La política interna estadunidense, las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos y la historia y control migratorio en el país vecino del norte fueron analizados a profundidad durante la jornada académica “Entender Estados Unidos, elementos desde la historia”, organizada por el Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana.
En el encuentro, inaugurado por Laura Camila Ramírez, Directora del Departamento, ofrecieron ponencias especialistas en el tema: de la IBERO, Pía Taracena, Guadalupe Ruiz, Armando Azúa, Ignacio Anaya; de la UNAM, Mariana Aparicio y Irina Córdoba; Erika Pani (Colegio de México); yAbraham Trejo (UAM-X), quienes ofrecieron un análisis crítico sobre los efectos históricos y contemporáneos del gobierno de Donald Trump.
Mariana Aparicio abordó la estrategia económica de Trump como una prolongación, aunque radicalizada, de prácticas históricas estadounidenses. Recordó que, desde la Política de puertas abiertas de 1916 hasta el Plan Marshall de 1948, Estados Unidos ha utilizado el poder económico como una herramienta diplomática. En este sentido, el enfoque proteccionista de Trump no es nuevo, pero sí disruptivo en su forma.
Con el lema “America First”, Trump promovió aranceles «recíprocos», la renegociación de tratados comerciales y una drástica reducción de fondos para agencias como USAID. Para Aparicio, esta política refleja una visión que privilegia la seguridad nacional sobre la cooperación global, lo que ha generado tensiones internacionales significativas.
“El conflicto comercial con China y las fricciones con México no solo deterioraron relaciones bilaterales, sino que provocaron incertidumbre económica con posibles efectos recesivos”, advirtió la historiadora.
Por su parte, Erika Pani examinó cómo el marco constitucional estadounidense ha sido puesto a prueba durante el mandato de Trump. Destacó que la Constitución de 1787, considerada una obra fundacional, también tiene límites estructurales frente a dinámicas contemporáneas de poder.
Subrayó que la Suprema Corte, de mayoría conservadora, ha respaldado nociones amplias de inmunidad presidencial, incluso después del asalto al Capitolio en 2021. “La expansión del poder ejecutivo bajo Trump se ha visto acompañada de un discurso anti-establishment que socava la legitimidad de jueces, universidades y otras instituciones”, señaló Pani.
Ambas especialistas coincidieron en que el periodo Trump representa una fractura en la hegemonía global estadounidense. “China emerge como contrapeso estratégico, mientras se debilita el dólar como moneda de reserva mundial, algo que incluso Vladimir Putin ha señalado”, comentó Aparicio.
Además, destacaron el creciente protagonismo de actores no estatales —como lobbies agroindustriales, corporaciones tecnológicas y movimientos sociales— en la configuración de la política exterior estadounidense.
México, enfatizaron, ocupa un lugar central en esta reconfiguración. Las tensiones por el tráfico de armas, las presiones migratorias y las amenazas comerciales han convertido la relación bilateral en un terreno constante de disputas legales y económicas.







