Programa Sectorial de Educación: Educación Superior/ III

Carlos Pallán Figueroa

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la Anuies

capafi2@hotmail.com

carlos pallan 863

El PSE hace mención a una diversidad de becas que cubre todos los niveles educativos

Programa Sectorial de Educación: Educación Superior/ III

En tiempos difíciles, el futuro de este nivel educativo plantea muchas preguntas que la SEP busca resolver

Media docena de temas permiten darse cuenta de las preocupaciones, problemas y soluciones que, en torno a este tipo educativo, visualiza la SEP.  Son tiempos de finanzas públicas difíciles, como ya lo han mostrado varios de los recortes presupuestales efectuados en esta primera mitad de 2020. En función de ello empecemos por ese gran condicionante de cualquier gestión pública.

Según la Ley General de Educación (Art. 119), el Estado debe destinar para este sector una cantidad “que no podrá ser menor al equivalente del 8 por ciento del PIB del país.” Esta proporción debe integrarse por la concurrencia del gasto público perteneciente a los gobiernos federal, estatal y municipal. Según lo refiere el PSE, el primero de ellos aportó, en 2018, 813 mil millones de pesos (mmp), equivalentes al 3.5 de aquella proporción, no habiéndose fijado meta alguna para 2024.

Con datos de la propia SEP (“principales cifras del Sistema Educativo Nacional (SEN) 2018-2019”) se observa que para ese mismo año lo presupuestado para ese sector equivalía al 3.5 por ciento del PIB, el de las entidades federativas,  de 220 mmp, un 0.9 por ciento y el municipal, prácticamente inexistente, 156 millones. El total del financiamiento público llega a 4.4 por ciento, un poco menor que el año anterior (2017) e igual que en 2019, lejano, muy lejano de aquél 8 por ciento. De ahí la prudencia o el temor (según el cristal…) para formular una meta que, aunque la Ley de Planeación indique que debe incluirse (Arts. 21 ter y 26 bis), se prefirió en este caso no asumir compromiso alguno.

Un segundo tema tiene que ver, simultáneamente, con estudiantes y equidad, así como con la primera de las seis prioridades del PSE (“educación para todas y todos . . .”), en los términos siguientes:

Cobertura. La educación superior tiene 4.34 millones de estudiantes matriculados. Esto significa el 39.7 por ciento de la población en la edad correspondiente a este tipo educativo (19-24 años), fijándose una meta al 2024 de 50 por ciento. Aunque ésta es ambiciosa, nuevamente la prudencia; entre paréntesis se coloca el siguiente texto: “meta sujeta a disponibilidad presupuestal”

Una explicación para tan baja proporción de matrícula (comparado con los países de América Latina, México ocupa un lugar 12 o 13) reside en uno de los tres grandes problemas que preceden o condicionan el desempeño del Sistema Educativo Nacional: las desigualdades. Esto se observa de manera muy clara en el dato correspondiente a la tasa de escolarización de jóvenes provenientes de los primeros cuatro deciles de ingreso. Sólo 1.26 millones de jóvenes que significaban el 26.5 por ciento del total de inscritos, 13 puntos abajo de la media nacional. Esta situación se convalida cuando se observa el abandono escolar o, con visión optimista, la eficiencia en el tránsito escolar de una generación. De acuerdo con ello, de cada 100 educandos que ingresaron a primaria en 2002, sólo 24 egresaron en 2018, formulándose una meta de 30 por ciento para 2024.

¿Qué puede hacerse para superar situaciones como esas? El PSE menciona el amplio catálogo de becas que empiezan en primaria y llegan hasta el nivel de licenciatura. Entre estas últimas, algunas más específicas como Jóvenes Escribiendo el Futuro, Elisa Acuña y las Benito Juárez para las universidades del mismo nombre.

Un tercer tema es el relativo a “alentar la articulación” entre los diferentes subsistemas y niveles del SEN a partir de la educación superior. Así, el PSE incluye como una “acción puntual” la de diseñar programas en que las IES ofrezcan “acciones pertinentes e inclusivas que permitan a los jóvenes (de media superior) concluir su trayectoria educativa . . . se trataría de articular programas que faciliten el tránsito entre tipos, niveles, modalidades y subsistemas en beneficio de la población estudiantil”.

A este respecto, el secretario Moctezuma explicó de manera muy gráfica lo que se podría hacer con estos programas que, inclusive, se ubicarían dentro de las actividades del servicio social en los jóvenes matriculados en educación superior para que, en calidad de tutores ó apoyo pedagógico, complementen el aprendizaje de estudiantes en diferentes niveles del SEN: “. . . por ejemplo, quienes estudian las ingenierías pueden prestar su servicio social apoyando a los alumnos que tengan rezagos en matemáticas, física o química  (I. Velázquez, Reforma, 9 de agosto).

Carlos Pallán
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