🎙PODCAST: ESCUCHALO AQUÍ 👉🏼 https://t.ly/XxQyh
Un consejo en la preparatoria cambió su destino. “¿Quieres servicio público? Ve a la UNAM. Ahí vas a encontrar más México”, le dijo su profesor Jesús Silva Herzog Márquez. Tres décadas después, Vanessa Rubio Márquez es profesora en la London School of Economics, fue la primera mujer subsecretaria de Hacienda en la historia de México, y sigue convencida de que la educación —pública, diversa, con opciones de movilidad nacional e internacional— es la única ancla real para el desarrollo de un país.
Servidora pública por más de 25 años, académica y decana asociada de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics (LSE), desde Londres, comparte con Campus su mirada sobre formación, liderazgo y el valor de la educación como motor de transformación.
Del ITAM a la UNAM: un consejo que lo cambió todo
Vanessa Medina (VM): Vanessa, tú vienes de una formación muy sólida, primero en la UNAM y después en la LSE. Si miras hacia atrás, ¿qué te dejó cada una de estas etapas? ¿Cómo crees que influyeron en tu forma de enseñar y de liderar hoy en la academia?
Vanessa Rubio (VR): Estudié la secundaria y preparatoria en una escuela afiliada al ITAM y tuve como profesor a Jesús Silva Herzog Márquez, “Chucho”, como le digo. Cuando me orientaba sobre qué estudiar, le dije que quería irme al servicio público, y él me recomendó la UNAM: “Ahí vas a encontrar más México, más diversidad, más historias de vida”.
Así llegué a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde estudié Relaciones Internacionales. Más adelante, otro profesor, Ricardo Méndez Silva, me animó a estudiar en Reino Unido. Me dijo: “¿Por qué no vas a Europa? Te va a dar una perspectiva distinta”. Apliqué solo a la LSE y a la beca Chevening… y ambas se dieron.
Fui muy feliz en la UNAM y muy feliz en la LSE. Las dos etapas me formaron profundamente y me marcaron para siempre.
Salvador Medina (SM): A lo largo de tu trayectoria —como subsecretaria, senadora y hoy académica— has combinado liderazgo público y formación internacional. ¿Cómo conectas esas experiencias en tu visión sobre el papel de las mujeres en el gobierno y la educación?
VR: Siempre les digo a mis alumnos que la política pública no se piensa entre cuatro paredes. Hay que salir, hablar con la gente, conocer las realidades. La evidencia es importante, sí, pero también la empatía y la experiencia directa.
Ese ha sido el sello de mi carrera y lo que intento transmitir: hacer políticas públicas con rostro humano, entendiendo la vida de las personas para poder transformarla.
Becas: la inversión que México necesita
VM: La movilidad académica ha sido una constante en tu historia. Nos tocó vivir una época en la que estudiar en el extranjero parecía algo reservado para unos cuantos. Hoy las condiciones son distintas, pero las ganas de abrir el mundo a través del estudio siguen ahí. ¿Cómo ves el panorama actual para los jóvenes mexicanos?
VR: Es un trabajo colectivo. Gobiernos, universidades y sector privado deben invertir en becas. La movilidad internacional no solo transforma vidas, también regresa al país en forma de conocimiento y desarrollo.
En los noventa, muchos mexicanos estudiaban fuera con becas de Conacyt; hoy esas oportunidades se han reducido. Según la OCDE, solo el 2 por ciento de mexicanos tiene maestría, contra 16 por ciento promedio en países desarrollados. Por eso necesitamos recuperar y fortalecer los programas de apoyo, impulsar la filantropía educativa y hacer de la movilidad un compromiso compartido. Las becas cambian destinos.
Al respecto, Rubio Márquez aconseja a los jóvenes prepararse bien, aprender otro idioma y acercarse a quienes ya vivieron esa experiencia.
Para ella, la diversidad es la gran ventaja de estudiar en el extranjero. “En una de mis clases tengo 30 estudiantes de 22 nacionalidades distintas. Discutimos, por ejemplo, sobre migración infantil, y cada uno comparte su perspectiva desde Pakistán, Estados Unidos, Guatemala o México. Esa riqueza de visiones no te la da ningún libro”.
“Estudiar fuera te enseña a ver el mundo con otros ojos, a tomar decisiones más informadas, a pensar distinto. Y eso, al final, es lo que te hace mejor profesionista y mejor ciudadano”, señala.
Liderazgo sin perfeccionismo
VM: Si ves todo lo que has vivido, ¿qué le dirías a aquella Vanessa estudiante de la UNAM? ¿Y cómo defines hoy el éxito?
VR: Le diría que no sea tan perfeccionista, que se apapache más. Las mujeres nos exigimos demasiado: ser buenas en todo al mismo tiempo. La excelencia está bien, pero también hay que darnos permiso de descansar.
Y sobre el éxito… para mí es encontrar una misión y sentirte en paz ejecutándola. Antes mi misión era diseñar políticas públicas para México; hoy es formar a quienes crearán las políticas públicas del mundo. Eso me llena y me da propósito cada día.
Para la próxima generación, recomendó que formen su criterio con base en el conocimiento. “En un mundo de posverdad y polarización, la evidencia y los datos son fundamentales. Solo con educación podemos tomar mejores decisiones como sociedad”, concluyó.

Salvador Medina
- Salvador Medina
- Salvador Medina