Prácticamente desde cualquier parte del mundo, cuando se piensa en México, se piensa en Juárez y en los Estados Unidos. Más recientemente, también en Frida Kahlo, Jorge Campos y Julio César Chávez, así como en la Cuarta Transformación y en el fenómeno del narcotráfico.
En el periodo conocido como la Reforma, hombres y mujeres emprendieron una gesta con la pluma y la lanza en ristre para restaurar una República aún en ciernes. Ese puñado de figuras sigue iluminando la vida pública de México.
Al consumarse la victoria sobre el imperio, así lo proclamaba el Benemérito:
“Mexicanos: hemos alcanzado el mayor bien que podíamos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra patria. Cooperemos todos para poder legarla a nuestros hijos en camino de prosperidad, amando y sosteniendo siempre nuestra independencia y nuestra libertad”, decía Benito Juárez.
Acabó con el llamado segundo imperio y el continente le llamó Benemérito. Justamente, un día como hoy, 4 de diciembre de 1860, el presidente Benito Juárez promulgó la Ley de Libertad de Cultos. Al año siguiente empezaba la invasión francesa.
La educación laica y la Ley Orgánica de 1867
Siete años después, con los franceses ya fuera del país, el 2 de diciembre de 1867, se promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública, concebida por Ignacio Ramírez, el Nigromante, y llevada a obra en su nivel medio superior por el positivista Gabino Barreda, quien dio vida a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), templo laico del saber llamado a formar las inteligencias que sostendrían a la República.
La ENP y la Universidad Nacional
La ENP fue la puerta que abrió paso a la constitución de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Nacional, fundada en 1910 por Justo Sierra durante el porfiriato. De la ENP egresaron próceres de la patria como José Vasconcelos, Antonio Caso, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña; es decir, los ateneístas que hicieron la Revolución como caudillos culturales.
También egresarían de la ENP mujeres como Matilde Montoya —la primera médica titulada de México en 1887— para forjar la emancipación intelectual de las mujeres mexicanas. Por otra parte, quizá por la distancia temporal, no alcanzamos a ponderar la importancia de la Ley de Libertad de Cultos, pues no sólo significó que la República asumiera una libertad de credo.
Sustraer el monopolio del clero
En su momento representó sustraer el monopolio de la vida civil al clero. Tal como se había planteado desde los primeros documentos insurgentes, era esta institución quien seguía —aún sin monarca— gobernando el país. En el ámbito educativo, con la Ley de Instrucción de 1867, la educación se hizo laica, obligatoria y gratuita.
Vasconcelos y la hazaña educativa
Lo anterior posibilitó que personas como Vasconcelos —fervorosamente católico— pudieran realizar una hazaña cívico-educativa. Para entender el contexto de ese tiempo, volvemos a las memorias de Juárez, quien recuerda que su educación primaria era “leer, escribir y aprender de memoria el catecismo del Padre Ripalda”.
Justo Sierra, quien durante el porfiriato creó la Universidad Nacional, recuerda algo similar a lo de Juárez, cuando desde la tribuna del Congreso decía: “De esas escuelas del tipo parroquial salíamos con verdadero aborrecimiento, no de los maestros que atenuaban con paternal bondad el sistema, sino del sistema mismo; la escuela así considerada es una prisión”.
De la Reforma a la Cuarta Transformación
Al recapitular sobre nuestras afirmaciones, en el contexto actual, recordamos que la Independencia se le conoce como la primera transformación de la vida pública, la Reforma como la segunda transformación, la Revolución como la tercera y, actualmente, atravesamos por la Cuarta Transformación.
Aquí, me permito subrayar un paralelismo interesante. Así como hace más de 150 años el Estado enfrentó al dogma eclesiástico, desde la administración pasada el Estado ha buscado enfrentar a un nuevo dogma: el del mercado.
Por lo anterior, se ha hecho eslogan o bandera el recuperar a la educación como un derecho y no como una mercancía, tal como ha reiterado la presidenta Claudia Sheinbaum.
En el tránsito del siglo XIX al XX, el país conoció nuevas idolatrías. El mercado comenzó a erigirse en dogma, pretendiendo regular por sí mismo la vida social, cultural y educativa de la nación. Se instaló la idea de que la libertad equivalía a “libertad de mercado”, y el neoliberalismo llegó a funcionar como una religión civil: con dogmas como “el mercado se autorregula”, rituales como la privatización o el impulso a la competencia; en fin, un culto que afirmaba el consumo como identidad. Todo lo anterior, con el impulso y paraguas de un imperio: Estados Unidos.
Nuevas transformaciones
Hay dos paralelismos más entre este diciembre y aquellos de la Reforma. ¿Toca a la puerta una nueva invasión armada o está en marcha de forma quirúrgica? Cuando Gabino Barreda creó la ENP, lo hizo bajo la premisa de crear “un fondo común de verdades de que todos partamos”. Hoy día, los 32 subsistemas de Educación Media Superior se unifican en el Bachillerato Nacional.
Los saberes locales que ahora se validan en la nueva generación de Libros de Texto Gratuitos son la vuelta de tuerca que hace girar la mano del Estado. Puede haber muchos esfuerzos particulares, pero es el Estado quien valida el “fondo común de verdades”. Es una nueva transformación.
Colofón
Ignacio Ramírez elaboró la Ley Orgánica de Instrucción Pública de 1867. Acostumbraba practicar la nigromancia, de ahí su mote: “El Nigromante”. También fue feminista ¡en el siglo XIX! Anticipó que la equidad de género en la educación no sólo dignificaba a las mujeres, sino que elevaba a toda la nación.
Finalmente, como afirmaba Juárez: “La instrucción pública es el fundamento de la felicidad social”. Solo así, las y los ciudadanos pueden enfrentar, con conocimiento de causa, las hegemonías que buscan imponerse en el orbe. Hasta otra. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas


