Después de 30 años de expansión desaforada, la evaluación, académica o institucional, está en crisis. Lo es por falta de combatientes. Casi nadie está hoy dispuesto a agotarse durante días o semanas evaluando “por encimita” y “al vapor” expedientes o productos, en condiciones de extrema presión por tiempo o cantidad. Eso cuanto más que evaluar no genera para los que aceptan hacerlo retribución alguna (ni siquiera una constancia a veces) ni reciprocidad de trato con quiénes la piden. En consecuencia, varios dispositivos de evaluación están ya pasmados. Ejemplos: la integración de los equipos o comisiones dictaminadoras se ha vuelto una misión que colinda con lo imposible. La publicación oportuna de los números por parte de las revistas indexadas se atrasa porque esas no logran finalizar los procesos de dictaminación, en los plazos programados y con los criterios establecidos.
Únete ahora







