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Las tres pistas de la carrera académica

Son muchos los problemas que tiene el docente, al que se suma el estrés de la tiranía de las jerarquías y el “éxito”

Los estatutos o reglamentos del personal académico en las universidades públicas señalan los mecanismos de ingreso y promoción de profesores, investigadores y técnicos o asistentes académicos, que son las figuras centrales en las que se divide el conjunto de personas que enseñan o investigan en estas casas de estudios.

Para cada figura, la legislación indica las categorías y los niveles a los que se puede ingresar o promover. Para los de tiempo completo, por lo común, existen dos categorías divididas cada una en tres niveles. El monto de los sueldos va de menos a más según se avance en el tabulador. Por ejemplo, donde existen las categorías de asociados y titulares, el asociado A es el que recibe un menor sueldo y el titular C el que recibe la más alta remuneración. El recorrido entre categorías y niveles se puede hacer en los tiempos marcados por la legislación, por la vía de un concurso, en el que hay que probar los méritos que se tienen para ganar.

Señalo todo esto para ilustrar que el paso entre categorías y niveles constituye la carrera académica institucional. Dicha carrera se trastocó en los años ochenta del Siglo pasado cuando los altísimos niveles de inflación deterioraron el sueldo de los académicos.

Ante la salida de los profesores para impartir clase en varias instituciones, y la vinculación de algunos investigadores a la fuga de cerebros, se tuvo que inventar un corrector para aumentar el ingreso de los académicos, mediante una política de deshomologación salarial. Es decir, que alguien en una dada posición en el escalafón universitario podía ganar más que otro colega en la misma posición escalafonaria. Cada uno va a recibir un ingreso diferente según su esfuerzo. Se enfatizó el mérito.

Y llegó el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ofreciendo becas para compensar el deterioro salarial. Que originalmente iba a ser una medida temporal, hasta que pasara el temporal inflacionario. Lleva más de 40 años. Se abrió un sistema jerárquico externo al de las instituciones, con cuatro niveles. Para doctores, de tiempo completo, con publicaciones.

Como el SNI sólo capta a una franja minoritaria de los que tienen tiempo completo, se instalaron programas institucionales semejantes, para evaluar el desempeño de los académicos. Comenzó la becarización (Suárez, 2011), se instauró la competencia y la productividad, para ser alguien más que los otros. A partir de aquí, los académicos de tiempo completo pueden concursar en tres tipos de jerarquía, cada una con sus propios requisitos y demandas.

La beca, o la doble beca, significa una proporción considerable del ingreso. Los académicos luchan para no perder los complementos al ingreso básico que paga la institución. Tener o mantener una beca para una mejor subsistencia es prioritario, inclusive frente a los compromisos pactados con la institución de adscripción. El monto de la beca lo deciden quienes forman los comités dictaminadores, divididos por campo disciplinario.

De la deshomologación salarial se derivó el énfasis en las mediciones de lo que hace un académico. La cantidad de productos, en un tiempo marcado, es definitoria para recibir una beca. Cuenta, asimismo, dónde se publica, el prestigio de las editoriales o revistas, dar clases en los posgrados de calidad, etc.

En suma, el régimen laboral de los académicos de carrera es un galimatías, con tres sistemas de salida y de llegada, con metas distintas en cada uno, donde lo que cuenta son los puntos que se ganan en el trabajo, asignados de manera distinta en cada sistema jerárquico. Es un régimen que coincidió con el predominio de la lógica de mercado en la sociedad.

Este régimen académico de varias jerarquías concuerda con la planeación estratégica en las universidades, las cuales tratan de obtener recursos económicos que las auxilien para cumplir los programas oficiales y posicionarse en los “ranking”. Estratificación y desigualdades institucionales, que no es lo mismo trabajar en una universidad federal que en una estatal de una entidad no desarrollada; lo cual no tienen en cuenta los dictaminadores, porque ellos sólo evalúan lo que hizo la persona, su producción curricular en un tiempo determinado.

Los académicos exitosos son quienes alcanzan los escaños más altos en los tres sistemas. Competir supone un trabajo muy arduo y, en la academia, un estrés adicional al que se tiene normalmente en este trabajo. Perder una beca o disminuir de nivel, “fracasar”, tiene un costo económico, pero también psicológico. Desvaloriza al académico, a su trabajo y a su contribución al conocimiento de un área. Pierde prestigio, estima y dignidad en la comunidad académica; remontar la situación implica tener que trabajar más duro que antes, esforzarse para alcanzar de nuevo el nivel que tenía.

Son muchos los problemas que tiene el trabajo y el trabajador en su carrera académica, en medio de una fragmentación de jerarquías. Diría que hace falta investigación para conocer con mayor profundidad cómo ha operado la tiranía del mérito (Sandel, 2020) en la academia mexicana y abundar en cuáles han sido sus consecuencias colectivas y personales.

Humberto Muñoz García
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx

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