Los tendederos son una herramienta política de carácter subversivo que se ha utilizado frente a la falta de respuesta institucional ante casos de violencia, acoso y abuso. Sin embargo, en el ámbito universitario es importante reconocer los avances alcanzados en los mecanismos formales de atención, coincidieron especialistas en el conversatorio Voces y espacios, denuncia social y controversia de los tendederos universitarios, realizado en la Unidad Iztapalapa en el marco de las Jornadas por los 10 años de la Defensoría de los Derechos Universitarios (DDU) de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La licenciada María del Socorro Damián Escobar, titular de la Unidad para la Atención de la Violencia de Género, explicó que este tipo de expresión, como proyecto participativo feminista, representan “un cuestionamiento a las formas tradicionales de pensar la denuncia”. Recordó el trabajo de la artista Mónica Mayer en los años setenta del siglo pasado, pionera en visibilizar las violencias que solían mantenerse en silencio, al proponer el tendedero como una estrategia política de intervención.
Indicó que estas expresiones se fortalecieron en 2019 y 2020, cuando mujeres de universidades denunciaron de manera pública la falta de atención a la violencia de género. A partir de entonces, la práctica se extendió a planteles de educación media superior y secundaria, espacios donde aún no existen protocolos de atención.
Para Damián Escobar, el tendedero constituye un mapa colectivo de violencias, en el que se expresan experiencias de acoso, hostigamiento, abuso y violencia laboral o docente. Exhibir a los agresores, dijo, es una forma de reclamar un espacio de voz y reconocimiento que históricamente se ha negado a las mujeres.
No obstante, advirtió que esta práctica tiene límites, pues “en la UAM ya contamos con un protocolo y con instancias de atención”. La tarea actual, añadió, es fortalecer los mecanismos institucionales para garantizar el debido proceso y los derechos de todas las personas involucradas.
La doctora Iris Rocío Santillán Ramírez, investigadora del Departamento de Derecho de la Unidad Azcapotzalco, consideró que los tendederos pueden ser legítimos, pero subrayó la relevancia de seguir procedimientos formales. “Si las autoridades no garantizan el derecho a vivir sin violencia, entonces entra la Defensoría de los Derechos Universitarios (DDU)”, afirmó.
La especialista puntualizó que la Universidad tiene la obligación de fomentar ciudadanía; es decir, que la comunidad conozca sus derechos y obligaciones y recurra a las rutas institucionales. “Pero si después de seguirlas no hay respuesta, acompañaré a escrachar, porque debemos exigir nuestros derechos”, sostuvo.
Gonzi Ugarte García, estudiante de la Licenciatura en Administración en Iztapalapa, apuntó que aunque existen protocolos y políticas de atención, “a veces se quedan en el papel y la realidad es distinta”.
La doctora Martha Walkyria Torres, titular de la DDU, subrayó que la Defensoría actúa bajo los principios de presunción de inocencia y pro persona, pero agregó uno más: la indignación. “Cuando cualquier vulneración a un derecho universitario nos indigne, aun cuando no nos afecte de manera directa, avanzaremos en la construcción de una cultura de paz”, precisó.
Reconoció que la Universidad vive un proceso de cambio institucional “a veces lento y resistido”, en el que los tendederos cumplen la función de señalar y guiar las transformaciones necesarias.
Al inaugurar las jornadas por el décimo aniversario de la DDU, la doctora Verónica Medina Bañuelos, rectora de la Unidad Iztapalapa, destacó que esta conmemoración representa el reconocimiento de una historia colectiva. “La Defensoría se ha consolidado como una instancia imprescindible para la vida universitaria, fruto de diálogos, acuerdos y también desacuerdos”, resaltó.
Añadió que en estos diez años la DDU ha fortalecido la cultura del respeto y el cuidado mutuo dentro de la comunidad universitaria, manteniendo su misión de promover la cultura de paz, difundir los derechos universitarios, atender quejas, emitir recomendaciones y sistematizar información sobre las violencias que aún persisten.
Confió en que esta celebración reafirme el compromiso de la Defensoría y de la Unidad Iztapalapa con la construcción de espacios pacíficos y respetuosos de los derechos humanos dentro de la UAM.
María Teresa Cedillo Nolasco