A razón del Censo Nacional de Población y Vivienda 2020, recordamos los inicios de la modernidad de este tipo de estudios en México.
Zambullirse en las aguas del Censo Nacional de Población y Vivienda 2020 (aunque sólo fuese hasta la cintura) suscitó una enorme curiosidad en el autor de estas líneas. Entonces, con audacia, quise ‘mojarme’ un poco más arriba y me fui hasta 1895. Ese año se levantó el Censo General de la República Mexicana, el primero en la historia del país. En sentido estricto hay quien aduce que no tiene tal primicia, ya que desde el virreinato y aún en el México independiente del siglo XIX, con distintas denominaciones, se hicieron conteos de población por regiones, provincias y comarcas. Si, tienen razón e inclusive hay fracasos memorables. El más sonado, el de 1829. La Constitución de 1824, en su artículo 12, prescribió que, cinco años después de la promulgación de nuestra primera Carta Magna, debería realizarse un censo en toda la naciente República. No hubo nada, los tiempos no estaban para censos ni muchas otras cosas.
El antecedente directo para el Censo de 1895 se sitúa en 1881, cuando el general Carlos Pacheco (ilustre chihuahuense), ministro de Fomento, reconoce la necesidad de emprender una acción como esa, dejando el terreno listo para que en 1882, bajo la presidencia de la República de Manuel González, se fundase la Dirección General de Estadística, responsabilizándola por dicho trabajo. Al frente de esa empresa de romanos se nombró a Antonio Peñafiel, médico y polígrafo que, aparte de haber sido diputado, escribió varias obras que van desde las aguas potables de la Ciudad de México hasta el estudio de Teotihuacán o los monumentos artísticos de México, entre otros. Peñafiel estuvo al frente de una oficina cuya encomienda era: “que se encargue de poder compilar, clasificar y publicar periódicamente, por cuadros comparativos, todos los datos concernientes a este ramo”. Para enfrentar la colosal tarea del Censo, Peñafiel contaba con tres oficiales, cuatro escribientes, un conserje y un mozo, un total de nueve colaboradores. El costo de la oficina, incluyendo sueldos, así como “gastos menores y de oficio”, daba un total de 12,580 pesos al año, tal como lo anunciaba el decreto que le dio vida.
En tres años Peñafiel preparó todo para levantar la información en la República. Luego, su oficina requirió casi cuatro años más para procesar todo ese cúmulo de datos. Finalmente, en 1899 se publicó, en calidad de resumen, un volumen de 251 páginas con el título de Censo General de la República Mexicana. El contenido del Censo se expresaba en 18 diferentes campos de información, cada uno con 12 rubros distintos, en promedio. El doctor Peñafiel se quedó 28 años en el puesto, alcanzando a dirigir los dos siguientes Censos Generales: el de 1900 y el de 1910.
La riqueza informativa del Censo es enorme. Aquí me refiero sólo a dos aspectos que me llamaron poderosamente la atención, dentro de los más de 12 millones de mexicanos que arrojaban los datos:
- Población por entidad federativa: resulta que la más poblada no era el Distrito Federal, antes estaban las siguientes: Jalisco (1,094 millones); Guanajuato (1,047 millones), Puebla (984 mil), Michoacán (887 mil), Oaxaca (872 mil), Veracruz (854 mil), San Luis Potosí (562 mil), Hidalgo (505 mil), D. F. (468 mil). Sí, contó usted bien, el D. F. tenía el lugar nueve en la población de las entidades federativas.
- Algunas ocupaciones de la población. a) Estudiantes (28 mil, de ellos, 7,140 mujeres); b) profesores (12,600, con 6,400 mujeres); c) población con instrucción elemental (saber leer y escribir, 1,782 millones, de ellos sólo 718 mil mujeres); d) población sin instrucción elemental (8 millones, de ellos, 4,2 mujeres y 3,8 de hombres); e) médicos (2,185 con 7 mujeres); f) ingenieros (1,860); g) sacerdotes (3,270); h) notarios (411); i) empleados públicos (26 mil, 151 mujeres); j) zapateros (46 mil).
Conclusión: el Censo es un instrumento fundamental de las políticas públicas. Un dispositivo, como el puntero rojo de la brújula que señala en qué sitio exacto está ubicado quien la consulta. Será decisión del portador hacia adónde quiere ir. Si el censo se ha realizado adecuadamente, diría Perogrullo, resulta confiable. Pero siempre será sólo eso: un instrumento. Lucas Alamán, quien publica uno de aquellos conteos parciales (el de 1831), le atribuía una importancia fundamental a ese instrumento, afirmando: “la base de un gobierno económico debe ser una estadística exacta”. La frase era válida hace casi 200 años y lo es ahora. No hay censos conservadores ni liberales, lo esencial es que estén bien hechos.
(Buena parte de la información utilizada proviene del libro: a) 125 años de la Dirección General de Estadística 1882-2007, INEGI, México 2007; b) Censo General de la República Mexicana. Dirección General de Estadística, Ministerio de Fomento, 1899.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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