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Propuestas y experiencias de implantación de políticas educativas

Kairós, Equipo para la transformación educativa y social sostenible, ha impusado una discusión planetaria para construir colectivamente un nuevo paradigma educativo

En el mundo de la educación, de la ciencia y de las ideas, la generación de conceptos, la develación de realidades, la imaginación de futuros y la formulacion de propuestas son tareas cotidianas que dependen de la motivación y la capacidad intelectual de los individuos y de las colectividades académicas. En contraparte, la concreción de los sueños, la materialización de las ideas y la implantación de planes y programas son acciones que dependen, más que de la creatividad y del ingenio, de la voluntad, del interés y del compromiso de los actores políticos. De esa manera, el pensar y el hacer están separados comúnmente por una brecha que se antoja cada vez más amplia.

Entre las ideas y acciones que generan esos actores intelectuales y políticos existen dos dimensiones que siempre están presentes en el desarrollo de la humanidad: el tiempo y el espacio, dimensiones determinantes en la concreción de cualquier aventura intelectual o política. El tiempo, un recurso escaso e irrecuperable, representa un reto a la imaginación, en las miradas intelectuales hacia el futuro; el espacio, anisotrópico, inabarcable y sujeto a las territorialidades del poder, imposibilita el éxito de políticas homogéneas aplicadas a los territorios.

No obstante, el tiempo, como cualquiera otra dimensión de la humanidad y del universo, tiene también su propio talón de aquiles: la oportunidad o timing, como le llaman los sistemistas, ese momento en que las variables se alinean para desencadenar procesos disruptivos impredecibles, aunque explicados a posteriori por la existencia de puntos críticos en las trayectorias del desarrollo. Por su parte, el espacio tiene igualmente su dimensión más conveniente, la de la ubicuidad, donde todos los procesos ocurren simultáneamente en esta sociedad de tiempo real en un mundo interconectado y terminado, anticipado por Paul Valery desde hace 90 años. Se trata de dos dimensiones tan distintas como complejas, pero inseparables; en este texto son asumidas en la relación sinérgica del aquí y el ahora.

La implantación del Tercer Contrato Social de la Educación impulsado por Kairós, objeto de esta reflexión, involucra inevitablemente esas dos dimensiones, pues el desarrollo de la educación ha sido un proceso histórico que se ha expresado de manera diferenciada en el territorio.

La pandemia del Covid-19 ha revelado las brechas de esos procesos educativos en los distintos espacios regionales, nacionales y locales, acentuando las diferencias sociales, económicas, ambientales y culturales, mediadas por el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación.

El Tercer Contrato Social de la Educación: una tarea consensuada

En el evidente agotamiento del paradigma educativo con el que iniciamos el siglo 21, Kairós ha impusado una discusión planetaria para construir colectivamente un nuevo paradigma educativo, el Tercer Contrato Social de la Educación, basado en los valores del humanismo, la solidaridad, la inclusion, la igualdad, la tolerancia y el respeto a la alteridad. En lo educativo, el paradigma propone el aprendizaje de saberes significativos a lo largo de la vida y la aplicación del conocimiento como base de la innovación social para el desarrollo de la humanidad, asumiendo como propia la visión de la Agenda 2030 sobre el desarrollo Sostenible.

La necesidad de ese nuevo paradigma se ha manifestado en distintos foros nacionales e internacionales, y en particular para lo países de latinoamércia, en la Conferencia Regional de Educación Superior para América Latina y el Caribe, en Córdoba, Argentina, en junio de 2018. Representa la bandera de la educación de muchos educadores en el planeta reunidos en el Congreso Mundial de Educación de Kairós 2020. Los participantes en el Congreso nos hemos logrado poner de acuerdo en los conceptos, principios y medios sintetizados en el Manifiesto del Tercer Contrato Social de la Educación,  superando ideologías e intereses que en ocasiones nos separan. Se trata de una tarea visionaria, resultado de un arduo trabajo, pero mucho menos compleja que las estrategias para su implantación, en donde las ideologías, aunadas a las praxis políticas territoriales, todavía representan un impasse.

La implantación de políticas: experiencias paralelas

A partir de la aparición, en septiembre de 2015, de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible de la Organización de la Naciones Unidas, y con la experiencia ––quizás desafortunada–– sobre la implantación tardía de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en los países con menor grado de desarrollo, se iniciaron esfuerzos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en varias direcciones para implantarla en todas las naciones. Para ello se propusieron tres estrategias:

  • Homologar los planes y programas de desarrollo de todas las naciones con la Agenda 2030.
  • Generar recursos humanos para la gestión de la Agenda 2030.
  • Sensibilizar a la sociedad sobre la Agenda y la forma de asumirla.

Se visualizó entonces que la educación superior era un factor estratégico para impulsar la Agenda 2030 en las naciones; sin embargo, las encuestas realizadas por la Asociación Internacional de Universidades, IAU-UNESCO, y por otros países encontraron que no había sido asumida suficientemente por las comunidades universitarias, donde profesores y estudiantes la conocían poco y, por consiguiente, no podían saber lo que había qué hacer para implantarla. Por su parte, los gobiernos signatarios de la Agenda tampoco habían destinado recursos adicionales para su adopción. A cinco años de su aprobación, frente a la simulación institucional, la Agenda continúa esperando ya no digamos su implantación, sino al menos que la sociedad y las instituciones sepan de su existencia.

Estrategias para la implantación del Tercer Contrato Social de la Educación.

Vistas las experiencias de implantación, ya no sólo de la Agenda 2030 sino de los planes de Acción de las Conferencias Mundiales y regionales de Educación, el camino para hacer realidad globalmente el Tercer Contrato Social de la Educación se antoja largo y sinuoso. No obstante, es un deber moral y un compromiso ético impulsarla y hacerla vigente en los entornos inmediatos de cada integrante y simpatizante de Kairós o de quienes la asuman como inspiración de su práctica educativa. Es necesario, por consiguiente, llevar esta nueva tarea de evangelización educativa al aula, a los claustros de la investigación y a los espacios de la gestión social del conocimiento: actuar localmente.

De entrada, debemos asumir la estrategia planteada para la implantación de la Agenda 2030, pero adaptarla en las instituciones y organizaciones educativas, adecuando sus acciones a un espacio local, isotrópico. El nuevo apostolado educativo debe promover la inclusión del Tercer Contrato en los planes y programas institucionales de desarrollo; en campañas de sensibilización de las comunidades educativas y en la generación de capacidades humanas; en profesores, administradores y funcionarios educativos y estudiantes, acordes con las funciones de cada actor educativo.

No debemos caer en la tentación intelectual de modificar primeramente lo global y lo general antes que lo específico, como el modelo educativo y el curriculum,  pues si bien son tareas fundamentales, inaplazables y de largo plazo, encerrarnos en ellas sólo lleva al gatopardismo y a la inmovilidad.  La pandemia, con todo el dolor que trajo, es una oportunidad de cambio, y hay que actuar ahora. Una de las acciones inmediatas que habrá de impulsar es el aprendizaje situado de los estudiantes, orientado por acciones educativas relacionadas con la gestión de los ODS para la transformación de los entornos inmediatos de las instituciones educativas, en donde las comunidades de profesores y estudiantes serán actores de primera línea en la transformación social.

Pero estas acciones iniciales, en un movimiento de abajo hacia arriba,  tienen que sensibilizar a los líderes de las instituciones para la formulación de planes de implantación, bien trazados con metas e indicadores claros para su seguimiento, su evaluación y su retroalimentación. También será necesario, por el carácter de bien público y social de la educación, contar con el acompañamiento de las instituciones de los Estados nacionales y de las instituciones, así como de los organismos y organizaciones de educación nacionales e internacionales.

En conclusión, volvemos a comenzar, pues ya están la ideas y quizás algunas experiencias, pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Aventuro una respuesta, parafraseando a Galeano: sólo la educación localmente situada, conducida por un profesor (millones de profesores) comprometido con la generación y la gestión social del conocimiento, que oriente el aprendizaje, la generosidad y el vigor de sus estudiantes (millones de estudiantes), en beneficio de la comunidad (millones de comunidades), puede hoy cambiar el mundo.

Acerca del autor

suplemento campus
Roberto Villers Aispuro
Profesor de Carrera en Universidad Autónoma de Chiapas, México

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