Punto de no retorno
Este capítulo será una advertencia. Se trata de una especie de marco teórico que servirá para todo lo que viene y una explicación de por qué elijo el existencialismo como referencia para todo lo que viene. La principal razón es clara: porque me parece la disciplina más humana que hay. No tiene otra atadura que la naturaleza humana. El problema es que las otras filosofías, cualesquiera que sean, se desvían justamente de esto.
Para empezar, Jean Paul Sarte dice que “El Hombre empieza por no ser nada. No hay naturaleza humana porque no hay Dios para concebirla”. En mi opinión, ese es un gran punto de partida para cualquier debate y, sobre todo, para decidir qué diablos vamos a hacer para evitar el abismo. Más en días como estos donde la estupidez es el estándar. Es más: es a lo que se aspira. La idiotez colectiva.
Aquí, en esta serie de textos, mi misión es diagnosticar cómo llegamos aquí y, a partir de ello, cómo salir. Entender todo dentro del marco del existencialismo permite hablar de cualquier cosa: no hay dogmas, no hay restricciones, no hay lugares comunes, ni mucho menos tabúes.
“El Hombre es el único que no sólo es tal como se concibe, sino tal como se quiere, y como se concibe después de la existencia”. Ergo, aquí caben todos. Pero más importante, hay espacio para lo que más escasea hoy en día: el sentido común.
Partir de la noción de imaginar la humanidad como una sociedad que se define por sí misma, no por seres imaginarios que aparecen en regiones incultas de la Tierra y que determinan, a partir del pánico colectivo y el miedo a lo desconocido, las acciones de un grupo de seres que se autonombraron como superiores, es una gran manera de estar abierto a todo. Al Otro.
Algo excepcional de la literatura griega es ver el rencor con el que los dioses observan a la humanidad. Es justo la mortalidad lo que les distingue. La finitud de la vida me parece tan extraordinaria como abrumadora. Por eso, definir leyes, reglas, parámetros o lo que sea, a partir del miedo a estar solo, a lo desconocido, es un despropósito.
Lo que necesitamos es actuar ahora, no apelar a las huestes de ignorantes que se separan por el hombre imaginario en el que creen.
Yuval Noah Harari dice, y coincido, que aunque la gente asegura que la humanidad pelea por recursos, territorios y comida, como los chimpancés y leones, eso es una mentira: los humanos peleamos por historias imaginarias en nuestra cabeza.
“El conflicto del Medio Oriente no es realmente sobre un territorio. Objetivamente, hay suficiente tierra entre el Mediterráneo y el Río Jordán para construir casa, escuelas y hospitales para todos. No hay escasez objetiva de tierra ni de comida. ¿Por qué la gente lucha? Lo hace a causa de historias imaginarias en su mente”.
Y esto es absolutamente cierto. Hoy en día existen suficientes recursos para todos. Pero el culto a las utilidades y a las creencias ha destruido cualquier vestigio de equidad. De ahí que la idea de pensar y concebir un mundo más justo, sea una idea elusiva pero quizás posible. Mientras haya un vestigio de posibilidad, escribir será una herramienta para exponer la ignorancia del pasado e imaginar la posibilidad del futuro.
Partimos, entonces, con la idea de dejar la concepción de un dios atrás. Quizás entonces, podamos escapar el determinismo que ello implica. “Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre”.
Si algo nos ha detenido como especie, son las ataduras: a los prejuicios, a las preconcepciones, a la consciente ignorancia.
Cada capítulo de aquí en adelante partirá de eso concepto: todo puede cuestionarse. Si estamos en este caos, es porque hemos decidido ignorar la verdad y escoger lo que calma el alma. El bálsamo de la colectividad.
Al diablo con eso. Lo que nos toca es salvar el mundo. O al menos dejar un mapa para la siguiente generación.
A eso vamos

Salvador Medina
- Salvador Medina
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