Para Tihui Gutiérrez
El 27 de noviembre de 2024 falleció Claudio Isaac (nacido en la ciudad de México el 15 de abril de 1957), actor en su infancia, escritor, cineasta, guionista, documentalista, artista plástico y un ser humano extraordinario que consiguió conquistar al ogro Luis Buñuel, quien no aceptaba niños cerca de él, con excepción de Claudio, hijo del nadador olímpico, cineasta, caricaturista y ceramista Alberto Isaac y de la escenógrafa, bailarina, directora de arte cinematográfico y artista plástica, Lucero Rueda. De ambos, Claudio heredó y cultivó las vetas que desarrolló en su carrera artística. En los últimos veinte años, su compañera fue Tihui Gutiérrez, primera bailarina de la Compañía Nacional de Danza de México, donde hoy es maestra de nuevas generaciones. Digo que fue su compañera, pero debo decir que lo sigue siendo y que lo acompañó hasta el último instante de su lucha por seguir viviendo.
Al acercarse la fecha del primer aniversario luctuoso de Claudio, mi amigo fraterno por más de 25 años, mi hermano mayor, escribo estas líneas sólo para dar paso a su voz (en este caso su letra) de algunos de los muchos mensajes que compartimos (bastantes de los cuales hoy están perdidos en la nube), que suelo releer con frecuencia para confirmar que ahí está vivo y pleno en su generosidad, su sapiencia, su enorme cultura y su entrañable fraternidad.
Por pudor y respeto, evito las expresiones más generosas e íntimas de nuestros intercambios y lo dejo hablar, para admirar su sensibilidad y su inteligencia.
25 de agosto de 2018
Querido Juan: Como escritor y como autor de pinturas o películas me he acogido siempre a una de las cuantas cosas que retuve de la clase de geometría: que con dos puntos se puede trazar una línea recta y que con tres ya se puede incluso comenzar a dibujar una línea curva. Se me ocurrió llevar esa noción a la de las posibles interpretaciones de un libro, sus lecturas: con que dos personas (que no sean tu esposa o tu abuela) coincidan con tu propia visión de la obra, de lo que quisiste decir, se puede ya afirmar que tu intención quedó plasmada, aunque millones de otros no lo vean igual (y qué bueno que sea así). Un gran abrazo. Claudio.
5 de noviembre de 2020
Querido Juan: Ya que me has dicho que durante un buen tiempo lo que leíste de Stefan Zweig fueron sus biografías, te planteo una especulación. En 1937, Joseph Roth publica La noche mil dos, donde aparece un personaje vivaz e inquietante: Fouché. Hay una escena donde Napoleón hace un berrinche y arroja un crucifijo que se estrella en el suelo. Acto seguido entra Fouché al despacho y clava la mirada en el objeto roto, logrando incomodar y hasta intimidar al Emperador. Me pregunto qué tanta influencia pudo haber tenido el Fouché: El genio tenebroso de Zweig (de 1929), que a ti te parece la mejor biografía por él escrita, en el retrato tan eficaz de Roth. No he leído el libro de Zweig, y no he encontrado rastro de esto en las cartas entre los dos autores. Abrazo. Claudio
6 de noviembre de 2020
Juan querido: Algo que no te precisé ayer: leí a Zweig, al igual que tú, hace ya mucho. Joven, casi adolescente. Pero recuerdo incluso la edición, cómoda y económica, en Porrúa, de </>Carta de una desconocida, que incluye también Veinticuatro horas en la vida de una mujer y Confusión de sentimientos. Además de la literatura, de la lectura en sí, me gusta el entusiasmo compartido hacia un autor, eso que nos une como lectores. Te confieso que la fotografía de los cadáveres de Zweig y su amante en el lecho me ha producido un daño profundo desde que la vi. La tengo guardada dentro de un libro y procuro no verla; de hecho, no hace falta verla, pues no se me borra de la mente, con todas las implicaciones morales de un hombre que pierde la creencia en el futuro. Terrible. Abrazo. Claudio.
18 de enero de 2021
Querido Juan: Se ve que no has abierto tu teléfono celular y te felicito por ello, pero te aviso por este medio lo que te avisé por la mañana en un recado al celular: ya nos dieron de alta [Claudio y Tihui enfermaron de Covid-19 y estuvieron bastante mal cuando los tanques de oxígeno escaseaban] y sé que lo festejarás. Un abrazo con mi gratitud y afecto. Claudio.
25 de febrero de 2021
Querido Juan: Lo que dices me lleva a concluir que un primer paso para llegar a ser una buena persona (que esa ambición, por más imprecisa y subjetiva que sea, es deseable) sería reconocerse como “no bueno” y en tal caso “en proceso”. Sé que es una meta peligrosa, pero definirse en términos de “estar en proceso” quizás sirva como remedio a la tentación de la superioridad moral sin renunciar a la idea de llegar a ser bueno, cosa que fácilmente puede conducir al cinismo o la frivolidad más tóxica. Abrazo grande. Claudio.
19 de junio de 2021
Querido Juan: Qué grato y conmovedor recibir tu afectuoso mensaje. Creo que, al igual que en tu caso, se me han ido acumulando sobre los hombros una serie de aflicciones que tienen que ver con órdenes exteriores pero que alteran el día a día más íntimo. Desde aquello que angustia a Greta Thunberg hasta las piedras en el camino que el paisaje nacional nos descubre cada mañana. Los signos producen un desasosiego que recorre desde lo instintivo más básico hasta lo más alambicadamente racional. Ando viendo cómo capotear todo eso sin que me altere de más, es decir: tratando de vivir la vida, sabiendo que en algún momento eso no será suficiente para mantener la dignidad y habrá que expresarse, tomar una postura activa, reventar hacia afuera. Tengo trabajo aún y, por lo mismo, un ingreso, pero debo confesarte que siento una cuenta contrarreloj y que debo ingeniarme pronto nuevos panoramas para la subsistencia. Entiendo que tú estás resolviendo dudas y conflictos parecidos. Habremos de ponernos al día.
El 4 de septiembre de 2024, luego de prolongados silencios, a las 8:20 Claudio me escribió: “Juan querido: no he respondido porque he estado hospitalizado. Ya me comunicaré”. Exactamente un mes después, el 4 de octubre, por la noche, le escribí: “Hermano querido: ya dejé pasar mucho tiempo, para no ser imprudente, pero quiero saber cómo estás. Abrazo fraterno”. Al día siguiente, por la mañana, me respondió: “Abrazo. Sigo en el hospital porque me están monitoreando. Ya me comunicaré pronto. Gracias por estar atento. Gracias mil”.
Fue la última vez que nos comunicamos. Ya en terapia intensiva, pude saber de él gracias a Tihui, acerca de la gran lucha que estaba librando (agonizar es luchar, pelear, combatir) contra el cáncer que lo venció, no sin oponer él su gran resistencia y sus enormes ganas de vivir, el 27 de noviembre de 2024. Al releerlo, siento que seguimos conversando.

Juan Domingo Argüelles
Poeta y ensayista, lexicógrafo y editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus últimos libros son <i>¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español</i> (Océano, 2021), <i>El vicio de leer: Contra el fanatismo moralista y en defensa del placer del conocimiento</i> (Laberinto, segunda edición, 2022), <i>Más malas lenguas</i> (Océano, 2023) y <i>Epitafios</i> (Laberinto Ediciones, 2024). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo; en 2024, el INAH y el Gobierno del Estado de Quintana Roo reconocieron su obra y trayectoria en el marco de la edición 35 de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, y en noviembre de 2025 el Gobierno del Estado de Chihuahua le concedió la Medalla Wikaráame al Mérito Literario en las Lenguas de América.
- Juan Domingo Argüelles
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