“En el mar de los ojos hay plantíos
de peces luminosos […]”
Así como a Pellicer, Rubén Darío le enseñó a hablar; a mí, Eduardo Galeano me enseñó a leer. El bardo de Tabasco, nuestro personaje de hoy, nació un 16 de enero, pero de 1897. Cuando se creó la Secretaría de Educación Pública (SEP) —en 1921—, este vasconcelista, artista, activista y precursor de la cuatroté tenía 24 años.
Hoy recordaremos a este misionero cultural, bolivariano, maestro, museógrafo educado en París convencido de que “el hierro se afila con el hierro”; incluso el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha reconocido en la figura de Carlos Pellicer a un mentor.
Se le recuerda a Pellicer Cámara no solo por su exquisita sensibilidad y creación literaria, sino por su afán por ayudar a los menos favorecidos. A partir de que José Vasconcelos fundó la SEP y emprendió las denominadas Misiones Culturales; jóvenes talentosos como Carlos Pellicer se unieron al ejército vasconcelista en búsqueda de la hazaña, la gesta por la alfabetización.
Daniel Cosío Villegas, fundador del Fondo de Cultura Económica (FCE), director del Banco de México como de El Colegio de México, también participó en aquellas Misiones Culturales; recuerda de nuestro personaje de hoy lo siguiente:
“Carlitos llegaba a cualquier vecindad de barrio pobre, se plantaba en el centro del patio mayor y comenzaba por palmear ruidosamente. Después hacía unos llamamientos en voz en cuello, y cuando había sacado de sus escondrijos a todos, hombres, mujeres y niños, comenzaba su letanía. A la vista estaba la aurora del México nuevo que todos debíamos construir, pero más que nadie ellos, los pobres, el verdadero sustento de toda la sociedad. Él, simple poeta, era ave de paso; apenas podía servir para encarrilarlos en sus primeros pasos”.
A través de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), Carlos Pellicer es nombrado agregado estudiantil para representar a México en Colombia y Venezuela;era 1918; con sorna diría Carlos Monsivaís, “porque los países progresan”; por aquella época, Venezuela era gobernada por Estados Unidos a través del dictador Juan Vicente Gómez.
En Venezuela, Pellicer confrontó al régimen del dictador. Su arenga traspasó las naciones y llegó a oídos de un Vasconcelos antiyanqui acérrimo. El oaxaqueño hace que le presenten a Pellicer; a partir de ahí, Pellicer se transformó en un vasconcelista vigoroso.
“Si los muralistas tenían una personalidad tan imponente, ¿cómo sería Vasconcelos, que había podido reunir a su alrededor intelectuales de primera línea?”, aseguraba Pellicer. Monsiváis decía que la invisibilidad de la voluntad del pueblo, o como le haya denominado el PRI al fraude electoral, la inauguró Vasconcelos en las elecciones presidenciales que le robaron en 1929, por cierto, también gracias a la intervención del vecino del norte.
Tres años antes de ese fraude electoral, en 1926, el bardo de Tabasco, en un discurso, vuelve a arremeter contra el régimen venezolano de la siguiente forma:
“Compañeros, en la franja de universo donde la bondad de los dioses hizo nacer al más divino de los hombres, Simón Bolívar, libertador de América, la traición y el asesinato infaman en esa franja de universo que se llama Venezuela […] sangra la juventud universitaria en el desierto y en las cárceles o acechada por los pícaros cómplices del déspota, la universidad central de Caracas cerrada brutalmente, desde hace siete años, los estudiantes, nuestros hermanos, en las jaulas atormentadas de las prisiones insaciables, la libertad muerta y la tiranía sostenida en gran parte por los intereses norteamericanos; tal es la visión de Venezuela desde hace más de 10 años”.
Hoy, celebramos el sarcasmo y que las cosas sean distintas, “porqué los países progresan”. De nuestro poeta, el expresidente AMLO lo ha calibrado como “el escritor consagrado al que Gabriela Mistral había distinguido llamándolo ‘El poeta de América’”.
Miembro de “Los contemporáneos”, compañero en el tiempo, en la literatura y en el servicio público de Torres Bodet y de Novo y tantos otros; Contemporáneos, así se hicieron llamar estos socios del tiempo.
En su madurez, producto de su aprendizaje en París como museógrafo, diseña, produce y funda el Museo Arqueológico de Tabasco a los 55 años; según recordó el mismo expresidente AMLO en un discurso conmemorativo. A los 61 años, Pellicer funda otros museos como el de Tepoztlán, Morelos, y el de su amiga Frida Kahlo, pero también le debemos el museo regional de la Universidad de Sonora, erguido en 1957.
Alrededor del movimiento estudiantil del 68, a Carlos Pellicer lo espió la Dirección Federal de Seguridad (DFS), ínclita institución de inteligencia mexicana, según narra la prensa y la imperdible serie —protagonizada por Giménez Cacho— “Un extraño enemigo”.
A Pellicer Cámara se le recuerda como activista incansable desde su juventud; su militancia vasconcelista lo marcó; llegó a considerar que casi todo lo bueno que se logró en México fue gracias al trabajo y a la visión de Vasconcelos.
En nuestro país, la épica educativa continúa; en esta orilla del tiempo, donde la tecnología avanza imponiendo nuevos modelos y transformando a la economía, se encuentra imperativo impulsar nuevas trayectorias académicas.
De acuerdo con el boletín número 7 de la SEP, el titular del ramo, el Mtro. Mario Delgado Carrillo, en coordinación con autoridades estatales, subsistemas educativos, instituciones de educación superior y el sector productivo, está impulsando áreas como la agroindustria, energías limpias, electromovilidad, tecnologías de la información, turismo sostenible, industria aeroespacial, semiconductores y desarrollo comunitario, en consonancia con los Polos de Desarrollo para el Bienestar.
La alfabetización en la que colaboraron Pellicer y Cosío y tantos otros impulsados por el vasconcelismo fueron los primeros pasos hacia el progreso constante de la patria.
Los nuevos tiempos demandan una orientación moderna, una alfabetización tecnológica necesaria, para que la educación, aún con la IA generativa, no sustituya a maestros como Pellicer, para que la educación siga siendo la premonición del portento, la corazonada de la hazaña, el anticipo de nuestra grandeza.
En este renacer, como lo llamaba Pellicer, podemos ser con el sol, para poner con él —donde sea que estemos— la tarde y la mañana, para que una nueva aurora sea el reflejo de nuestros pasos. Inteligencia artificial, ciberseguridad, robótica, producción digital, comercio internacional, son áreas del conocimiento que se apuntalan, hoy día, desde la reconceptualización del nuevo bachillerato mexicano.
Puertos, campos y fabricas pueden fortalecerse con el dominio de estas nuevas herramientas, para seguir siendo “un pueblo en pie que siembra” una nueva primavera.
“En 1965, cuando la invasión norteamericana a Santo Domingo, Pellicer, sale sólo a la calle a repartir volantes contra la invasión, es una imagen memorable y fue siempre, en todo caso, un escritor notable”, dijo Carlos Monsiváís de Carlos Pellicer, en su conferencia “Todo será posible menos llamarse Carlos”.
En esta hora del mundo donde el azul cae tardío, se cae de morado, demorado; la poesía sigue siendo el instinto del idioma, la esencia de la raza; no nos queda, pues, sino la memoria, el recuerdo del “Recinto” o las “Horas de junio” donde se labró una “Piedra de sacrificios” para conservar los “Colores en el mar” sin “Subordinaciones”, aún menos al “Hexágono” o pentágono de un imperio anquilosado.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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