La solicitud de Café Tacvba para retirar su catálogo de Spotify volvió a colocar en el centro del debate el modelo económico y ético de las plataformas de streaming. La banda mexicana argumentó su decisión por las bajas regalías que reciben las y los músicos, así como por el uso que la empresa hace de sus ingresos en proyectos vinculados con conflictos bélicos.
¿Quién gana y quién pierde en la música digital?
Tras el anuncio, Spotify respondió que su plataforma no financia directamente guerras y que las inversiones personales de sus directivos no representan las decisiones corporativas de la empresa. Aun así, la polémica encendió una discusión más amplia sobre quién gana y quién pierde en la economía digital de la música.
Para el Dr. Kiyoshi Osawa Bueno, ingeniero de audio, músico y académico de la Universidad Iberoamericana, es importante separar dos planos: las prácticas empresariales de la plataforma y las decisiones personales de sus inversionistas. “El problema no es solo una plataforma, sino el modelo completo de la industria musical digital y la forma en que se reparte el dinero”, señaló.
El también ganador de un Ariel al mejor sonido por su colaboración en el largometraje Güeros (2014), recordó que no es la primera vez que artistas retiran su música de plataformas digitales, ya sea por razones políticas o por inconformidad con el reparto de regalías. Sin embargo, advirtió que Spotify sigue siendo hoy el actor dominante en la industria: concentra cientos de millones de usuarios y una capacidad de visibilidad que ninguna otra plataforma ha logrado igualar.
Regalías bajas y nuevas reglas del juego
Osawa explicó que el modelo de negocio del streaming beneficia a la industria en su conjunto, pero no necesariamente a las y los artistas, especialmente a quienes trabajan de manera independiente y en países del sur global, donde las regalías son menores. A ello se suma un cambio reciente en la forma de repartir ingresos, al incluir audiolibros y pódcasts en el cálculo global de reproducciones, lo que ha reducido el pago promedio a músicos.
Otro frente de preocupación es el uso de inteligencia artificial en la música. Aunque Spotify asegura que la música generada por IA debe estar identificada, existen reportes de listas de reproducción saturadas con contenidos que no generan regalías y compiten directamente con creaciones humanas.
Frente a este panorama, el académico subrayó la importancia de que las nuevas generaciones comprendan cómo funciona realmente la industria musical y desarrollen herramientas para crear, producir y gestionar proyectos propios.
Aprende sobre producción sonora y distribución en la IBERO
En ese sentido, destacó que la IBERO cuenta con espacios formativos y asignaturas especializadas en producción musical e industria de la música, donde las y los estudiantes aprenden desde la creación sonora hasta el registro, distribución y promoción de sus obras en plataformas digitales. “Hoy, subir una canción es apenas el inicio: entender el ecosistema es clave para que un proyecto musical pueda sostenerse”, concluyó.
Además de su labor académica, el profesor Kiyoshi Osawa desarrolla un proyecto musical propio en plataformas digitales, donde combina exploración sonora y rigor técnico (lo puedes escuchar aquí). Su propuesta refleja la convergencia entre práctica artística y conocimiento del ecosistema musical contemporáneo que también impulsa en la formación de estudiantes de la IBERO.