El regreso

Después de dos años sujetos al homogéneo color gris del campus, hoy se aprecia una mutación hacia la vida

Inherente a la primavera, volvió la vida a las universidades. Por fin, después de dos años, los espacios universitarios vuelven a ser habitados por sus destinatarios.

Con el retorno a las clases organizadas que suponen el intercambio presencial de argumentos, enseñanzas y aprendizajes, volvieron los alumnos y profesores a encontrarse en el campus. Todos hemos pasado por la pandemia; los que ya nos conocíamos hoy nos vemos dos años más viejos. Sin embargo, hay una enorme ilusión por encontrarse y aprender juntos. Hay muchas ideas que estuvieron silenciadas y que hoy desbordan las comunicaciones, los diálogos y las discusiones en clase.

Han vuelto las asesorías y las visitas inesperadas a los profesores. Detrás de las máscaras nos reconocemos en pasillos y salones. Muchos estudiantes están conociendo a sus compañeros y a sus profesores, pues sólo nos veíamos por las pantallas. Los estudiantes por fin distinguen el rostro de las secretarias y del personal administrativo. Hay una renovada relación cara a cara, aunque mediada por la mascarilla.

Con renovada intensidad hay conferencias, congresos y coloquios; se incrementa el número de eventos universitarios y se diversifica la oferta cultural en las universidades. Las salas de teatro y de concierto empiezan a ser visitadas por los estudiantes, los espectáculos de danza y las exposiciones se revitalizan con el público estudiantil.

En las bibliotecas y centros de cómputo, que estuvieron desiertos durante meses, hay boruca de tecleados, susurros y sillas que se arrastran; entre el polvo vuelven a volar las palabras que estaban encerradas en los libros.

Todo ello supone una importante transformación del espacio, una mutación hacia la vida. Reaparecen los colores, los olores, los sonidos y la camaradería propios de oleadas de jóvenes llenando los pasillos, desbordando las oficinas y los baños; disponiendo de explanadas y las escaleras para conversar, de los jardines para tomar el sol y de las canchas deportivas para echar una cáscara.

Después de estar desolados, sujetos al homogéneo color gris del campus, los pasillos estallan en una fiesta de colores. Las y los estudiantes vuelven a apropiarse del espacio universitario y se encuentran en sus vestimentas, portan lentes, ropa, gorras y pelos de colores; un nuevo aditamento completa el ajuar de cada quien: el tapabocas. Aparecen los cuerpos, cabelleras, andares y juegos.

Durante más de dos años, los compañeros de la limpieza de los campus se aburrieron, hoy no se la acaban. El predominante olor a desinfectante hoy compite de nuevo con el aroma de la comida y el café, de los sudores y los perfumes. El espacio universitario vuelve a oler a escuela, a plumones y pizarrón.

El sonido del silencio ha quedado atrás. Hoy en el ambiente universitario vuelven a ser familiares las risas, los gritos, las clases que se escuchan en el pasillo, las puertas que se azotan, la alharaca y los murmullos. Ya hasta hicieron un carnaval en la UAM.

El regreso al campus es también el momento de los abrazos y de los encuentros. Entre profesores, entre estudiantes, entre todos. Detrás de la máscara volvieron los besos, nos volvemos a saludar de mano. Claro que hay cuidados, todos estamos más o menos sujetos al estado de alerta sanitaria, hay más limpieza de manos, en los baños se cuida que haya agua y jabón. A pesar del miedo, los amigos vuelven a abrazarse y a palmearse la espalda. En el deporte todos sudan juntos. Paulatinamente la desconfianza deja paso a la hermandad.

El regreso a las actividades presenciales, después de dos años de pandemia, es un momento oportuno para valorar la vida y celebrar la oportunidad de volvernos a encontrar. Ojalá y sea también la ocasión de un balance reflexivo y crítico sobre nuestro pasado reciente, que nos permita aprender, sacar un saldo e imaginar un nuevo futuro.

Sobre la firma
Miguel Casillas

Es licenciado en Sociología por la FCPyS de la UNAM, Maestro en Ciencias por el DIE-CINVESTAV-IPN, y doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de Paris. Es socio del Consejo Mexicano de Investigación Educativa A.C., se interesa por temas como la educación superior, historia institucional, políticas educativas y agentes educativos y profesores, estudiantes y TIC.

Es investigador en la Universidad Veracruzana y Coordinador del Doctorado en Innovación en Educación Superior del Centro de Investigación e Innovación en Educación Superior de la Universidad Veracruzana (CIIES-UV) del 10 de febrero del 2020 a la fecha.

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