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Proceso de selección a distancia, un reto universitario

La crisis sanitaria trajo para las universidades el desafío de reconsiderar sus procesos para escoger a los alumnos que entrarán a sus filas

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La pandemia ha obligado a las instituciones a realizar pruebas de admisión no presenciales.

Eduardo Backhoff Escudero
Eduardo Backhoff Escudero

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.

Una tarea que enfrentan las instituciones de educación superior, todos los años, es la de seleccionar a los aspirantes que desean ingresar. Usualmente, esto se hace a través de un proceso de admisión que contempla varios elementos. El de mayor peso, sin duda, es la preparación académica que tengan los aspirantes para estudiar una carrera profesional. Esto se sustenta en el argumento de que, a mayor nivel académico, mayor será la probabilidad de que un estudiante termine exitosamente sus estudios profesionales (considerando que tenga la vocación y dedicación necesarias). La preparación académica de los estudiantes, usualmente, se mide a través de algún examen estandarizado que evalúa los conocimientos y habilidades que los estudiantes logran adquirir al finalizar la educación obligatoria. En muchos casos, esta evaluación se complementa con el promedio de calificaciones, con una encuesta o, bien, con alguna entrevista.

Evaluar la preparación académica de una persona de manera válida y confiable es una tarea compleja que requiere de la participación colegiada de una cantidad importante de expertos (en evaluación y en las disciplinas a evaluar), así como de mecanismos y procesos rigurosos que aseguren que los resultados de la evaluación reflejan el nivel real de conocimientos y habilidades de los estudiantes. Si esta premisa se cumple, el proceso de selección de una institución habrá cumplido con su misión: dar prioridad a los estudiantes con mejor preparación. Si no se cumple, el proceso de admisión se convertirá en una burda simulación.

Partiendo de la suposición de que un examen de ingreso esté bien elaborado, existen muchos obstáculos para lograr la meta de contar con un proceso de admisión justo, transparente y eficaz. Esto se debe, entre otras cosas, al interés de las personas (estudiantes y familiares) por ingresar a una institución, independientemente, de que para ello se utilicen medios ilegítimos o no éticos, tales como: robarse o comprar el examen, hacer trampa para responder (copiar, solicitar ayuda, consultar libros), corromper a una autoridad universitaria, etc.

La pandemia ha puesto a las instituciones mexicanas de educación superior en una tesitura difícil de resolver, para la cual no estaban preparadas: implementar proceso de admisión a distancia o en casa. Lo anterior implica que el aspirante debe de responder un examen de conocimientos con su propio equipo de cómputo y red de Internet, en una condición de poca o nula vigilancia, lo que permite (y fomenta) las siguientes irregularidades: 1) sustitución de identidad (un tercero se hace pasar por el estudiante), 2) consultar fuentes de información no permitidas (páginas electrónicas, libros, apuntes), 3) compartir y copiar respuestas de terceros (por telefonía celular, redes sociales, correo electrónico, etc.) y 4) responder en forma remota (un tercero responde desde otra computadora).

Dada la vulnerabilidad de la evaluación en línea sin supervisión, algunas empresas han desarrollado sistemas de vigilancia inteligentes (ej.: Proctorio) para evitar que sucedan las irregularidades mencionadas. A los estudiantes se les solicita que instalen dichos sistemas en sus computadoras y que habiliten sus cámaras, lo que permite: evitar el uso del navegador, videograbar el comportamiento del estudiante, grabar los sonidos de la habitación, identificar al estudiante en cualquier momento; y, ante una eventualidad, el sistema puede cancelar el examen del estudiante. Otras instituciones han optado por supervisar, a través de un sistema de video conferencias (ej.: Zoom), a grupos pequeños de estudiantes mientras éstos responden su examen de admisión. Con este método, un profesor puede tener a su cargo a grupos de 20 o 30 estudiantes. Aunque estos sistemas disminuyen las conductas fraudulentas, no las acaban por eliminar.

Si bien, con limitaciones importantes, se pueden realizar exámenes de admisión en línea, hay que tomar en cuenta que esta modalidad no es equitativa, ni deseable para una institución seria de educación. Muchos estudiantes de bajos recursos económicos no tienen las condiciones físicas o tecnológicas (computadoras e Internet) para responder un examen en casa. Otros apenas tendrán las condiciones mínimas, por lo que la administración del examen se podrá comportar erráticamente, debido a la poca capacidad de la computadora o a la débil señal del Internet.

En nuestra experiencia, entre 10 y 15 por ciento de los aspirantes que realizan exámenes de admisión en línea tiene algún tipo de problema que impide iniciar o terminar el examen, tales como: fallas para prender la computadora, falta total o intermitente de Internet, desinformación para iniciar el examen y dificultades para instalar el programa de vigilancia. Lo anterior significa que, para una universidad que tenga que evaluar a 20 mil aspirantes habrá, simultáneamente, entre dos y tres mil solicitudes telefónicas de apoyo por atender. En estos casos, es común que las instituciones den la oportunidad a estos jóvenes de responder un examen equivalente en alguna fecha posterior, en instalaciones y con equipo de la institución.

También es común que algunas universidades administren su examen de admisión en línea sin ninguna vigilancia, arriesgándose a que los estudiantes copien las respuestas, se ayuden entre sí y difundan los contenidos de la evaluación entre sus compañeros; invalidando sus resultados y todo el proceso de ingreso universitario. Otras instituciones han optado por simplificar su proceso de ingreso, seleccionando a sus estudiantes con base, exclusivamente, en el promedio de calificaciones del bachillerato.

Finalmente, algunas universidades más decidieron continuar con sus mecanismos usuales de ingreso, lo que implicó realizar los exámenes de admisión de manera presencial, tomando las medidas sanitarias correspondientes (ej.: distanciamiento social, uso de cubrebocas y de gel antiviral), lo que en algunos casos implicó prolongar los días de evaluación. Será muy interesante conocer en voz de las propias autoridades universitarias los resultados de sus experiencias y la decisión que tomarán el próximo ciclo escolar, en caso de que la pandemia continúe.

P.D. La misma experiencia se ha tenido para el caso de las instituciones de educación media superior.

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