Por mi compañera de vida Susana empecé a ir a Chihuahua desde hace ya más de treinta años, y en la capital del Estado Grande vivimos, sumando dos distintas y muy productivas etapas, casi dos lustros. Con una luminosidad única y deslumbrante a lo largo de su extensa y variada geografía, entendí desde un principio por qué ha sido particularmente pródigo en grandes artistas visuales, con una no menos comprensible preponderancia de fotógrafos locales y foráneos atraídos por esa orografía y ese resplandor sobrecogedores. Han podido ser de igual modo captores privilegiados de una riqueza cultural ––tangible e intangible–– no menos estimulante.
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