Luchar por la conservación del ajolote abonaría al rescate de todo el ecosistema: experto de la UAM

El doctor José Antonio Ocampo Cervantes, jefe del CIBAC de la UAM participó en el Ciclo Xochimilco Hoy: Depredación, aprovechamiento y Conservación, quien refirió que en el CIBAC habita una colonia de ajolotes fundada en 2007, gracias a la cual se llevan a cabo investigaciones sobre reproducción en cautiverio, manejo integral y cultivo de esta especie.

Los ajolotes dorado y el rosado son razas selectivas que muestran un defecto, pero si lo que se desea es la conservación del genoma como recurso genético de México y propiedad de los mexicanos, será necesario mantener el fenotipo original.

Si al ajolote se le considerara una especie bandera y se luchara por su conservación dentro de sus lagos de origen, no sólo se revertiría su peligro de extinción, también se protegería a las demás variedades que habitan en su entorno, otorgándole una oportunidad de recuperación a todo el ecosistema, declaró el doctor José Antonio Ocampo Cervantes.

El jefe del Proyecto Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC) de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) sostuvo que desde 1972 se tienen reportes de investigaciones sobre los métodos de regeneración de este peculiar anfibio y su incuestionable aporte como modelo científico.

Durante el Ciclo Xochimilco Hoy: Depredación, aprovechamiento y Conservación, el doctor Ocampo Cervantes señaló que cuando el ambystoma mexicanum o ajolote pierde una extremidad, comienza un proceso de cicatrización con células que migran hacia la parte dañada y crean una capa de tejido que mediante la activación y desactivación de algunos genes y con la señalización de ARN mensajero, regeneran tanto tejido muscular como nervioso, óseo, piel, todo.

Esta capacidad se va modificando con el paso del tiempo, es decir, uno joven se regenera más rápido que uno adulto, por ejemplo, una larva en formación que es mordida por otro animal tarda unos 20 días en reestablecer esa extremidad, pero un ejemplar de tres o cinco años tarda meses y quizá no lo consiga en forma exitosa.

Ocampo Cervantes, doctor en Ciencias Marinas, refirió que en el CIBAC habita una colonia de ajolotes fundada en 2007, gracias a la cual se llevan a cabo investigaciones sobre reproducción en cautiverio, manejo integral y cultivo de esta especie. En 2013 se hizo un ejercicio de liberación de ejemplares en San Gregorio Atlapulco –uno de sus principales lugares de origen– con el fin de lograr un proceso de reintroducción.

El investigador explicó que los ajolotes dorado y el rosado son razas selectivas que muestran un defecto, pero si lo que se desea es la conservación del genoma como recurso genético de México y propiedad de los mexicanos, será necesario mantener el fenotipo original, lo cual no sólo es importante por su cualidad de regenerarse, sino porque esta especie podría propiciar la recuperación de todo el ecosistema xochimilca.

De las 32 variedades del continente americano, en México hay 17, las cuales son endémicas y cuentan con una amplia distribución que va del centro al norte; la ambystoma mexicanum es la especie de ajolote más famosa, que conserva sus rasgos larvales en su vida adulta, con una aleta dorsal de renacuajo que recorre casi la totalidad de su cuerpo y sus branquias externas que sobresalen de la parte trasera de su ancha cabeza.

Sin embargo, los ajolotes y los demás géneros de Xochimilco se enfrentan a problemas muy fuertes por el impacto de actividad humana, entre ellos la pérdida del hábitat que cambia de ser natural a uso de suelo habitacional, mientras se van modificando los cuerpos acuícolas para construcción y desaparece el espejo de agua de los canales. Además está la presencia de especies invasoras, entre ellas la tilapia y la carpa, que han contribuido al declive de las poblaciones silvestres.

La zona lacustre de Xochimilco ya es un ambiente artificial, pues ya no recibe agua de fuentes naturales, sino que se abastece de las plantas de tratamiento del Cerro de la Estrella y San Luis Tlaxatemalco, sin las cuales Xochimilco no podría mantenerse vivo.

La contaminación vertida por aguas grises sin tratamiento a los canales ha afectado a toda la fauna, pero también las actuales lanchas motorizadas que sostienen a 20 o más personas mantienen un elevado consumo de combustibles y metales pesados, creando un problema fuerte por metales suspendidos y disueltos.

“Si a esto sumamos su venta para consumo o como mascota, pronto veremos el irremediable fin de esta maravillosa especie mexicana”, dijo al dictar la conferencia Ajolote, un código genético con capacidad de regeneración.

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