Ezequiel, una vida entregada a la educación

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El abogado redactó y logró un consenso para un proyecto de autonomía de la Universidad Nacional

Ezequiel, una vida entregada a la educación

La vida de esta figura histórica es una apuesta por la educación entendida como herramienta emancipadora del ser humano

La educación es el arte filosófico por excelencia. Antonio Caso

 

“Un hombre caracteriza su modo de ser no sólo por sus éxitos, sino por sus ensueños y sus ilusiones, lo mismo que se caracteriza también el medio social en que tal hombre, con próspero o con adverso suceso, vive”, así lo consideraba don Ezequiel A. Chávez quien nació un 19 de septiembre, pero de 1868.

Pocas personas como él participaron en la construcción de tantas instituciones educativas en un periodo que abarcó el encumbramiento y ocaso de una de las administraciones más largas de la historia: el porfiriato y la Revolución. El porfiriato tuvo tres grandes ministros de educación, Justino Fernández, Joaquín Baranda y Justo Sierra; don Ezequiel colaboró con estos dos últimos.

A la caída del régimen porfirista, Chávez Lavista, ya había formado a una generación de profesionistas que empezaban a tomar cargos en la dirección de la administración pública, uno de sus discípulos fue José Vasconcelos. De acuerdo con las memorias de Ezequiel Chávez fue Vasconcelos quien “logró entonces lo que fue el principal fin de mi colaboración: que fuera derogada la ley que suprimió́ el 5 de febrero de 1917 la Secretaría de Instrucción Pública de México”.

Sin duda nuestro personaje de hoy, es uno de los patriarcas que han construido los cimientos nacionales. Durante los 12 años que Chávez Lavista colaboró con Justo Sierra, consiguió mejoras en los salarios de los trabajadores de la educación y que se proporcionaran desayunos escolares a los infantes más necesitados, además, según nos cuenta en sus Obras: “una insinuación mía había movido al eximio filántropo don Gabriel Mancera a erogar de su propio peculio los gastos de los desayunos escolares de una de las escuelas, la que… estaba ubicada fuera de la ciudad, junto al Peñón de los baños, en un poblado consumido por la miseria, causada por la desecación del lago de Texcoco”.

Antes de que Carranza llegara a la presidencia de la República, durante el breve gobierno de Eulalio Gutiérrez, Vasconcelos se ocupó de la cartera educativa y llamó a don Ezequiel, quien redactó y logró un consenso para un proyecto de autonomía de la Universidad Nacional, así como otro proyecto para federalizar la educación en México a cargo de un ministerio; es decir, u proyecto como la actual Secretaría de Educación Pública (SEP).

De acuerdo con las memorias de Vasconcelos “don Ezequiel Chávez escribió un libro impecable. Pero yo ya tenía mi ley en la imaginación. La tenía en la cabeza desde mi destierro de Los Ángeles antes de que soñara volver a ser Ministro de Educación”.

Pero todavía más, la Universidad Nacional que inauguró Justo Sierra, no se hubiese materializado sin el trabajo de Chávez Lavista. En 1903, Ezequiel Chávez fue comisionado por el gobierno mexicano para estudiar las grandes universidades de California, sus planes de estudio como su estructura organizativa, todo ello para tomarlas como modelo y crear nuestra propia universidad. De hecho, don Ezequiel fue dos veces rector de la Universidad Nacional, la primera de ellas a la caída de Madero, con el acenso de Huerta al poder; a la caída de Huerta, don Ezequiel nos cuenta como:

“Martin Luis Guzmán, hijo de un valiente, leal y pundonoroso soldado que había muerto luchando en defensa del presidente don Porfirio Díaz, y que ahora ocupaba un puesto de importancia en el despacho de los asuntos de la Secretaría de Gobernación, se me presentó en la Rectoría para hacerme saber el propósito del nuevo gobierno de cambiar desde luego por otras personas, a quienes durante el gobierno que acababa de desaparecer habían tenido a su cargo importantes servicios”.

Una de las características más emocionantes de la biografía de Ezequiel Chávez es justamente su distanciamiento del poder, ocupa distintos cargos como subsecretario de educación, rector de la universidad, pero en realidad él es un pensador, un filósofo, un maestro. Cuando Carranza se hace del poder central desde la Ciudad de México, a don Ezequiel le cancelan hasta sus clases en la Escuela Nacional Preparatoria y nos cuenta:

“En medio de las increíbles zozobras y angustias que por largos y acongojados meses habían hecho víctima a la ciudad de México, no había dejado ni un sólo día de cumplir mis obligaciones como profesor, fueran quienes fuesen las facciones políticas triunfantes o vencidas que ocuparan o desocuparan la ciudad, y fuera cual fuese el riesgo entonces en la calle, convencido como lo he estado siempre de que por encima de los gobiernos cambiantes y efímeros están los servicios y las obligaciones de orden social”.

Lo que eran los funcionarios de aquel tiempo, con más de 20 años dedicado a la educación ocupando cargos decorosos como las subsecretarías y la rectoría de la Universidad Nacional, al ser suspendido de sus clases en la Preparatoria, don Ezequiel no tiene más medios para sostener a su familia que la migración, por lo que se va a buscar suerte a los Estados Unidos.

Al relevo de Carranza, Ezequiel regresa a México y continúa su acción educadora y funda la primera Facultad de Humanidades. Su vida es una apuesta por la educación entendida como esa gran herramienta emancipadora y constructora de una idea de Nación. Dice Antonio Caso que sólo los filósofos pueden ser educadores, pues don Ezequiel sin duda que fue un gran filósofo que construyó las bases sistemáticas de nuestra educación.

Héctor Martínez Rojas
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