Regla de tres 866

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Carlos Reyes

Carlos Reyes

Periodista. Especializado en el sector educativo.
Correo electrónico: cra19762003@yahoo.com.mx
Twitter: @carlosr16914827

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Está por verse si la oferta educativa de las universidades coincidirá con las aspiraciones de los jóvenes.

Regla de tres 866

Aunque con encomiable intención, cumplir con el programa Rechazo Cero traerá dificultades para las universidades

Iniciativa limitada.  Concebido con una encomiable intención para resolver uno de los principales problemas de la educación superior del país, el programa, recientemente presentado, “Rechazo Cero”, entraña una serie de trabas que le impedirán cumplir con su objetivo prioritario de ofrecer un espacio a miles de jóvenes para realizar sus estudios de licenciatura. Es cierto que esta estrategia representa, en sí misma, una posibilidad de generar mayores oportunidades de ingreso al nivel profesional, con el apoyo de herramientas como orientación vocacional, laboral e incluso apoyos económicos para continuar la trayectoria académica. El problema es que no se trata de un proyecto que responda a esa misma demanda que hace imposible dar cabida a todos los aspirantes que realizan su examen de ingreso a la enseñanza superior. Se trata de un programa que no ha tomado en cuenta las preferencias ni el entorno en el que se desarrollan miles de jóvenes egresados de la educación media superior.

 

Demanda mal encauzada. De entrada, más del 80 por ciento de la oferta que ofrece “Rechazo Cero” está enfocada a las opciones de Técnico Superior Universitario (TSU), una opción que, si bien ha demostrado ser un referente de calidad en los últimos años, no es una opción hacia la que volteen miles de egresados de la educación media superior. Las diferencias entre la formación que ofrece el modelo tradicional de licenciaturas y la que se puede lograr como (TSU) siguen siendo muy grandes. Por ello, la mayor parte de los jóvenes aspiran a ingresar a las instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) o el propio Instituto Politécnico Nacional (IPN). Mismo efecto ocurre con las universidades públicas estatales, Porque se trata de referentes que han transitado de una generación a otra, y porque sigue siendo la aspiración de muchos por un cierto prestigio social que da estar inscrito en estas.

 

Buscar alternativas. Los técnicos superiores universitarios, por múltiples factores, que en la mayor parte de los casos no tiene que ver con la calidad de su formación, ni de la capacidad de sus egresados, no se han logrado colocar en el imaginario colectivo como una aspiración profesional muy socorrida. Por eso, la oferta que tiene “Rechazo Cero” difícilmente será atractiva para esos estudiantes que no lograron ingresar a la institución para la que aplicaron el examen. Hay quienes optan por abandonar los estudios si su primera opción para continuarlos no es en la UNAM, el IPN o la UAM. La infraestructura de los tecnológicos puede y tiene con qué recibir a cientos de alumnos, pero muchos no quieren acercarse a esta opción. Porque el técnico superior universitario, a final de cuentas, no es una figura altamente posicionada que cumpla al cien por ciento las aspiraciones personales y profesionales, no solo de los jóvenes, sino de sus padres y familiares que ven en las licenciaturas tradicionales el mejor instrumento de movilidad social.

 

Sin parámetros serios. Otro de los inconvenientes de “Rechazo Cero” tiene que ver con las opciones que ofrece en escuelas y colegios particulares. Si bien cuentan con el Registro de Validez Oficial (RVOE), no cuentan con la misma calidad ni las mismas oportunidades de desarrollo con las que cuentan las instituciones de educación superior públicas y privadas de probada calidad. Se trata, a final de cuentas, de alternativas que pocos de los jóvenes terminarán por emplear para continuar su formación educativa. Mismo caso es el de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), cuyos planteles ofrecen algunas opciones, cuando la calidad de esta ha quedado en duda desde hace varios años y no ha tenido las mismas herramientas de seguimiento y evaluación a las que se someten las instituciones públicas de educación superior del país. Por eso “Rechazo Cero” no es, por ahora, la alternativa más adecuada al entorno y las exigencias de miles de egresados que no pueden continuar sus estudios. No se trata solamente de abrir espacios por abrirlos, sino de trazar una ruta mucho más definida y sólida que garantice a los jóvenes un aprendizaje significativo y útil para ellos.

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