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Ciudad de México bajo calor extremo: ¿Qué cambia con 1.8 °C más?: Especialista de la Ibero

El aumento de temperatura promedio en el país supera el del resto del mundo, y sus efectos se sienten con fuerza en CdMx

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Un estudio del Centrus mostró que, durante la ola de calor de junio de 2023, las zonas densamente construidas de CdMx registraron temperaturas entre 3 y 4 °C, más altas que aquellas con mayor cobertura vegetal.

¿Qué está ocurriendo?
En la Ciudad de México, los efectos del cambio climático se hacen cada vez más evidentes. En mayo de 2025, la capital enfrenta su primera ola de calor del año, con temperaturas de entre 30 °C y 35 °C, impulsadas por un sistema de alta presión que reduce la nubosidad y aumenta la radiación solar. A nivel nacional, se han alcanzado registros de más de 45 °C en varios estados¹

Investigadores de la UNAM han advertido que México se calienta más rápido que el promedio mundial: mientras el planeta avanza hacia un incremento de 2 °C por siglo, México lo hace a un ritmo de 3.2 °C por siglo. En términos acumulados, el país ya ha experimentado un aumento de 1.8 °C respecto a niveles preindustriales².

Este aumento tiene consecuencias directas en la vida cotidiana de quienes habitan las grandes ciudades, especialmente en la capital, donde el asfalto, el concreto y la pérdida de áreas verdes intensifican el calor. El calentamiento global se combina con la urbanización, y como ha señalado el Dr. Francisco Estrada Porrúa (UNAM), esto puede elevar la temperatura urbana hasta 3 o 4 °C por encima del promedio local, dependiendo del grado de cobertura vegetal y morfología urbana.

¿Qué produce el efecto de isla de calor urbana?
El efecto de isla de calor urbana es el resultado de una combinación crítica entre la urbanización acelerada y el calentamiento global. Por un lado, el crecimiento desordenado de las ciudades reemplaza áreas naturales por superficies duras como asfalto, concreto y techos, que absorben y retienen calor. Esto reduce la ventilación, elimina zonas de sombra y dificulta la evaporación del agua, creando microclimas mucho más cálidos que las zonas rurales o periféricas.

Por otro lado, el calentamiento global —que ya ha incrementado la temperatura promedio en México en 1.8 °C— amplifica este efecto urbano. Como explica Francisco Estrada Porrúa, este incremento actúa como una capa adicional sobre el calor generado localmente, elevando aún más las temperaturas. Un estudio reciente del Centrus de la Universidad Iberoamericana, en el que también participaron estudiantes de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental, mostró que, durante la ola de calor de junio de 2023, las zonas densamente construidas de la Ciudad de México registraron temperaturas entre 3 y 4 °C más altas que aquellas con mayor cobertura vegetal.

¿Cómo afecta este aumento a la Ciudad de México?
1. Salud pública en riesgo
Las altas temperaturas incrementan significativamente el riesgo de enfermedades asociadas al calor, como golpes de calor, deshidratación y complicaciones respiratorias o cardiovasculares. Las personas mayores, niños y quienes viven en zonas con poca ventilación o vegetación están especialmente expuestos. Durante las olas de calor recientes, los hospitales han reportado aumentos en la atención de emergencias por estos motivos.

2. Medio ambiente urbano deteriorado
El calor extremo intensifica la contaminación del aire, especialmente la formación de ozono troposférico en días soleados. También somete a la vegetación urbana a un mayor estrés térmico e hídrico, debilitando su capacidad de regulación climática. En zonas como Iztapalapa, donde hay escasa cobertura verde, se han registrado algunas de las temperaturas más elevadas de la ciudad.

3. Desigualdad social agravada
El calor urbano no afecta por igual a toda la población. Las zonas con menos árboles y áreas verdes —como Iztapalapa e Iztacalco— tienden a registrar temperaturas mucho más altas que las zonas con mejor infraestructura ambiental.

Esto no es casual: se trata en su mayoría de colonias populares, con viviendas autoconstruidas y escasos recursos para adaptarse al calor. A esto se suma el fenómeno de la pobreza energética. Muchas familias no cuentan con aire acondicionado, o bien no pueden pagar su uso constante. Esto implica que poblaciones vulnerables no pueden enfriar sus viviendas, incrementando el riesgo de afectaciones en la salud, especialmente para adultos mayores, personas enfermas, quienes trabajan al aire libre y niños pequeños.

4. Consumo energético e infraestructura al límite
Durante las olas de calor, el uso de ventiladores y sistemas de enfriamiento se dispara, lo que genera picos históricos en el consumo eléctrico. En mayo de 2024, esto obligó a la implementación de apagones rotativos en varias entidades del país. La infraestructura urbana también sufre: materiales que no están diseñados para soportar temperaturas extremas y se deterioran más rápido, y las redes de distribución eléctrica operan al límite de su capacidad.

¿Qué podemos hacer? Ciencia y política frente al calor urbano
a. Más vegetación, menos calor
Ampliar la cobertura verde urbana es una de las estrategias más efectivas para reducir el calor en las ciudades. Los árboles, parques, jardines y techos verdes funcionan como sistemas de refrigeración natural mediante sombra y evapotranspiración, y pueden disminuir la temperatura local entre 1 y 5 °C.

Sin embargo, en muchas zonas de la Ciudad de México, especialmente las de menor ingreso, la vegetación es escasa o inexistente. Estas intervenciones suelen concentrarse en áreas centrales o de mayor plusvalía, mientras las colonias con mayor exposición térmica permanecen marginadas.

Para que esta estrategia sea efectiva y justa, se requiere priorizar su implementación en las zonas más afectadas por el calor, así como integrarla en el presupuesto urbano y fomentar la participación comunitaria en el diseño, cuidado y monitoreo de los espacios verdes.

b. Materiales y soluciones constructivas para enfriar viviendas
El uso de materiales adecuados a nivel de edificio puede reducir significativamente la acumulación de calor. Pinturas reflectantes, aislantes térmicos, ventilación cruzada y azoteas verdes mejoran el confort térmico en el interior de las viviendas y reducen la dependencia de sistemas mecánicos de enfriamiento.

En la Ciudad de México, estas soluciones son aplicadas principalmente en edificios institucionales o proyectos piloto, pero no forman parte de las normas generales de construcción ni se promueven activamente en vivienda social o autoconstrucción.

Para avanzar, es clave establecer incentivos para su adopción masiva, capacitar a profesionales de la construcción, y garantizar su inclusión en programas de rehabilitación y vivienda digna, especialmente en zonas con alta exposición térmica.

c. Urbanismo y planeación climática
Un urbanismo con enfoque climático ayuda a prevenir las islas de calor mediante el control de la densidad, la conservación del suelo y el diseño de corredores de viento y espacios verdes bien distribuidos.

Aunque el proceso de construcción del nuevo Programa de Acción Climática —PACCM 2025–2030 plantea estas medidas, su cumplimiento no es obligatorio y muchas alcaldías carecen de recursos para aplicarlas. Además, la fiscalización sigue siendo limitada.

Para avanzar, se necesita fortalecer la normatividad climática y promover la colaboración de alcaldías, universidades, empresas y organizaciones sociales. Solo un enfoque compartido entre sectores permitirá planear barrios más frescos, justos y resilientes.

d. Sistemas de alerta y protección con mayor resolución
La Ciudad de México cuenta con sistemas de alerta temprana por calor, pero estos operan con resolución geográfica limitada, lo que dificulta una respuesta adecuada en colonias específicas con condiciones críticas.

Estas alertas no siempre se traducen en acciones concretas como la apertura de refugios climáticos, distribución de agua, activación de brigadas o difusión de información localizada. Además, muchas comunidades no están plenamente informadas ni preparadas para responder.

Para mejorar esta herramienta, es fundamental aumentar su precisión espacial, integrar variables socioambientales, y coordinar acciones inmediatas con las alcaldías, servicios de salud y organizaciones barriales en los puntos más vulnerables.

Conclusión
El aumento de temperatura en México —y particularmente en la Ciudad de México— ya no es una advertencia futura, sino una realidad que exige acción inmediata. Las islas de calor urbanas son una manifestación tangible de cómo la crisis climática se entrelaza con la desigualdad social, la precariedad ambiental y las limitaciones de la infraestructura urbana.

Frente a ello, tenemos la responsabilidad —y la oportunidad— de repensar el modelo de ciudad: más verde, más resiliente y más justa. Desde el Centrus, seguiremos generando evidencia científica, propuestas interdisciplinarias y herramientas para enfrentar este desafío urbano-climático.

Dr. Juan Manuel Núñez, coordinador de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de la IBERO
Foto: Juan Manuel Núñez

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