice— no puede limitarse a formar empleados, sino ciudadanos capaces de comprender y transformar su entorno.
“La generación Netflix ya está aquí”, insiste. “Y el desafío no es tecnológico, es cultural. Si logramos entender cómo aprenden, cómo se informan y cómo viven nuestros jóvenes, la educación en México puede tener un futuro mucho más incluyente y poderoso. Si no, el rezago no será de ellos, será de las instituciones”.
Hoja de ruta
Abogado y doctor en Tecnología Educativa, Ricardo Villanueva Lomelí ha construido una trayectoria que cruza la gestión pública, la academia y la transformación institucional. Ha ocupado cargos clave en el ámbito universitario y gubernamental, y desde 2019 encabezó una de las etapas de mayor expansión y reforma de la Universidad de Guadalajara, con énfasis en el acceso universal, la innovación educativa, la sostenibilidad financiera y la autonomía institucional. Su trabajo ha sido reconocido a nivel nacional e internacional, y actualmente se desempeña como subsecretario de Educación Superior, desde donde impulsa una visión de la universidad pública orientada a la equidad, la pertinencia social y los retos del siglo XXI.
Salvador Medina
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Vanessa Medina Armienta
Especialista en políticas públicas, con más de 26 años de experiencia en el sector público y en organismos internacionales. Su trayectoria abarca la regulación, la educación superior y el diseño de proyectos estratégicos, con trabajo en los sectores bancario y legislativo. Es fundadora de Campus Consulting, donde impulsa estrategias para la transformación de la educación superior y el uso responsable de la inteligencia artificial en universidades. Es Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM y cuenta con una Maestría por la Universidad de Nottingham, Reino Unido.
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