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Carlos Pallán Figueroa

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la Anuies

capafi2@hotmail.com

Carlos Pallan 873

Miguel León-Portilla, bastión de la cultura mexicana

La pandemia: lecturas y recuerdos / XIV: Visión de los vencidos

A un año del fallecimiento de Miguel León-Portilla, recordamos esta importante obra, lectura esencial para comprender nuestro país

En este octubre se ha cumplido un año del fallecimiento de Miguel León-Portilla. Una evocación sobre la vida y obra de este bastión de la cultura mexicana es indispensable.

  • Le ‘conocí’ de lejos. De oídas primero, por el profesor de la preparatoria quien hablaba del libro que, según él, estaba llamado a poner las cosas de la evangelización y conquista españolas en su sitio. Se refería al volumen aparecido en años recientes con el muy sugerente título de Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista. Luego, de ‘vista’ con la lectura del texto incluido en mi plan adolescente de comprar un libro a la semana (privándome de algunos placeres mundanos). Después, ya en el D.F. de los años setenta en adelante, asistí a varias de sus conferencias. Finalmente, lo traté de manera fugaz en el 2000, durante una reunión en Colima, en un sitio paradisíaco, alternando en la presentación de propuestas en el campo de la cultura y la educación, dentro de la campaña electoral de ese año.

Ahí, en las pequeñas tertulias que se daban al tiempo de compartir el pan y la sal, varios disputábamos por el espacio donde Miguel León-Portilla (MLP) estuviese, particularmente a la hora de la cena, por el espacio más prolongado. Con cuánta curiosidad observábamos que, en esos dos o tres días, él y Natalio Hernández (sabio y poeta de las culturas prehispánicas) se apartaban del resto de ponentes para conversar en Náhuatl. En fin, era la fama, la admiración, pero también la sapiencia a flor de piel cobijada por la sencillez.

  • Visión de los vencidos se publicó en 1959. Fue el fruto de la tesis de doctorado (reconocida con una summa cum laude, concluida tres años atrás) y asesorada nada menos que por Angel María Garibay. Sobre esto, el reconocimiento de MLP es elocuente al agradecerle al “recordado maestro que, con espíritu humanista, redescubrió estos textos, su generosidad al permitirnos aprovechar sin restricción alguna las traducciones preparadas por él de casi todos los textos que aquí se ofrecen…”. Efectivamente, la tesis-libro se basa en la traducción de los testimonios (escritos, cantares e imágenes) de los propiamente vencidos por los españoles, hasta los provenientes de los que colaboraron con ellos. Sobre estos testimonios, MLP explica cómo se escribieron y pintaron, toda vez que varios de esos autores fueron testigos directos de la Conquista, de ahí el acertado nombre de Visión de los vencidos.

El autor integra, con base en Garibay, una especie de antología de documentos, ordenados según importancia y antigüedad, de tal forma que se sepa lo que fue la Conquista. Los primeros textos, de Fray Toribio Benavente (Motolinía), fueron escritos tres años después de la caída de Tenochtitlán, recogiendo los relatos de quienes habían presenciado (con admiración primero y después con espanto) la irrupción de aquellos seres extraños que portaban vestimentas nunca vistas, trepados en aquellos animales (que en el relato original se nombraban como una especie de ciervos), y que siembran el terror y la muerte en el Templo Mayor.

A lo relatado por Motolinía se suman cantares que serían los más antiguos testimonios. La relación de ellos incluyen escritos de 1528 (manuscritos que están en la Biblioteca Nacional de Paris) y de los llamados Informantes de Sahagún (estudiantes indígenas de Tlaltelolco, alumnos de aquél, 1528), y una docena más entre los que se encuentra el Códice Florentino (sobre el papel de los Tlaxcaltecas, 1558), el códice Aubín (sobre la matanza del Templo Mayor, 1576) y el códice Ramírez (Manuscrito pictográfico referido, principalmente a viajes de los aztecas antes de la llegada de los españoles, realizado antes de 1580).

Con base en todas esas fuentes (no del todo coincidentes), MLP integra un relato cronológico que va desde los “presagios” o “´prodigios”, señales de que algo extraordinario iba a suceder pronto (como aconteció diez años después),  hasta la caída de la Gran Tenochtitlán.  La esencia de toda la obra, se encarga de aclarar el autor, “no pretende reflejar los hechos históricos, sino el modo como lo vieron e interpretaron los indios náhuatls de diversas ciudades y procedencias”.

Los presagios funestos, o prodigios, según la fuente, se hacen realidad cuando un macehual (hombre del pueblo), proveniente de las tierras del golfo es llevado ante Moctezuma, relatándole la existencia de “gentes extrañas, de carnes muy blancas, de barba larga y cabellos hasta las orejas”, que llegaron a la costa “en unas como torres o cerros pequeños que venían flotando por encima del mar”. La reacción de Moctezuma: “movido a temor fue que envió mensajeros idóneos a quienes creyó que eran posiblemente Quetzalcóatl y otros dioses que volvían”. Los presagios y prodigios empezaban a cobrar realidad.

A lo largo de sus páginas, La Visión de los vencidos  desgrana 16 temas principales. Entre ellos: idas y venidas de los mensajeros (entre Veracruz y el Valle del Anáhuac), los españoles en Cholula y Tlaxcala, la matanza del Templo Mayor, la rendición de México-Tenochtitlán.  En cada uno de esos relatos está presente “el empeño de conservar la memoria del pasado”.

  • En víspera de los 500 años de la conquista y en medio de un México polarizado ideológicamente, los hechos históricos estarán teñidos (inevitablemente) con las interpretaciones. Se ha empezado a revivir, en nombre de una supuesta y auténtica mexicanidad, la rivalidad entre lo autóctono y lo hispano. Rivalidad estéril ya que, como lo decía Rodolfo Stavenhagen, a mediados de los años setenta: los más de 70 grupos indígenas en México “reclaman no solamente la tierra tantas veces prometida, sino también el derecho a su propia cultura, así como el respeto a su propia identidad (como la de los Vascos en España y ciertas minorías de diversos países)”. El colonialismo interno (ejercido por la población urbana, alfabetizada, mestiza, los privilegiados en general) es una realidad lacerante que forma parte de los mecanismos que configuran, todavía ahora, la pobreza y la desigualdad en el país.

No se puede escapar del pasado si se quiere entrever, por lo menos, el futuro. El mensaje de MLP es diáfano: “el siglo y medio de independencia nacional, las tres centurias de vida novohispana y los milenios de Mesoamérica son el antecedente de toda proyección futura”. Ante la inminencia de 2021, y las rivalidades ideológicas en ascenso, leer  cuidadosamente a Miguel León Portilla es un imperativo. Situarnos en una modernizada iconoclastia no mejorará la condición de los herederos cuyos ancestros fueron  (fuimos) avasallados quinientos años atrás.

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