La investigación científica de frontera constituye una de las herramientas más sólidas para anticipar riesgos, comprender procesos naturales complejos y generar razonamiento estratégico para la sociedad.
En este contexto, el doctor Heliot Zarza Villanueva, profesor investigador del Departamento de Ciencias Ambientales de la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), obtuvo financiamiento del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), hoy Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI)en la Convocatoria de Ciencia de Frontera 2023–2024 para desarrollar el proyecto Hantavirus en roedores a lo largo de un gradiente altitudinal en la Faja Volcánica Transmexicana: un enfoque epidemiológico y ecogeográfico.
En entrevista, el investigador explicó que este respaldo representa una confirmación al trabajo de la comunidad científica de la universidad y a la pertinencia de impulsar estudios que fortalezcan al conocimiento de frontera en México.
El objetivo central es determinar la existencia y prevalencia del Hantavirus en comunidades de ratones silvestres que habitan en esa zona, una región biológica y estratégica. Esta franja montañosa se distingue por su topografía accidentada, diversidad climática y un elevado número de especies endémicas, además de concentrar algunas de las zonas más pobladas y dinámicas del país, como la Ciudad de México, Puebla y Cuernavaca.
Desde una perspectiva epidemiológica, el catedrático detalló que el Hantavirus es una enfermedad zoonótica; es decir, se transmite de animales silvestres a los seres humanos, a través de la orina, las heces o la saliva, que actúan como reservorios naturales del virus. Aunque se trata de un padecimiento estudiado a nivel internacional, en México persisten vacíos de información, sobre todo en sistemas de montaña.
El estudio se desarrolla en escenarios montañosos emblemáticos del centro del país, como el Nevado de Toluca y La Malinche, a lo largo de un gradiente altitudinal que va de los 3,400 a los 4,200 metros sobre el nivel del mar. Este enfoque permite analizar cómo varían las comunidades de roedores, la diversidad viral y las condiciones ecológicas conforme varían la altitud, el clima y la vegetación, aportando una visión integral de la ecología del Hantavirus en ambientes conservados.
A diferencia de investigaciones realizadas en zonas periurbanas, este plan busca generar una línea base de datos que ayude a comprender cómo funcionan los ecosistemas antes de una perturbación. Los virus forman parte natural de la biodiversidad; sin embargo, factores como la deforestación, la fragmentación del hábitat y el cambio climático pueden alterar estos equilibrios y favorecer la aparición de enfermedades, puntualizó el especialista.
Los resultados de la iniciativa podrán contribuir de manera directa a la sanidad, al proporcionar elementos que fortalezcan estrategias de monitoreo y prevención. Sin generar alarmas, los hallazgos servirán como insumo para que el sector salud considere al Hantavirus dentro de los diagnósticos diferenciales en regiones susceptibles, especialmente en zonas rurales y periurbanas donde el contacto con ratones es más frecuente.
Un componente clave es la formación de estudiantes y jóvenes investigadores. El esquema integra a alumnos de licenciatura y posgrado de la UAM, así como colaboraciones con la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y la Unidad Xochimilco de esta casa de estudios, que aportan experiencia en virología, parasitología y análisis moleculares. Esta dinámica interdisciplinaria fortalece la formación académica y el desarrollo de habilidades científicas de nueva generación.
El doctor Heliot Zarza Villanueva subrayó la importancia de que la comunidad universitaria se sienta orgullosa de pertenecer a una institución que impulsa el estudio científico en sus distintas vertientes, desde la ciencia básica hasta la aplicada. La UAM, como Casa abierta al tiempo, continúa contribuyendo al avance del conocimiento y a la atención de los retos ambientales y sanitarios de México.
Con una duración de tres años, el programa sienta las bases para estudios de largo plazo que permitirán evaluar los efectos del cambio climático y la actividad humana en la dinámica de enfermedades zoonóticas, reafirmando el compromiso de la Institución académica con la investigación de alto impacto.