La Pandemia: Lecturas y Recuerdos / X

El escritor, poeta, periodista e ideólogo fue testigo pero también protagonista principal de la historia política del México del siglo XIX

En recuerdo de Raúl Moreno Wonchee, amigo querido, militante de tantas causas con el vigor y la energía que hicieren falta.

El Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo (ahora Centro Geo del Conacyt) publicó en 1988 las obras completas de Ignacio Ramírez, El Nigromante, en siete volúmenes. Algo así como 3,800 páginas que muestran la diversidad de materias pero también lo prolífico de una obra que refleja una vida intelectual y política de más de medio siglo. Esta contiene escritos periodísticos, discursos, cartas, estudios literarios, poesía, teatro, textos jurídicos, debates en el Constituyente de 1856-1857 y jurisprudencia. Pero, como lo indican  David R. Maciel y Boris Rosen (compiladores y revisores), estos volúmenes no incluyen muchos otros textos, ya que su obra, dispersa en periódicos y revistas, podría abarcar 20 tomos, según Ignacio Manuel Altamirano, su gran amigo y dilecto discípulo.

Con el título de “Ignacio Ramírez: ideólogo del liberalismo social mexicano”, Maciel hace un estudio introductorio a la vida y obra del personaje, en el tomo I. Carlos Monsiváis elabora el prólogo del tomo VI, dedicado a los escritos pedagógicos, textos escolares y lingüística. En este espacio me referiré a ambos aspectos.

Ignacio Ramírez nace en San Miguel el Grande, Guanajuato, en 1818. Le  toca presenciar o ser actor en acontecimientos que comprenden la consumación de la Independencia, los 32 presidentes de la República que México tuvo en sus primeros 50 años de independencia, la Revolución de Ayutla, el Congreso Constituyente, la guerra de Reforma, la separación de Texas, la guerra con Estados Unidos,  la intervención francesa, la República Restaurada, falleciendo en 1879, cuando ejercía de ministro de la Suprema Corte de Justicia (designado por el Congreso) durante la primera presidencia de Porfirio Díaz.

Lo de Nigromante es el seudónimo que Ramírez utilizó en algunos escritos pero que se le quedó para nombrarle. La locución se refiere, según Maciel, a la persona, o mago, que practica la nigromancia (magia negra), y que está tomado del Quijote. El Nigromante es “el principio antagónico del héroe”, aquél que le hace ver al Hombre de la Mancha que lo que ve como gigantes o ejército no son sino molinos o un rebaño de ovejas. Ramírez aspiraba a ver y nombrar la realidad tal cual es.

En ese sentido, fue testigo pero también protagonista principal de la historia política del México del siglo XIX. Se mueve en un país que se integraba, como dice Maciel, en un 60% por población de origen indígena, 22% de mestizos y 18% de ascendencia europea. Un país con terribles desigualdades sociales, marcado por los enormes privilegios para algunos de sus sectores, como el eclesiástico. De ahí que parte de su credo político, de liberal “puro”, chocara con sus compañeros moderados y el propio Benito Juárez, ya que “lo que el país necesitaba no eran reformas, sino cambios profundos de la estructura socioeconómica que lograran romper, de una vez para siempre, la herencia colonial”.

A sus estudios de abogado en la Ciudad de México sumó una intensa actividad de autodidacta. Se sumergió en las bibliotecas para, con una prematura vocación de polígrafo, aprender de todo lo que le interesaba, que era mucho: “un esclavo del estudio y del saber”. Esta vocación la ejerció toda su vida. Por ello, para destacar ese rasgo,   Altamirano afirmaba: “Ramírez después de haber entrado a esas bibliotecas erguido y esbelto, salió de ellas ligeramente encorvado y enfermo, pero erudito y sabio, eminentemente sabio”.

La mejor muestra de ese gusto, empeño o vocación fue su discurso de eventual ingreso a la Academia de Letrán (1836), a los 19 años, cuatro antes de graduarse de abogado. La frase inicial: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”, fue incendiaria. No pudo, de momento, decir más. Se armó el escándalo y, acusado de blasfemo, el rector se opuso a que siguiese la disertación. Una mayoría de asistentes, integrada en ese  instante, apoyó la continuidad, logrando que ésta se diera hasta el final. Algo insólito para esos tiempos. El resultado, en palabras de Guillermo Prieto, su leal amigo y correligionario: “todos quedaron asombrados ante los amplios conocimientos, la capacidad de expresión y la belleza de estilo que demostró poseer Ramírez”. 

Ciento doce años después el discurso de Letrán se consolidó como leyenda, cuando Diego Rivera pintó su célebre mural Sueño de una Tarde Dominical en la Alameda Central. La obra formaba parte del Hotel del Prado, que se inauguraría en 1948. En el extremo izquierdo del mismo el pintor coloca a Ramírez, rodeado de las figuras más representativas de la Reforma, sosteniendo en sus manos un pergamino con la frase: “Dios no existe, afirmó y demostró experimentalmente, Ignacio Ramírez”. El arzobispo primado de México se negó a bendecir el hotel y durante once años el mural fue dañado dos veces y escondido como medida precautoria, hasta que el propio Rivera cambió aquél texto por el que actualmente subsiste: “Conferencia en la Academia de Letrán-1836”

Lo de Letrán fue sólo un presagio. Ahí despuntaba una trayectoria que lo llevaría por el mundo político e intelectual del siglo. Empieza por el periodismo crítico (pero también “burlesco y filosófico”) de Don Simplicio,  un periódico, en compañía de Manuel Payno y Guillermo Prieto. Ahí denuncia a la administración pública y la burocracia de la época, la manipulación del Estado por las clases dirigentes, el poder económico de la iglesia y otros más. Pero también tiene propuestas: la legislación debe tener en cuenta las peculiaridades de cada región del país; debe mejorar la presencia de la mujer, ya que no es ciudadana; la enseñanza no debe estar en manos de la oligarquía; el indígena debe tener mejores condiciones de vida. En fin, causas que van a permanecer para siempre en su quehacer personal y profesional (continuará).

Carlos Pallán
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com | + posts
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