La obligatoriedad de la educación, recurso retórico si no se atienden las necesidades: Mario Rueda Beltrán

Carlos Reyes

Carlos Reyes

Periodista
Especializado en el sector educativo

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Mario Rueda Beltrán

Mario Rueda Beltrán, ex director del Iisue de la UNAM

La obligatoriedad de la educación, recurso retórico si no se atienden las necesidades: Mario Rueda Beltrán

Voces de la educación: Entrevista con el ex director del Iisue de la UNAM

Las desigualdades sociales no pueden resolverse a partir del sistema educativo. A final de cuentas, la escuela reproduce esa inequidad en las oportunidades de desarrollo a las que se enfrentan millones de niños y jóvenes en el país.

Por eso es fundamental resolver las necesidades que enfrenta el sistema educativo, antes que pensar en la obligatoriedad de la educación en todos sus niveles, plantea Mario Rueda Beltrán, quien fue miembro del Consejo Técnico del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y presidente de este organismo.

A decir del Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de París VIII, hablar de obligatoriedad implicaría reconocer estas diferencias y rezagos a partir de los cuales se parte.

De lo contrario, asume, se trata simplemente de modificaciones constitucionales que quedan en el papel y no trascienden ni tienen un efecto real en el mejoramiento de la calidad educativa desde la educación básica hasta la enseñanza superior.

En entrevista con Campus, el también exdirector del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (Iisue) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), habla también del retroceso que se ha dado en materia de evaluación y de la falta de un proyecto educativo más allá de los tiempos sexenales.

Falta de estrategia

De acuerdo con Mario Rueda Beltrán, quien pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), “para reducir las múltiples desigualdades en el sistema educativo, se debe de partir de un diagnóstico preciso del estado actual de todo el sistema”.

Sostiene que se debe partir de la “infraestructura, tanto de las condiciones físicas de los inmuebles, las características y condiciones laborales de la planta docente y administrativa de cada nivel escolar, las características principales de los estudiantes de cada nivel y zona geográfica”.

A partir de ahí, plantea, la información obtenida “de cada uno de estos segmentos puede sugerir las prioridades a considerar en cada uno de estos niveles de intervención y las acciones a realizar considerando las distintas necesidades sectoriales y regionales”.

Y es que, comenta Rueda Beltrán, una causa adicional de las desigualdades del sistema educativo es que “siempre se diseñan las mismas iniciativas para toda la nación, desconociendo la diversidad manifiesta en todos sentidos. Así que habría que diseñar políticas diferenciales y compensatorias que atendieran los problemas identificados en el diagnóstico”.

A final de cuentas, apunta, la desigualdad educativa persiste porque el sistema educativo “reproduce las desigualdades del sistema económico social que ha ampliado las diferencias en la distribución del acceso de bienes materiales y simbólicos.

“La escuela no va a resolver estas desigualdades, en el mejor de los casos podrá aminorarlas, o representar un pequeño porcentaje de personas que remontan las desigualdades gracias a los conocimientos y las habilidades proporcionadas por el sistema educativo”.

En segundo lugar, reconoce el investigador, “los gobiernos no han invertido económicamente lo suficiente para atender las necesidades urgentes y el desarrollo del sector, además de que no han desplegado esfuerzos para conocer de forma profunda las características del mismo y sus graves problemas”.

Por eso, señala, el problema de plantear la universalización de la educación básica, la media superior y la superior comienza cuando “no se parte de reconocer el estado que guarda cada uno de los niveles, los recursos materiales y humanos con los que se cuenta y la inversión económica que supone llevar a buen puerto la iniciativa. Declarar obligatoria la educación sin tomar en cuenta lo antes dicho resulta a todas luces un mero recurso retórico sin sustento”.

Los demasiados cambios

Respecto a los cambios que se han registrado en materia de políticas públicas en materia de educación desde que arrancó el actual gobierno, Rueda Beltrán, quien fue presidente del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), comenta que refleja la ausencia, como ocurre sexenio tras sexenio, de un proyecto educativo que “realmente muestre un compromiso con la educación, más allá de la retórica y el discurso político.

“Un proyecto en el que sean convocados los principales actores del sistema educativo y que se trascienda el plano de la acción partidaria que sistemáticamente se impone. Que el sector se vea no sólo como una plaza temporal mientras se cumplen los tiempos para aspirar a otro cargo o cartera política, sino como un recurso de la sociedad para formar a sus nuevas generaciones para la actividad profesional y la ciudadanía”.

Lamentablemente, puntualiza Rueda Beltrán, los cambios sociales significativos no pueden darse al ritmo sexenal, sino que debe reconocerse “un nivel técnico, un saber hacer especializado, que se mantenga al margen de la participación de cuadros partidarios que podrán imprimir algunas variaciones al proyecto en turno, pero que esto no se constituya en un obstáculo para el funcionamiento regular de las actividades básicas del sistema.

“Los cambios, por ejemplo, en los planes y programas tendrán que cumplirse al margen de los tiempos y cambios sexenales, y tendrán que valorarse y aprender constantemente de ellos para el crecimiento del sistema”.

Retroceso en evaluación

En ese sentido, Mario Rueda Beltrán, quien fue profesor visitante en la Universidad de Valencia, en España, comenta que, en materia de evaluación educativa, se puede hablar de un retroceso porque ha sido evidente el uso político que se ha hecho de esta actividad.

“Primero, ubicándola como la solución a todos los problemas del sistema y atribuyendo a su acción la mejora de la calidad de todo el sector.

“Después rechazándola como la causante de todos los males, no dejando margen para poder visualizar su continuidad como una herramienta auxiliar que puede proporcionar información sistemática sobre la calidad y la valoración del efecto de los planes para monitorear su evolución”, dice.

Lo más preocupante, apunta, es que “se había avanzado considerablemente en el empleo de la evaluación como herramienta para conocer sistemáticamente al sistema educativo y monitorear su rendimiento, pero por una acción política, se negó la posibilidad de hacer un balance de las experiencias de evaluación realizadas y acrecentar nuestro conocimiento para optimizar su empleo”.

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