El escenario científico en México es complejo y dual, ya que, por un lado, hay una comunidad de investigadores comprometidos con su labor, pero existe una insuficiencia de recursos.
Así lo, doctora en Ecología por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Complutense de la misma ciudad.
En entrevista con Campus, Flores Rentería, quien forma parte del “Programa Investigadoras e Investigadores por México” del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), comenta que esa es una complicación que aún no se ha podido solventar.
“Hay una comunidad de investigadoras e investigadores con una enorme capacidad, comprometidos con su trabajo y con un fuerte sentido de responsabilidad social, estudiantes comprometidos e interesados, e instituciones con alta capacidad técnica y una red creciente de colaboración internacional.
“Por otro, enfrentamos un contexto de incertidumbre institucional, presupuestal y de reconocimiento social”, apunta.
A pesar de ello, considera que “la ciencia mexicana ha demostrado una gran resiliencia. Las personas que hacemos investigación seguimos adelante, muchas veces más por convicción que por apoyo.
“Pero no debería ser así. La ciencia necesita estructuras estables, inversión sostenida y políticas que trasciendan los cambios de administración. Solo así podremos aprovechar todo el talento que ya existe en el país”, enfatiza.
La toma de decisiones
De acuerdo con Flores Rentería, quien está comisionada al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) Unidad Saltillo, uno de los retos que enfrenta el sector es lograr que la ciencia y la política pública coincidan.
“Generamos conocimiento muy valioso, pero muchas veces ese conocimiento no llega a quienes toman decisiones o no se traduce en acciones concretas.
“También enfrentamos desafíos dentro del propio sistema: desigualdades regionales, brechas de género, limitaciones de infraestructura y, sobre todo, la falta de continuidad en los programas de apoyo”, sostiene.
Por ello, comenta la investigadora, “la ciencia no puede florecer en la improvisación; necesita planeación, confianza y colaboración entre instituciones.
“Y más allá de lo estructural, está lo cultural: es urgente revalorar el papel del pensamiento crítico, de la evidencia y de la educación científica entre los diversos actores de la sociedad, desde los tomadores de decisiones públicas hasta el público en general, especialmente entre las infancias. Sin esos pilares, cualquier política científica se queda corta”, advierte.
Cerrar brechas
Para Dulce Yaahid Flores Rentería, cuyas líneas de investigación están relacionadas con estrategias de mitigación y adaptación al cambio global, degradación del suelo, entre otras, la educación superior en México sigue enfrentando desigualdades muy marcadas.
“Hay instituciones con grandes recursos y otras que apenas logran sostener su infraestructura. Esa brecha limita la equidad y la movilidad de estudiantes y profesores.
“También falta una conexión más real entre lo que enseñamos y los problemas que el país necesita resolver. Muchas veces formamos talento con gran potencial, pero sin los espacios ni los incentivos adecuados para desarrollar proyectos interdisciplinarios o innovadores”, apunta.
Asimismo, añade, otro gran reto que enfrenta el sector es la escasa vinculación con la industria.
“En México, la inversión privada en ciencia, tecnología e innovación sigue siendo mínima, y eso nos deja con un sistema donde la universidad investiga por su cuenta y la empresa innova por separado.
“Necesitamos construir puentes entre ambos mundos: que la ciencia se traduzca en soluciones productivas, y que el sector productivo vea en la investigación una aliada estratégica, no un gasto. Solo así lograremos que el conocimiento tenga un verdadero impacto social y económico”, subraya.
Mayor liderazgo
Sobre el papel que deben jugar las instituciones de educación superior rente a los rezagos del sector, Flores Rentería puntualiza que estas, así como los centros de investigación, tienen que recuperar su papel como espacios de pensamiento crítico y liderazgo social.
“No basta con adaptarse a los cambios; es necesario anticiparlos. Eso implica abrirse más a la sociedad, comunicar mejor lo que hacemos y formar estudiantes que no solo sean técnicamente competentes, sino también éticos, creativos y comprometidos con el entorno.
“Brindar a la sociedad información de calidad, en un lenguaje claro y accesible, rompiendo la barrera que aún existe entre la academia y la ciudadanía”, señala.
Esta tarea, comenta Flores Rentería, se debe hacer “con empatía y compromiso, para fomentar el desarrollo de un pensamiento crítico, informado y capaz de tomar decisiones con base en evidencia ”.
“Tomar una postura decidida no significa confrontar, sino comprometerse: con la verdad, con la educación de calidad y con el futuro del país.
“Si algo nos ha enseñado la ciencia, es que el conocimiento no avanza cuando se calla, sino cuando se comparte y se defiende con argumentos”, finaliza.

Carlos Reyes
- Carlos Reyes
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