La desigualdad social es un lastre que merma el potencial de las naciones; no obstante, esta ha sido meticulosamente diseñada para generar círculos viciosos, donde la población en general tiende a la pauperización; en contraste, se genera una mayor acumulación de riqueza, pero para unos pocos.
Dicho de otra forma, los ricos son cada vez más ricos, los pobres son cada vez más pobres. Estas desigualdades sociales atentan contra la democracia, la cultura, las libertades y los derechos civiles.
Como cada año, en el marco del Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, Suiza, la Confederación de Organizaciones no Gubernamentales Oxfam, presentó su informe anual sobre la desigualdad, revelando que los multimillonarios han acumulado una fortuna sin precedentes, mientras que una de cada cuatro personas en el mundo vive en un estado de inseguridad alimentaria.
En el informe titulado “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”, la activista keniana, Wanjira Wanjiru, asegura:
“La pobreza no es un estado natural. La han creado, la sostienen y la consolidan unos sistemas y Gobiernos que deciden quién prospera y quién sufre. No es fruto de la casualidad, sino de decisiones políticas”.
Así, la riqueza extrema deja de ser solo un dato económico y se convierte en una forma de poder estructural. Coopta regímenes fiscales permisivos y una captura progresiva y sistemáticamente a las instituciones públicas, plantea este informe.
En términos de pesos y centavos, ¿cuánto es mucho?, ¿cuánto es poco? Desde la década de 1990 se ha usado un parámetro para considerar a quienes viven en pobreza extrema: este era de un dólar al día; actualmente, si una persona tiene para su subsistencia 2 dólares diarios, se le considera en esta situación.
En dirección contraria —de acuerdo con este mismo informe— se cita el trabajo de la filósofa Ingrid Robeyns, quien considera que el límite de la riqueza extrema debería tener un techo de 10 millones de dólares. Esta cifra nos da un parámetro claro para ponderar la fortuna del hombre más rico del mundo, Elon Musk, quien se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior a los 500 mil millones de dólares”, o sea medio billón de billetes verdes.
Aquí, queremos ser claros y transparentes. Musk no es la causa del problema, pero sí su síntoma más visible. La concentración extrema de riqueza produce concentración de poder narrativo, político y tecnológico, lo cual amenaza el futuro colectivo. No es fortuito que este milmillonario haya adquirido la red social Twitter en 2022 y que el sector donde se desarrollan sus empresas sea la tecnología.
De acuerdo con Oxfam, “desde el año 2000, el 1 por ciento más rico ha capturado 41 centavos de cada dólar de nueva riqueza generada, mientras que la mitad más pobre de la humanidad ha recibido únicamente un centavo”.
El cuestionamiento crítico a esta desigualdad no tiene un propósito economista, sino ético, estético, de moral, dignidad y gobernanza. De acuerdo con el informe 2026 de Oxfam, la acumulación de la riqueza en manos de unos cuantos debilita las democracias, atenta contra los derechos y libertades civiles, y afecta el acceso a la educación, la salud y la cultura.
Además, crea una falsa narrativa de la meritocracia, escondiendo privilegios históricos que, en los hechos, se convierten en francos sobornos (lobby) que benefician únicamente a los que más tienen. Dicho de otro modo, los multimillonarios compran impunidad, poder político e influencia mediática, buscan poner las reglas del juego (las legislaciones a modo) que les facilitan la adquisición de más riqueza y por supuesto, conservar su influencia y poder.
“El dominio de los multimillonarios y los superricos sobre los medios de comunicación y la IA es cada vez mayor. Más de la mitad de los medios de comunicación más importantes del mundo son propiedad de multimillonarios, y tan solo seis multimillonarios dirigen nueve de las diez principales redes sociales del mundo. Ocho de las diez mayores empresas de IA (un sector estrechamente vinculado con el de los medios de comunicación) están dirigidas por multimillonarios, y tan solo tres de ellas controlan casi el 90 % del mercado de los chatbots con IA generativa”, advierte Oxfam.
En el devenir de la humanidad, son los vencedores quienes cuentan la historia, quienes generan las narrativas dominantes; pero datos como los que aporta este informe, nos dan un panorama claro para prever que son estas fortunas descomunales quienes también quieren monopolizar el futuro.
Un atentado contra la educación
En la actualidad, 2 mil 800 millones de personas en todo el mundo carecen de una vivienda adecuada, y mil 120 millones viven en barrios marginales y asentamientos informales. En países de renta baja, el 33 por ciento de los niños, niñas y jóvenes no tienen acceso a la educación.
Pese a que las tasas de alfabetización a nivel mundial han mejorado en las dos últimas décadas de manera global, en 2024 todavía había 754 millones de personas adultas analfabetas, de las cuales el 63 % eran mujeres.
La falta de inversión en la educación pública se refleja en la saturación de las aulas, menos personal docente y falta de material escolar. En 2022, los países de renta baja tan solo invirtieron 55 dólares estadounidenses por estudiante, frente a los 8 mil 543 dólares que invirtieron los países de renta alta, pondera en su informe, Oxfam.
Para todos, todo
El bienestar y el desarrollo tienen que ser colectivos; de lo contrario, no son más que un espejismo. Actualmente, el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial, tanto la agentiva como la generativa, coloca a la humanidad en un nuevo umbral donde el incremento de las brechas de desigualdad puede anclarse de forma irreversible.
La historia reciente de nuestro país y de otras naciones similares ha sido elocuente: la administración de la pobreza y la desigualdad diseñada solo ha granjeado la prosperidad de unos pocos, en detrimento del desarrollo de las mayorías.
En este sentido, es de la mayor pertinencia la pregunta que hace constantemente Oxfam en su informe de este año: ¿optamos por el poder de las mayorías o por el poder de las oligarquías? Es estructuralmente imposible tener ambas cosas a la vez. Al tiempo. Por lo pronto, aquí está nuestra voz, como rugiera la selva Lacandona el primero de enero de 1994: para todos, todo. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
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