Más allá del desafío de la reconstrucción de los espacios físicos, es prioritario revisar causas y condiciones que ayuden a combatir el histórico rezago educativo guerrerense
Entre las múltiples destrucciones que el devastador huracán Otis dejó en Acapulco y los municipios aledaños se encuentra el sector educativo. A dos semanas de ocurrido, y según un reporte de Unicef, se estima que casi 200 mil estudiantes de todos los niveles educativos de la región suspendieron clases y actividades en cientos de escuelas y, a diferencia de la pandemia, ni plataformas virtuales ni dispositivos digitales serán suficientes para enfrentar la nueva crisis educativa que se avecina en aquel estado sureño del país.
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Adrián Acosta Silva
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