Ante la apabullante intromisión de la robótica y la Inteligencia Artificial en todas las esferas del mundo natural, social, político y simbólico, las instituciones de educación superior mexicanas han adoptado una actitud positiva, aunque cautelosa, para impulsar la formación altamente especializada en IA. Desde una perspectiva crítica, al inquirir ¿educación en IA para qué?, se abre una disyuntiva que impactaría la estructura curricular y sus interconexiones con el modelo económico actual, así como la manera en que ésta altera los niveles individual, social, político, normativo y ecológico. Por cuestiones de espacio, aquí se presentará una gruesa cosmovisión de dicha disyuntiva.
Al observar el mundo desde el pragmatismo, el cual propone que lo que no es útil, no vale la pena ser investigado, puede comprenderse la visión del Norte Global (de los países ricos). Desde esa perspectiva, la formación universitaria esperada es de corte individualista-competitivo, sustentada en el principio del “talento nato” y teniendo como fin último la generación de ganancias bajo los principios de producir cada vez más y más, en el menor tiempo posible y al menor costo. Esta forma de producción también se conoce como extractivismo.
Por primera vez en el 2025, el extractivismo digital superó al material en ganancia neta anual global, es decir, se obtuvieron más ganancias de los bienes simbólicos que de los productos tangibles existentes en el mundo. Los productos simbólicos surgen del registro continuo y minucioso de numerosos atributos y acciones humanas (voz, rostro, huellas, genes, lenguaje, interacciones), las cuales están mediadas por una pantalla. Estas son vendidas junto con los biorritmos, el estado de salud, los desplazamientos, los productos consumidos, las posiciones sociopolíticas o “tribales” y las visitas a diferentes “sitios” y eventos en línea.
Los currículos escolares del modelo extractivista están encaminados hacia la empleabilidad y demandan una educación básica de alumnos que he denominado como “silentes obedientes”. A nivel superior se ofrece una educación especializante encaminada a lograr la competitividad disciplinar, una actitud acrítica hacia las decisiones de las autoridades y un eje de vida centrado en el trabajo. Se espera siempre que los empleados entreguen resultados más allá de lo que demandan las metas de productividad.
Una posición alternativa para educar es la del Sur Global, emanada de los países con menores recursos, principalmente en América Latina, cuyos representantes más significativos son Paulo Freire e Ivan Ilich. Desde esta perspectiva, se forma a los estudiantes para que aprendan a interrogar la realidad críticamente y contribuyan a impulsar el bienestar individual y colectivo. Se cuestiona quién define el conocimiento como válido, con qué fines y de qué manera está asociado al sostenimiento de las relaciones de poder. Es una formación para lograr una vida digna, para sí mismo y las comunidades inmediatas. También se procura el cuidado del territorio en que se habita y la justicia cognitiva.
La educación desde el Sur Global, una pedagogía transdisciplinar, que demanda la formulación de un nuevo Contrato Social y un nuevo modelo de desarrollo basado en la solidaridad y la convivencia. Se procura la interdependencia entre personas, culturas y naturaleza y tiene como fines últimos el bienestar humano y la sostenibilidad de la vida planetaria.
Desde la aproximación del Sur Global, los currículos incorporan los resultados del diálogo con las comunidades donde se ubican las universidades, a manera que los conocimientos científicos, tecnológicos, humanísticos y jurídicos dialoguen con los saberes locales, populares y los de las culturas originarias. ¿Resulta factible encaminar la IA hacia el mejoramiento de la convivencia humana y el cuidado del mundo tangible?

Yolanda Gayol
*Graduate Faculty Fellow en Fielding Graduate University y profesora visitante distinguida de la Universidad de Guadalajara. Este año ha sido nominada para recibir el premio al mejor libro de la Asociación de Investigación en Literacidad (LRA) del Reino Unido. El libro: Developing culturally and historically sensitive teacher education, en el cual es coeditora y coautora, fue publicado por Bloomsbury en septiembre de 2020.