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Regla de tres 920

A pesar de los comentarios del gobierno. las universidades han mantenido actividades. Cambios de gestión en la UASLP y más.

Sin prisas. El llamado y la molestia del gobierno federal por la cautela con la que han tomado las universidades públicas del país han tomado el regreso a clases presenciales, no debiera causar asombro. La presión ha sido mucha en los últimos meses, y ello no ha modificado el plan que cada una de las instituciones de educación superior han trazado para enfrentar la pandemia. Desde aquellas que aguardan unos meses más para el retorno, hasta aquellas que lo han hecho de manera escalonada o mediante el llamado modelo híbrido. A diferencia de lo que ocurrió en el nivel básico, donde se conminó de una manera no muy amable a los profesores y directivos a regresar a las aulas, con medidas sanitarias muy limitadas, en el nivel superior la autonomía impide llevar a efecto un retorno masivo. Lo demás, como ha sido desde que comenzó la actual administración, son meros pretextos y oportunidades para poner en duda la honorabilidad, eficiencia e importancia que tienen las universidades del país en tiempos inciertos.

Sin discusión. Como lo planteó con toda claridad el rector de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Carlos Eduardo Barrera Díaz, las instituciones de educación superior, incluso bajo las condiciones de emergencia sanitaria, cuentan con las capacidades suficientes para garantizar una educación de alta calidad, tanto en el nivel medio superior, como en el superior. Y esa tarea no ha parado, ni siquiera cuando los momentos más álgidos de la pandemia obligaban a escenarios demasiado frágiles y complejos. Las universidades del país, como lo han hecho en otras circunstancias, se han adaptado de la mejor forma por encima de las limitaciones. Por eso cualquier señalamiento sobre la labor que han venido tejiendo estos meses las universidades del país, sale, simplemente, sobrando. Y es fundamental defender este esfuerzo que han realizado. Por encima de diferencias políticas o ideológicas, la educación superior del país no se ha detenido y eso cuenta mucho.

Otro inconveniente. También desde la Universidad Autónoma de Querétaro se escucharon fuertes las voces que no coincidieron con el llamado presidencial para regresar a las aulas. La rectora Teresa García Gasca lamentó las declaraciones. Porque las instituciones de educación superior trabajan y lo hacen, dijo, de manera responsable. No es un asunto de comodidad, como se quiere vender desde el gobierno federal, sino de concordancia y coherencia con la gravedad del problema. Para confundir a la sociedad, para que la opinión pública se suma a esa visión que coloca a las universidades públicas del país como organismos rebeldes que no acatan las indicaciones. Qué buen que los rectores lo tengan claro, y con base en ello, actúen en consecuencia. Asimilar las palabras y conducirse con la responsabilidad que siempre les vha caracterizado. Miles de jóvenes en el país tienen su esperanza de un mejor futuro en estas instituciones y eso es lo que, a final de cuentas, debe pesar más.

Movimiento en la UASLP. En la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), se dio un cambio que sorprendió a muchos. Sobre todo, por el tiempo que ha transcurrido de la gestión del rector Alejandro Javier Zermeño Guerra. Marco Antonio Aranda Martínez, dejo hace unos días la Secretaría General de la institución, argumentando motivos de salud. Lamentable que en estas condiciones tenga de dejar un cargo fundamental en la organización y gobernabilidad de la UASLP. En su lugar llega Federico Arturo Garza Herrera. Cuenta con una trayectoria en la universidad potosina de más de 30 años, además de un largo camino en el servicio público. El rector le tiene toda la confianza para sacar adelante las negociaciones salariales y otros asuntos delicados que requieren la atención necesaria para resolverse de la mejor manera.

Falta poco.  En la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) inició la cuenta regresiva para el cambio de administración. Tras dos periodos al frente de la institución, Rogelio Garza Rivera concluye su gestión y dejará paso a Santos Guzmán, como nuevo encargado de los destinos de esta casa de estudios. Muchos confían en que los derroches y los malos manejos del dinero público, que en ocasiones se han denunciado, queden atrás y comience una etapa con mayor transparencia. Porque episodios donde se cuestiona y se pone en duda la importancia de las universidades públicas, tomando como ejemplo estos desfases, no vienen muy bien en tiempos en los que los recursos y los apoyos son contados. Arriesgar a las universidades con situaciones dudosas, dinamitan el capital político y la confianza que se han ganado. Y que, pese a ciertos capítulos onerosos y vergonzosos, mantienen la credibilidad en muy buen nivel. Los ciudadanos confían en las instituciones de educación superior y en ese camino debieran andar las nuevas autoridades universitarias, quienes, en cuestión de días, estarán despachando en la UANL.

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