A través de una mirada crítica y comprometida desde la sociología política, abordando los modelos democráticos, su evolución histórica, los desafíos actuales, y el papel de las universidades públicas en su fortalecimiento, el doctor Enrique Cuna Pérez, investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa, compartió su visión ante la celebración del Día Internacional de la Democracia.
Desde la sociología política, la democracia se concibe como un tipo de régimen político que establece las condiciones de relación entre el gobierno y su población, así como la forma de elegir a las autoridades del gobierno, afirmó el investigador del Departamento de Sociología.
Esta efeméride, instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en 2007, tiene como propósito subrayar la relevancia de los principios democráticos en todo el mundo y recordar que la libertad, el respeto a los derechos humanos y la celebración de elecciones auténticas son pilares esenciales para que los pueblos puedan decidir libremente sus sistemas políticos, económicos, sociales y culturales.
El especialista insistió en que, aunque existen múltiples definiciones del concepto democrático, “desde una perspectiva politológica y sociológica, esta se reduce a una forma institucional de ejercer el poder con base en representatividad, competencia y funcionamiento. En este sentido, la democracia liberal es el modelo más difundido, basado en derechos políticos organizados institucionalmente, cuyo objetivo es garantizar la rotación del poder y el ejercicio legítimo de gobierno”.
No obstante, criticó las visiones reduccionistas que limitan la democracia a lo electoral. “Elegir representantes no garantiza la resolución de las problemáticas cotidianas de la población, por lo que propone pensar en términos de una democracia integral. Esta incluiría no sólo derechos políticos, sino también económicos y sociales, generando beneficios tangibles en la calidad de vida de los ciudadanos.
“La democracia como régimen no tiene la obligación de eliminar la pobreza o asegurar condiciones laborales óptimas, pero sí debe ser el marco en el que se puedan disputar esas demandas legítimas. De ahí la necesidad de perfeccionar sus mecanismos de funcionamiento, su vigilancia, y sobre todo, ampliar los derechos y capacidades ciudadanas”, puntualizó.
En cuanto al panorama democrático de México, el doctor Cuna Pérez enfatizó, “sí existe democracia. México cuenta con trayectorias institucionales normadas para el cambio de gobierno, competencia electoral legítima, reconocimiento de resultados por parte de actores políticos, y el ejercicio de libertades públicas.
Sin embargo, hay una creciente insatisfacción de la ciudadanía con el sistema, que se ha venido trasladando desde la esfera económica hacia la esfera política. Muchas personas esperan que el régimen democrático ofrezca soluciones materiales inmediatas, y al no ver satisfechas sus demandas, cuestionan su utilidad”.
Los estudios de opinión como el Latinobarómetro revelan una disminución progresiva en el apoyo a la democracia y un incremento en la insatisfacción, especialmente en América Latina, ya que cerca del 30 por ciento de los encuestados en la región dice no estar interesado en el tipo de régimen político siempre y cuando se mejoren sus condiciones económicas.
Esta postura indica una desvinculación preocupante entre participación política y expectativa de bienestar, lo que representa un reto estructural para los sistemas democráticos, consideró.
Universidades públicas: conciencia crítica y formación ciudadana
Respecto del papel de las universidades públicas, defendió su función como centros de formación humanista, pensamiento crítico y conciencia ciudadana. “La UAM, y en especial la Unidad Iztapalapa, ha estado involucrada activamente durante más de tres décadas en la construcción del pensamiento democrático, mediante publicaciones, investigaciones, debates y actividades académicas desde su Centro de Estudios sobre la Democracia”.
Esta labor, dijo, “ha permitido formar generaciones de estudiantes que hoy se desempeñan como docentes, funcionarios públicos, líderes políticos y promotores sociales”.
El compromiso de la UAM no solo se limita a lo académico, el verdadero impacto de la universidad radica en su capacidad de formar humanos críticos, que en sus diferentes campos de acción diseminan la visión democrática desde las aulas hacia la sociedad.
Por ello, es necesario fortalecer su presencia en espacios de discusión pública y mejorar la difusión de su trabajo en los medios y con la ciudadanía. “La UAM debe participar activamente en el debate nacional sobre el devenir democrático, sin temor a repetir sus postulados: la democracia necesita ser defendida una y otra vez”.
Juventud, redes sociales y nuevos desafíos democráticos
En relación con la juventud y el papel de los medios digitales, subrayó que los jóvenes han demostrado mayor activismo político, especialmente a través de las redes sociales. Sin embargo, estas plataformas, lejos de ser espacios ideales de deliberación política, han reproducido los viejos vicios de la sociedad: intolerancia, polarización, violencia simbólica y desinformación.
“La infodemia, representa un obstáculo para la formación democrática. Por ello, hay que dejar de mitificar las redes sociales y analizarlas desde una perspectiva crítica que permita entender su impacto real en la cultura cívica”, apuntó.
Destacó que no sólo los jóvenes deben ser considerados en las estrategias de participación democrática. “Hay sectores adultos y adultos mayores que han ido alejándose de la política por desencanto, apatía o falta de resultados. El fortalecimiento de la democracia debe incluir a todos los actores sociales, y las instituciones deben impulsar modelos que los reencanten con el ejercicio público. La democracia no es una garantía automática, sino una construcción permanente”.
Por último, Cuna Pérez identificó tres etapas fundamentales en la evolución de la democracia en México. “La primera fue la reforma política de los años setenta, derivada de la movilización estudiantil de 1968, que permitió la incorporación de nuevos actores a la competencia electoral, desplazando la lucha armada hacia canales institucionales”.
La segunda, la organización ciudadana provocada por el sismo de 1985, que consolidó una conciencia social más crítica y exigente, y la tercera el proceso de alternancia política iniciado en el año 2000, cuando por primera vez un partido cedió el poder institucionalmente. “Este trayecto culmina en la actualidad con la presencia de Morena en el gobierno, marcando no solo un cambio de partido, sino un verdadero cambio de régimen, en el que nuevas élites, incluso con perfiles antes excluidos, como indígenas en puestos clave, han transformado la dinámica del poder”.
Aunque la democracia mexicana enfrenta retos, no está en peligro de desaparecer. “No existe un modelo alternativo viable, pero sí hay caminos para perfeccionarla. El desafío central está en formar ciudadanía crítica, consolidar institucionalidad responsable y garantizar la apertura de espacios para el pensamiento plural. La democracia es un verbo colectivo, una práctica constante que exige compromiso ético y participación”.
Esta reflexión no solo representa una contribución académica, sino un llamado a la acción. “No importa que no digamos nada nuevo. Lo que importa es que lo sigamos diciendo, una y otra y otra vez: la democracia debe ser defendida desde todos los frentes”, concluyó.
Alejandro Espinoza Sánchez