La vida, ésta donde nos ejercitamos o tomamos un helado, donde salimos a caminar, vamos por un parque o hacia el trabajo; importa más -para nosotros- por lo que “no hacemos” que, por “lo que hacemos”.
Para la tradición mesoamericana, en concreto, para la Tolteca “no hacer” es un hábito fundamental de un “hombre de conocimiento”; curiosamente, la filosofía occidental, considera conceptos similares; el alemán Edmund Husserl, a través de su “fenomenología trascendental”, nos brinda el término “epojé” (poner entre paréntesis todo lo conocido); es decir detener el mundo.
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