La era Trump y la manipulación mediática

La era Trump y la manipulación mediática

Estados Unidos se ha estancado en el mundo de la posverdad y eso puede traer consecuencias devastadoras

Salvador Medina

Salvador Medina

EL HABLADOR
Director Editorial de Campus Milenio

salvador.campus@gmail.com

Desde aquella infame tarde del 16 de junio de 2015, el mundo dejó de ser el mismo. La imagen de Donald Trump, un controversial empresario y estrella de reality shows, bajando por las escaleras eléctricas del edificio que lleva su nombre en la ciudad de Nueva York para anunciar su candidatura para contender por la presidencia de Estados Unidos por el partido republicano, va a pertenecer por siempre a la historia del mundo posmoderno.

Trump subiendo al podio al son de Keep on rockin’ in the free world, el himno anticapitalista de Neil Young, es surrealismo puro. Ese día, el ahora presidente de Estados Unidos lanzó una frontal diatriba racista, enfocada particularmente en los mexicanos pero refiriéndose a todos los migrantes latinos, que no sólo lo colocó como el favorito sino que reavivó un sentimiento que yacía en la sociedad conservadora de aquel país. Con el tiempo, el discurso de Trump se ha recrudecido y ha encontrado eco en supremacistas blancos, tanto así que ha hecho todo lo posible para evitar confrontarse con ellos, considerando la cercanía de su reelección.

Como nunca en su presidencia, Trump se encuentra contra las cuerdas. Es tal su desventaja en las encuestas, en el contexto de una histórica desaprobación frente al trágico manejo de la pandemia de covid, que lleva meses usando sus usuales artimañas para mantenerse en el poder.

Además de lanzarse contra USPS, el correo postal, Trump ha asegurado que el de noviembre será un fraude histórico perpetrado por el opositor partido demócrata, aunque carezca de evidencia alguna. Eso, evidentemente, no ha evitado que los medios, en particular los afines a él, propaguen esa vil propaganda. Pero claro está que Facebook ha sido el canal favorito para llegar a su público objetivo, ese dispuesto a salir a las calles en armas, y que le será fiel hasta las últimas consecuencias.

Ahí está el caso de Kyle Rittenhouse, el joven conservador de 17 años que cruzó líneas estatales provocado por lo que mostraban las redes sociales acerca de una manifestación de Black Lives Matter en Kenosha, Wisconsin. Rittenhouse ha sido alabado por el ala de derecha como un “héroe” y el presidente Donald Trump se ha negado a condenar sus acciones. Por el otro lado, en el primer debate rumbo a las votaciones de noviembre, atacó a la supuesta ala radical de izquierda, conocidos como Antifa, por sus acciones contra la policía.

No se trata, por desgracia, del único caso en que aliados de Trump han atacado o asesinado personas, mostrando la intolerancia que su base ha mostrado contra las minorías que viven en aquel país. Apenas el año pasado, un tirador cercano a sus políticas asesinó a 20 personas en una tienda de El Paso, Texas, en su mayoría latinos, impulsado también por las políticas antiinmigrantes del presidente Trump. También en abril de este año, un hombre atacó a una familia de ascendencia asiática por miedo de contagio de covid. Trump ha usado sus espacios llamándolo el “virus de China”, algo que ha generado sentimientos antiasiáticos, según lo reportado por el propio FBI.

Una y otra vez, aunque el ex conductor del reality show The Apprentice ha atacado y despreciado a las minorías, al mismo tiempo que ha expresado su admiración por dictadores como Putin y Kim Jong-un, se ha deslindado de sus propias declaraciones cuando le ha convenido, señalándolas como fake news.

Lo cierto es que, asesorado por caciques de derecha como Steve Bannon, Trump entendió algo esencial del mundo actual: la percepción es más importante que la realidad.

El servilismo mediático

Si bien la cadena informativa Fox News, propiedad de Rupert Murdoch, fue trascendental para el auge de Trump hasta la presidencia, su lealtad ciega ha sido cuestionada a últimas fechas. Al presidente de Estados Unidos le molesta siquiera que se cuestione sus aptitud y capacidades así como su conocimiento. Aunque al principio de la crisis sanitaria por covid, la cadena se alineó a la postura oficialista de que se trataba de una farsa perpetrada por la izquierda radical, la lógica innegable de su gravedad los obligó a recular. Es así que Trump ha girado su atención a OANN, One American News Network.

En palabras de Marc Fisher del Washington Post, OANN hace ver a Trump como “una fuerza de progreso, un resplandeciente éxito con incontables logros diarios”. La influencia de la cadena es notoria en el discurso de Trump, haciendo uso incluso de sus reporteros en las conferencias de prensa para colocar noticias sobre supuestas coordinaciones entre el partido demócrata y los comunistas chinos.

Trump no es tímido para poner en la agenda nacional e internacional, teorías oscuras y absurdas de conspiración como Q Anon, que han proliferado gracias a las redes sociales. Y aunque Fox News todavía tiene a patéticos personajes como Tucker Carlson, lo cierto es que su sometimiento al presidente ha cedido.

Pero el presidente estadunidense entiende la fortaleza de las redes sociales. Es así que en el debate con Joe Biden, vociferó innumerables falsedades, prácticamente todas descartadas por medios serios, del hijo de su opositor y sus nexos con Ucrania.

Su auge hasta la silla presidencial más notoria del mundo lanzó al mundo a una espiral de sinrazón y confusión. Para los medios, es más entretenido transmitir los erráticos discursos de un hombre que se ha declarado en bancarrota múltiples veces, antes que dar espacio a conciliadores esfuerzos de verdaderos líderes del mundo progresista.

Estados Unidos se ha estancado en el mundo de la posverdad y las consecuencias de ello pueden ser devastadoras para el mundo. Con una Suprema Corte a su servicio y radicales de derecha listos para levantarse en armas en caso de perder la reelección, no es un exceso decir que Trump amenaza la democracia como la conocemos. 

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Salvador Medina
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