Los intelectuales y el poder

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Los intelectuales y el poder

El conocimiento es poder, por lo que para el intelectual, que lo ostenta, representa algo irrenunciable.

El intelectual toma partido, no puede permanecer aislado en una torre de marfil. La construcción de instituciones educativas así lo refleja, a lo largo de la historia, tanto la institucionalización de los centros de educación como sus planes de estudio responden a una ideología, a un propósito de nación.

En la palestra global, rescatamos un debate de 1987, a propósito del Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas, celebrado en Valencia, España, el cual fue presidido por el poeta mexicano Octavio Paz. A propósito de este evento, Televisión Española invitó a cinco intelectuales más a una mesa de debate: Fernando Savater, Mario Vargas Llosa, Jorge Semprún, Juan Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán.

En esta esgrima de ideas, Paz plantea como la figura del intelectual es heredera del monasterio, pues los intelectuales son los dignos descendientes de los clérigos; ese es el “intelectual orgánico”, el que está integrado a la sociedad y al Estado; más aún, lo justifica.

No obstante este mismo intelectual orgánico puede ser un rebelde, un ejemplo es Bartolomé de las Casas, quien nos brindó los primeros testimonios terribles contra la Conquista de América. Lo importante, destaca Paz, es que el intelectual sin ser traidor a su fe, tenga la capacidad de criticar a su iglesia.

Cuánto valor toman estas palabras esta hora de la nación. En otro momento, Paz plantea una ventana para la comprensión del devenir intelectual. Antes del Siglo XVII, el intelectual tenía como fuente un libro único: La Biblia. Actualmente el intelectual, tiene una cantidad insospechada de fuentes, el conocimiento se ha diversificado, en gran medida gracias al trabajo de las universidades.

El compromiso fundamental del intelectual (el creador, narrador, poeta), plantea en este debate, Goytisolo, es devolver a la comunidad lingüística a la que pertenece una creación distinta a la que ha recibido al empezar a realizar su función; si no ha añadido nada a este árbol de la literatura, su existencia literaria no se justifica. En el ámbito social el intelectual tiene el deber de permanecer independiente al poder democrático al que pertenece.

En estos términos, Savater, este gran educador Español, pone la tilde, el conocimiento es poder, luego entonces el intelectual no puede renunciar al poder porque él mismo lo ostenta. Tres años antes de que compitiera en las elecciones por la presidencia de Perú, el escritor sudamericano Vargas Llosa, plantea como el intelectual debe participar socialmente militando en corporaciones, gremios o partidos, “lo importante es que el intelectual cuando se compromete de ese modo, aporte al grupo donde milita una mínima independencia e integridad”.

Al concluir esta mesa de análisis sobre el compromiso de los intelectuales, queda claro que de la historia mundial ha emergido el fracaso de las ideologías totales. Problemas distintos, soluciones distintas, la diversidad es la nueva regla.

Decíamos al principio que el intelectual como las instituciones educativas responden a un propósito de nación. Cuando se creó la Universidad Nacional, Justo Sierra fue claro al advertir que nuestra máxima casa de estudios no podía abstraerse en el microscopio ni en el telescopio mientras un país a su alrededor se desorganiza. 

Años más tarde, Vasconcelos confiesa que para crear la SEP “no había otro recurso que combinarlos todos: la gestión personal, el resorte político y, por encima de todo, la presión popular. Para crear esa presión movilicé a la intelectualidad, agrupada ya en torno de nuestra modesta Universidad Nacional”.

La institución educativa pues, como centro de poder, pero no sólo las de educación superior, recordemos que éste es el propósito y esencia de la educación en todos sus niveles; dos ejemplos.  

En la educación primaria, el gran normalista Torres Quintero, al hablar sobre la creación de la Escuela Normal, impulsada por Ignacio Manuel Altamirano en 1887, apuntó: “¿Por donde comenzar esta obra de construcción? Por la creación de una escuela normal de donde salieran maestros que como él (Altamirano) llevasen una antorcha en la mano para alumbrar las conciencias y hacer nacer en las almas la aurora alegre y brillante del día intelectual”.

En la Educación Media Superior, Gabino Barreda, recién creada la preparatoria (1870), le escribe a su amigo el Gobernador del Estado de México, Mariano Riva Palacio “¿Qué son diez, quince o veinte años en la vida de una nación, cuando se trata de cimentar el único medio de conciliar la libertad con la concordia, el progreso con el orden? El orden intelectual que esta educación tiende a establecer (la preparatoria), es la llave del orden social y moral que tanto necesitamos”.

Héctor Martínez Rojas
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