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Obregón y Vasconcelos en el Centenario de la SEP

Ambas figuras, tan diferentes entre sí, fueron instrumentales para la creación de la Secretaría

Con pasados tan distintos en sus trayectorias vitales desde la misma geografía natal, uno sonorense el otro oaxaqueño, convergieron inicialmente en una causa común: el anticarrancismo. Uno, el que organizó la muerte del Varón de Cuatro Ciénegas; el otro, quien abjuró inicialmente de la universidad carrancista para la que fue nombrado rector, con la misión personal de convertirla en “aliada de las reivindicaciones sociales”. Cada quien en su terreno: a) el sonorense, “el vencedor absoluto de la Revolución, el más grande general mexicano de todos los tiempos y, como si esto no bastara, el fundador de nuestro Estado moderno”, como lo resumiera José Emilio Pacheco; b) el oaxaqueño (aunque errante desde pequeño), maderista de la primera hora, el constructor de escuelas, considerado el Maestro de América y —a decir nuevamente de Pacheco—  el hombre que “constituye la personalidad civil más importante del siglo XX en este país”. Dos figuras, dos destinos distintos y una misión compartida por casi cuatro años: la SEP.

La aproximación entre ambos se da hacia el final del carrancismo. Don Venustiano intentó dejar en la presidencia al ingeniero Ignacio Bonillas, recién desempacado de la Embajada de México en Estados Unidos.  Vasconcelos escribe algunos artículos criticando el hecho y esparciendo discreta simpatía por Obregón. Luego, cuando la candidatura se materializa, los hombres de Sonora, jefaturados por Obregón, se levantan en armas con el Plan de Agua Prieta, llegando a la presidencia Adolfo de la Huerta.

Una coincidencia o aproximación adicional: son casi de la misma edad. La fundación de la SEP  los encuentra con 41 años de Obregón y 39 de Vasconcelos. Este, desde la rectoría de la Universidad Nacional propone la fundación de la SEP, y el otro, presidente de la República, lo apoya firmemente, en aquellos tiempos en que las fuerzas armadas insumían la mayor parte del presupuesto nacional sin que este pareciera suficiente ¿Porqué Obregón abraza firmemente esa causa, la de la SEP, aparentemente tan alejada de sus preocupaciones e intereses, y que, además, no figuraba en ninguna de las promesas revolucionarias?

Dos enfoques sobre el progreso de las naciones pueden ayudar a explicar ese misterio. Por un lado, José Emilio Pacheco afirma que: “por más que uno crea que las masas hacen la historia y no los ‘hombres representativos’, es indescartable la huella de las personalidades particulares” (Inventario, Tomo I, Era, 2017, p. 400). Esa idea, breve y casi lacónica, se ahonda y toma cuerpo completo cuatro años después en el libro La ronda de las generaciones (SEP, 1984). Allí su autor, don Luis González y González, sostiene una tesis coincidente, muy elaborada y ejemplificada en las seis generaciones de políticos, intelectuales, sacerdotes, militares y empresarios que van de “la pléyade de la reforma” a los “revolucionarios de ahora” (1935-1958).

Elementos esenciales de esa tesis, en palabras del propio autor, son las siguientes: a) el proceso de cambio cultural se entiende mejor si se fija la vista en los hombres responsables de las mudanzas históricas; b) los auténticos responsables del cambio social son minorías rectoras . . . no masas sin rostro; c) a partir de Ortega y Gasset, son las “minorías dirigentes”, los líderes, “los pocos que vislumbran a lo lejos . . .” los que logran dicho cambio sociocultural.

De acuerdo con don Luis, Obregón y Vasconcelos forman parte de esa minoría rectora de la etapa 1920-1934”. Durante 32 meses forjaron el ministerio que “acaso transforme el alma de México”, como sostenía Vasconcelos. Luego, hacia el final del cuatrienio de Alvaro Obregón, y conforme se perfila la candidatura de Plutarco Elías Calles para sucederlo, Vasconcelos comienza a tener diferencias con el presidente. Se separa del cargo antes de concluir su mandato, pretextando lanzar su candidatura para el gobierno de Oaxaca. El trabajo y la acción de la SEP languidecen. Era difícil encontrar un titular que tuviese la mística de Vasconcelos. No en balde, como el decía: “la Secretaría que estaba creando era mi amada exclusiva”. En los siguientes seis años, hasta 1930, se suceden siete titulares de la SEP y León Toral asesina a Alvaro Obregón, presidente electo, en julio de dos años atrás. Aún con todo ello, la semilla había germinado. 

1 comentario en «Obregón y Vasconcelos en el Centenario de la SEP»

  1. No eran tan diferentes como señalas. Ambos eran egocéntricos y por ello no podían durar mucho tiempo unidos. Vasconcelos sólo quería sobresalir y Obregón no lo dejaba. Con frecuencia jugaba a renunciar, hasta que hartó a Obregón y se la aceptó y le hizo creer que apoyaría su candidatura a gobernador de Oaxaca, para alejarlo.
    Muy acertado lo que anota Pacheco, pero se le olvidaron las pretensiones intelectuales de Obregón que admiraba a los poetas y hacía versos, malos y crónicas largas (8 mil kilómetros en campaña).
    Consagró a Lopez Velarde como «poeta de la Patria». Tenía interés en la cultura y la educación, lo que no se puede decir de muchos generalotes.

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