En mi libro Las malas lenguas (Océano, 2018), que escribí y publiqué con el propósito de que quienes desearan mejorar su habla y su escritura tuvieran un volumen de referencia (el primero de una trilogía completada por ¡No valga la redundancia!, 2021, y Más malas lenguas, 2023), anticipé que, hoy, la cultura general está en una muy grave crisis, ya que hasta los profesionistas (incluidos quienes se dedican a hablar y escribir para el público) no suelen consultar los diccionarios y, por ello, desconocen el significado de las palabras que utilizan. Lo peor es que contagian su pésimo hablar y escribir entre las audiencias y los lectores. Un gran problema educativo, sin duda; en parte debido al analfabetismo funcional.
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