Huntington, una enfermedad escrita en los genes

Firmas invitadas

Ana María Estrada Sánchez

Ana María Estrada Sánchez

Investigadora de la División de Biología Molecular del Ipicyt.
ana.estrada@Ipicyt.edu.mx
CIBNOR

El gen de este mal se localiza en el cromosoma 4.

Huntington, una enfermedad escrita en los genes

Después de una larga búsqueda para descifrar sus causas, en el laboratorio de Neurobiología del Ipicyt continúan trabajando para entender este extraño mal.

Su abuelo y su padre eran médicos y hacían visitas rutinarias a sus pacientes, entre los que se encontraban varios miembros de ciertas familias de Long Island, New York, EUA que presentaban una enfermedad que se transmitía de generación en generación. Fue el conocimiento de su padre y de su abuelo, así como sus propias observaciones, que el Dr. George Huntington usó para describir en 1872 la enfermedad que denominó “Corea” —un término que proviene del griego y significa danza—,  que ahora conocemos como enfermedad de Huntington. Los síntomas de esta enfermedad generalmente inician en edad adulta (entre los 30 a 50 años), afectando de igual manera a hombres y mujeres. Después de presentar los primeros síntomas, durante los siguientes 15 años los pacientes desarrollarán progresivamente pérdida de peso corporal, alteraciones psiquiátricas, deterioro cognitivo y movimientos involuntarios generalizados, que en algunos casos lleva al paciente a moverse constantemente, y pareciera como si estuviera bailando, lo que hace referencia al término “Corea”. Además, hay una forma juvenil de la enfermedad que se define por la presencia de rigidez corporal y crisis epilépticas.

Pero, ¿qué causa la enfermedad de Huntington? En su reporte, Huntington hizo alusión a la característica hereditaria de la enfermedad al referirse a “una semilla” que se encuentra en las familias afectadas. Sin embargo, para conocer el origen genético transcurrieron 111 años, y además se necesitó de una colaboración interdisciplinaria e internacional de científicos liderados por la Dra. Nancy Wexler, quien estaba determinada a identificar el origen de la enfermedad que padeció su abuela, sus tíos, su madre, y que quizá ella o su hermana podrían sufrir en el futuro.

La búsqueda de la “semilla” se centró en el análisis de muestras de sangre que los científicos colectaron de cientos de individuos pertenecientes a familias que habitan regiones del lago Maracaibo en Venezuela, en donde la incidencia de la enfermedad es la más alta descrita en el mundo. Así fue como en 1983 se identificó que en el brazo corto del cromosoma 4 se localiza el gen cuya mutación es el origen de la enfermedad, y diez años más tarde, se describió que la mutación consiste en la expansión de una región que contiene diversos repetidos del triplete CAG —que codifica para el aminoácido glutamina— dentro del gen de la proteína que se denominó huntingtina (Figura 1).

La identificación del origen genético permitió el desarrollo de modelos transgénicos que aceleraron el estudio de los mecanismos celulares y moleculares afectados por la mutación. De igual manera, después de conocer la mutación responsable fue posible desarrollar pruebas para diagnosticar si una persona desarrollará la enfermedad, una pregunta constante en aquellos que pertenecen a familias afectadas.

Desafortunadamente, la Dra. Nancy Wexler es portadora de la mutación que ella ayudó a identificar, y seguirá el mismo destino que su madre y otros pacientes que sufren de la enfermedad de Huntington. En México, de acuerdo con la Asociación Mexicana de la Enfermedad de Huntington se estima que hay 12 mil enfermos y 36 mil personas en riesgo de ser portadores de la mutación.

¿Cómo es que la mutación en un solo gen puede generar los síntomas de esta enfermedad? La huntingtina está presente en todas las células del cuerpo, y la presencia de la proteína mutada afecta principalmente las células del cerebro, las neuronas y los astrocitos. En particular, afecta a las neuronas espinosas medianas del neoestriado, y las neuronas piramidales de la corteza motora que en conjunto constituyen la vía corticostriatal, que forma parte del circuito que controla los movimientos. La comunicación alterada entre los componentes de este circuito conduce a la presencia de los movimientos involuntarios que caracterizan a la enfermedad de Huntington. Además, la presencia de la huntingtina mutada interfiere con la función de los astrocitos, que a su vez afecta la comunicación neuronal e incluso facilita procesos tóxicos que culminan en la muerte neuronal observada en etapas avanzadas de la enfermedad.

Nosotros, en el laboratorio de Neurobiología del Ipicyt estamos estudiando el papel de los astrocitos sobre la regulación de la comunicación neuronal y su contribución en la enfermedad de Huntington. Aun cuando se considera una enfermedad incurable, actualmente se estudian diversos métodos que permitan eliminar la huntingtina mutada en pacientes o en modelos transgénicos.

Más firmas

Web | + posts
A %d blogueros les gusta esto: