La prodigiosa vida del libro en papel

Juan Domingo Argüelles

Juan Domingo Argüelles

FABULACIONES
Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura.

Aquellos que no gusten de la lectura, no la practicarán en ningún soporte

La prodigiosa vida del libro en papel

A pesar de que cada año se pronostica su muerte, continúa siendo el medio más práctico y preferido

Ediciones Cal y Arena (en colaboración con Bookmate) acaba de hacer el lanzamiento en formato digital de mi libro La prodigiosa vida del libro en papel, que posteriormente aparecerá en formato físico. Los estragos de la pandemia del covid-19, no sólo en la salud, sino también en la economía y, especialmente, en la cadena productiva del libro, nos han obligado a los editores y a los autores a usar las herramientas digitales para acercar los libros a los lectores, así sean los irredentos del libro físico, con la promesa de que pronto tendrán en sus manos el volumen tradicional.

La prodigiosa vida del libro en papel. Leer y escribir en la modernidad digital (Cal y Arena, 2020) es un volumen de ensayos que evidencia la importancia que tiene el libro tradicional en la mayoría de los países del mundo, a grado tal que sólo el 30 por ciento de los mercados con mayor desarrollo de lo digital produce e-books. El 70 por ciento restante es de libros en papel que, por lo demás (y está probado) constituye una tecnología más limpia, con menos huella de carbono, aunque muchas personas, equivocadamente, piensen lo contrario.

Como ha dicho el editor y promotor español del libro Manuel Gil, ninguna tecnología es precisamente limpia, pero, si oponemos las tecnologías de internet a la vieja tecnología del libro tradicional, impreso en papel, ésta gana por goleada en cuanto a ser una tecnología menos dañina para el planeta. Por ello, en La prodigiosa vida del libro en papel insistimos en la recuperación de la vieja biblioteca básica universal, en papel, para los hogares: una biblioteca que es formativa y pedagógica en lo intelectual y en lo emocional.

En este libro planteamos aspectos de análisis y opinión, pero también elementos indiscutibles que la historia y las evidencias confirman científicamente. Desde que, en 1995, Nicholas Negroponte, profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Massachussets, profetizó la inminente muerte del libro en papel (¡en su libro en papel Ser digital!), no han cesado los augurios sobre el fin de la era del libro en su soporte tradicional, y, sin embargo, las grandes, medianas y pequeñas editoriales siguen publicando libros en papel, porque quienes son ávidos lectores practican el ejercicio de leer, preferentemente, en este soporte.

Leen libros, en papel y en pantalla, los lectores irredentos, y no los leen, ni en uno ni en otro soporte, quienes sólo se dedican a picar migajas y fragmentos en internet, y quienes creen, además, que información e hiperconexión equivalen a formación educativa y cultural. Somos los seres humanos los que creamos el universo simbólico y no a la inversa, es decir no son los símbolos los que nos crean a nosotros, y por ello seremos siempre los seres humanos los que vayamos transformando ese mundo simbólico de acuerdo con nuestras necesidades y nuestras exigencias.

A manera de aforismos, comparto con los lectores algunas de las afirmaciones que hago en este libro y que ojalá provoquen más reflexiones sobre el tema:

Un día el libro fue piedra o tablilla de arcilla, luego fue papiro y pergamino, después papel y ahora pantalla. Después, quién sabe qué será.

Para quien ya conoció los libros y se prendó de ellos, vivir sin libros es una existencia muy poco interesante.

Cuando ya hemos disfrutado de algo, vivir sin ello es posible, pero no recomendable. Es el caso de la lectura de libros.

Un libro es un universo completo que exige toda nuestra disposición intelectual y emocional y no, únicamente, nuestra recepción pasiva.

El libro únicamente revela lo que es cuando se le conoce, y se le comprende, en su totalidad irremplazable.

Ni el libro en papel está en peligro de muerte ni los dispositivos digitales (por excelentes que sean) han conseguido desplazar la lectura del libro tradicional.

Ningún auténtico lector ha renunciado jamás a la lectura, pues quien renuncia a ella es porque jamás fue realmente lector.

Hay dos malentendidos en la promoción y el fomento de la lectura con los cuales hay que acabar de una vez para siempre: que “lectura” equivale a literatura y que “libro” equivale a papel.

Cabe señalar que lo importante de la lectura no reside en las formas o soportes en que se encuentra la expresión, sino en la solidez de los contenidos y en lo que hacemos con ella.

La cultura, en general, y la cultura escrita, en particular, no tienen nada que lamentar y sí mucho que celebrar con el advenimiento de las tecnologías digitales.

Uno de los mayores equívocos sobre las tecnologías digitales es pretender que internet es un sustituto del libro y, en general, de la cultura escrita, cuando en realidad es únicamente un medio, una herramienta y, en todo caso, un continente.

El libro banal, el libro trivial, no dejará de existir, y es casi seguro que, con el mayor desarrollo de las tecnologías digitales, aumente su influencia y su profusión, a pesar de que hoy, hasta en los expendios de diarios y revistas, pueda uno adquirir los clásicos en ediciones impecables.

Para decirlo con palabras de Edith Wharton, los mejores lectores de libros, los lectores creativos, selectivos y críticos, son los que fortalecen socialmente la cultura, porque saben distinguir entre una obra de la más alta calidad estética e intelectual y una obra trivial e irrelevante, cosa que, aunque parezca fácil, no es fácil. Se necesita formación para ello.

Dejémonos de eufemismos: aunque todo el mundo tiene derecho a leer lo que se le pegue la gana (¡faltaba más!), no es lo mismo Tolstói que Paulo Coelho, y no están en el mismo nivel, de creación estética e intelectual, Guerra y paz que El alquimista.

Solemos olvidar el axioma más conocido de Marshall McLuhan y, cuando no lo olvidamos, somos incapaces de comprenderlo: “el medio es el mensaje”. Más que determinismo tecnológico es metáfora poética, para explicar la realidad.

Como bien señala Lance Strate, “los medios, en un sentido amplio, son extensiones del ser humano, y también amputaciones, ya que la tecnología funciona, en la práctica, como prótesis”.

Para decirlo en pocas palabras, las tecnologías de los medios, “como extensiones nuestras, son producidas por nosotros a nuestra imagen”.

¿“El medio es el mensaje”? Por supuesto. “A preguntas necias, respuestas necias”. Strate clarifica: “La idea de que las preguntas que hacemos tienen que ver con las respuestas que obtenemos está íntimamente ligada a ‘el medio es el mensaje’, y ha tomado su forma más vanguardista en el mantra de la informática garbage in, garbage out (GIGO), es decir, ‘mete basura, saca basura’.”

Si, como lúcidamente, señaló Wharton, los grandes libros tienen, según sean los lectores, el valor que puedan sacar de ellos, el peor lector sacará, sin duda, el menor provecho.

Ningún autor escribe para todos, aunque, quiméricamente, todos pudiesen leerlo.

*Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son ¿Qué leen los que no leen? (Océano, 2017, nueva edición definitiva), Antología esencial de la poesía mexicana (Océano/Sanborns, 2017), Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018) y Escribir y leer en la universidad (ANUIES, 2019). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Juan Domingo Argüelles
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Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son ¿Qué leen los que no leen? (Océano, 2017, nueva edición definitiva), Antología esencial de la poesía mexicana (Océano/Sanborns, 2017), Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018) y Escribir y leer en la universidad (Anuies, 2019). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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