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El regreso presencial a clases en el nivel básico parece ser ya un hecho, por encima de los riesgos sanitarios que implique.

No del todo.  El asunto del regreso a clases presencial en el nivel básico parece estar decidido. La sensación de normalidad que se quiere transmitir a la población con esta medida urge al Gobierno Federal. Por encima de los riesgos sanitarios que implique. La posibilidad de expandir los contagios con los millones de niños y jóvenes en las aulas, ya no es una atenuante de mucho peso entre quienes deciden, incluidas las autoridades educativas estatales. A unas semanas de iniciar el ciclo escolar 2021-2022, las cartas parece que ya están echadas. A menos que desde la cúpula sindical haya una férrea resistencia, o a menos que los padres de familia, en su mayoría, opten por esperar unas semanas más. En estos momentos ninguna de las dos opciones parece ganar terreno. Veremos cómo resulta la apuesta por este regreso que, aunque se maneja de manera opcional, tiende más hacia la modalidad presencial que se quiere imponer.

En sus posibilidades.  A nivel profesional, las universidades e instituciones de educación superior reanudaron sus actividades escolares bajo los protocolos impuestos desde cada uno de sus alcances y enfoques. El modelo híbrido parece ganar terreno en los últimos meses y parece ser la mejor alternativa en medio de la pandemia. Algunas, con mayor mesura y precaución, se decantaron por la modalidad virtual para no exponerse a un brote innecesario. Parece que, en el seno de este nivel educativo, las decisiones que se toman son más razonadas y basadas en la evidencia científica. Más allá de la estridencia de un semáforo epidemiológico intrascendente a estas alturas, o de protocolos sanitarios que en nada contribuyen a prevenir los contagios. Lamentablemente la Secretaría de Educación Pública camina por esos derroteros que podrían entorpecer, y mucho, el retorno a la actividad.

Señal muy adecuada.  A propósito de la importancia que debe tener la ciencia en este tipo de asuntos, conviene revisar el mensaje de bienvenida de inicio de cursos del rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers. Es momento, dijo, de ser parte de la solución y conminó a los jóvenes a vacunarse y contribuir a evitar la expansión de los contagios. Y así, más temprano que tarde, como lo aseguró el rector, el regreso a las aulas se hará de una manera segura y sin exponer a los miembros de la comunidad universitaria. Sin prisas y sin improvisaciones. Conviene, en estos momentos, asumir una actitud responsable y acorde con la gravedad del problema de salud que ha dejado miles de muertos y ha generado estancamiento económico, y una deserción escolar que vino a complicar aún más la labor de las instituciones de educación superior del país.

Camino equivocado.  Lo que ocurre en las últimas semanas en la Universidad de Guadalajara (UdeG) contribuye, de nuevo, a un ambiente de confrontación innecesario. El recorte al gasto que anunciaron las autoridades estatales cayó muy mal en el ánimo de la institución. El Consejo de Rectores de la universidad argumenta que esta medida pudo haberse tratado de una represalía por negarse a comenzar el ciclo escolar de manera presencial, como lo querían desde el gobierno del estado. Cuestionan que se haya reducido un recurso que era para la máxima casa de estudios del estado, bajo el pretexto de entregarlo para concluir la construcción de otras obras. En este escenario seguro la UdeG tendrá un cierre de año muy complicado y conflictivo. Los roces con el gobierno estatal se sumarán a los ajustes presupuestales que ya se vienen desde la Federación.

Para pensar. Hace unos días, el rector de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), José de Jesús Williams, hizo una reflexión que bien pudiera retomarse en estos tiempos de pandemia y de polémicas por un regreso a clases alentado, también, por la deserción y el rezago educativo que está provocando. Durante una reunión de trabajo en línea, en la que participaron universidades europeas, sostuvo que la gran mayoría de los sistemas educativos está detrás de lo que están demandando los entornos sociales. Cómo empatar las inquietudes de los niños y los jóvenes con los requerimientos y los escenarios a los que se tienen que enfrentar cuando egresan de las universidades. Un alto en el camino o un llamado que muchos especialistas ya han advertido. Hace falta detenerse un poco en este tema.

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