Normalmente existen quejas sobre lo costoso que resulta la atención y tratamiento de cualquier enfermedad, fundamentalmente aquellas que pueden agravarse con el tiempo, de no ser atendidas de manera temprana. Entre ellas, y por mencionar algunos ejemplos; se encuentran la diabetes mellitus (tipo 1 y 2), el cáncer (mama, próstata, hueso, linfoide, etc.), las afecciones neurodegenerativas (Epilepsia, Alzheimer, Parkinson, traumatismos cerebro–medular, etc.), los problemas cardiovasculares (arteriosclerosis, hipertensión, etc.). Además, existen aquellas situaciones en las que se precisa del reemplazo total o parcial de algún tejido u órgano, ya que puede ocurrir que un familiar o conocido requiera un reemplazo de cadera, rodilla, disco cervical e incluso algo tan “simple” como una pieza dental, sin embargo; nunca se piensa en el costo que es necesario invertir para poder obtener el producto que ayudará a recuperar la salud.
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