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La pandemia, la universidad y lo que sigue

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La contingencia ha puesto a las instituciones universitarias en un escenario en el que será indispensable evolucionar

La pandemia ha tenido un impacto fuerte sobre las universidades. Ha afectado las tres funciones por el cierre de las instalaciones. En materia docente, las universidades reaccionaron por vía  de educación remota para que los estudiantes no perdieran los semestres. Como la pandemia se ha prolongado, entonces, los planes son fortalecer la educación a distancia. Ahora se planea cómo integrar la docencia hibrida (presencial y a distancia) para que los jóvenes se mantengan aprendiendo y no se pierda su contacto con las instituciones. Se hace un esfuerzo para mantener la matrícula y se prepara cómo enfrentar su crecimiento frente a un probable aumento de la demanda escolar.

De muchas fuentes acreditadas, se indica que la pandemia va a durar todo este año (2021). Por lo pronto, el período decembrino de 2020 puso de nuevo en rojo el semáforo del covid, en buena parte del territorio. ¡Qué nadie salga de su casa! El que salga tiene que usar cubrebocas y careta, manteniendo la sana distancia. Pero, es preferible quedarse confinado y lavarse las manos muchas veces al día.

¿Y cómo estudiamos en casa? No hay condiciones en todos los hogares. La brecha digital se ha dejado  sentir en todo su apogeo. Al principio de la docencia por vía remota, además, hubo muchas quejas sobre la mala actuación de los profesores dando clases por zoom. Ni estaban preparados para tal labor, ni tenían materiales didácticos para hacer más llevaderas las clases. Los profesores indicaron que esta vía de enseñanza los tensaba más, sobre todo para quienes tienen dos o más clases al día. Un profesor amigo me dijo: “quedo exhausto”. Y “no sé si me escuchan del todo y sí aprenden algo”.

Después de un par de meses, las y los jóvenes estudiantes comenzaron a sentir depresión y tuvieron otros síntomas que afectaron su estabilidad emocional. Hay estudios empíricos que ilustran cómo la pandemia ha afectado la vida de los jóvenes: además de no hallarse o sentirse bien por estar todo el día en casa, la falta de comunicación con sus amigos y compañeros de escuela los ha llevado a sentir estrés, tristeza, ansiedad. Las instituciones no han dado el debido apoyo para atender las enfermedades de los y las jóvenes. Creo que a ellos, y a nosotros los académicos, nos afecta hasta el sueño; pasar tanto tiempo frente a una pantalla agota. El “home office” de los padres y las clases por internet no hacen una buena mezcla.

Es importante que en este momento, y en los tiempos que vienen, se haga un esfuerzo por hacer sentir a los jóvenes lo tanto que nos importan. Responsabilizarnos de cuidar que su entorno educativo y emocional sea lo más propicio posible para que salgan adelante. Estamos en una situación en la que, en un muy breve periodo, se perdieron más de 300 mil empleos (IMSS) entre los jóvenes. La mortalidad entre ellos, en términos de tasas por cada 100 000 habitantes, es más elevada, comparada con la de la población en general. Un panorama que produce miedo.

La pandemia ha venido a mostrar que los grupos de jóvenes están sujetos a muchos riesgos, incluidos los que se refieren a la violencia y a la salud. En las universidades debe haber servicios médicos para que los estudiantes se mantengan sanos y tengan un mayor rendimiento académico.  Cuidar su alimentación, en una sociedad donde la diabetes es fuerte, requiere, al menos, la existencia de un módulo en las universidades que los oriente cómo alimentarse bien. Y, desde luego, acciones concretas para cuidar su seguridad en el campus. Medidas efectivas para combatir la violencia. Queremos universidades que se preocupen y ocupen por la seguridad y salud de su comunidad.

Por lo que toca a los profesores, hay universidades públicas que tienen una buena porción de sus académicos en los grupos de edad que van más allá de los sesenta años. Población vulnerable frente al covid. Que tiene dificultades para reprogramarse frente a la digitalización y con muchas incertidumbres, a las que abonan la imposibilidad del retiro, las nuevas condiciones sobre la cobertura de los seguros de gastos médicos mayores y la carestía de las medicinas. ¡Un verdadero enredo! A lo que se agrega una creciente burocratización, con solicitudes de informes cada vez más detallados, que muestran desconfianza en la academia.

En breve, la pandemia y lo que sigue están poniendo a las instituciones universitarias en un escenario en el que será indispensable cambiar muchas formas de hacer la actividad académica, a lo que se añade las demandas por educación y conocimiento apropiados a los nuevos tiempos, la defensa de la libertad académica y de la autonomía. La pandemia también ha tocado a la gestión, la gobernabilidad y la administración. Va a ser necesario reconfigurar a la institución universitaria para renovar el ethos y la identidad académica en su comunidad.

Humberto Muñoz García
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx | Web |  + posts

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