Cinco claves para enfocar el futuro de la educación superior

Ma. Teresa Nicolás Gavilán

Ma. Teresa Nicolás Gavilán

Vicerrectora académica y de Innovación Educativa de la Universidad Panamericana, campus México.

- Nueva academia. Las nuevas tecnologías no deben adapatarse a los viejos modelos sino hacerlos evolucionar; el aprendizaje debe ser colaborativo y flexible.

Cinco claves para enfocar el futuro de la educación superior

Enseñar. La universidad debe actualizarse para constituir una experiencia integral y transformadora

Los jóvenes son el futuro en presente, por eso la educación de los jóvenes es la educación de futuro y en ellos quiero centrar mis reflexiones.

Pienso que la educación superior del futuro debe ser considerada desde cinco aspectos, que se interrelacionan entre ellos: la educación incesante, la educación emocional, la educación transformadora, la educación flexible y la educación personalizada. ¿Y la tecnología? Se preguntarán ustedes, pues está y estará muy presente en cada una de estas características como una aliada práctica.

La educación debe ser considerada como incesante porque el universo físico y la red son una “hiperaula” donde se ofrecen conocimiento teóricos y prácticos. El aprendizaje se da en espacios formales e informales, sin distinguir barreras de tiempo y espacio. Sin embargo, no todo lo que se enseña logra educar, y es por esto por lo que frente a los que promulgan la muerte de las universidades, sustituidas por cursos online, les respondo sencillamente: no, se requiere el arte de saber educar para para que la información genere aprendizaje.

La segunda característica es la educación emocional, considerada en dos perspectivas: enseñar con las emociones y dar educación emocional. Como señala Francisco Mora, la clave no está en fomentar las emociones en el aula, sino en enseñar con emoción, porque el aprendizaje que va acompañado de experiencias emocionales positivas es el que perdura. Por lo tanto, un campo de estudio emergente para los profesionales de la educación puede ser la neurodidáctica. También es importante considerar que se debe fomentar la inteligencia emocional, es decir la capacidad de percibir, expresar, comprender y gestionar las emociones.

La tercera característica es que la educación sea transformadora, en el sentido de lograr un cambio o conversión. El concepto de aprender a convertirse —que propone la Unesco— busca poner de manifiesto “una filosofía de la educación y un enfoque pedagógico que ve el aprendizaje como un proceso de desarrollo permanente que se da de manera continua y a lo largo de toda la vida (…) la idea de aprender a convertirse hace referencia a la necesidad de desarrollar la capacidad de imaginar una vida buena y plena”.

Esta conversión nos lleva de la mano a la cuarta característica: la flexibilidad. Esta flexibilidad se debe encontrar tanto en los contenidos como en las estrategias docentes. La clase magistral desaparecerá y el profesor se convertirá en guía del alumno. La innovación pedagógica en el ámbito de la enseñanza debe fluir en el seno de la comunidad, y el aprendizaje debe ser cooperativo y colaborativo. La tecnología y las estrategias didácticas se deben enfocar a las metodologías activas. 

La última característica es que el aprendizaje debe ser personalizado; a esta conclusión han llegado expertos internacionales en el informe realizado por la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (Wise, en inglés). Es importante acompañar uno a uno a cada estudiante para que desarrolle su mejor versión de sí mismo.

El reto de educar a los “pandemials” requiere de, en las instituciones de educación superior, educadores “vacuna”, que promuevan una educación que genere los más poderosos anticuerpos. Estas son las convicciones que defino como ideas clavadas en el corazón. 

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