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El herbario metropolitano de la UAM cumple 40 años de apoyar la investigación botánica en México

Este espacio cuenta con más de 86 mil ejemplares botánicos en su acervo

Con un acervo de más de 86 mil ejemplares, el Herbario Metropolitano Ramón Riba y Nava Esparza de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) –ubicado en la Unidad Iztapalapa– cumplió 40 años de aportar información relevante para el conocimiento de la botánica en México.

La maestra en ciencias Ana Rosa López Ferrari, responsable del Herbario, y el doctor Adolfo Espejo Serna, investigador asociado de este espacio desde hace más de 30 años, señalaron en entrevista que los miles de especímenes que constituyen uno de los sitios más destacados del país en dicho campo están disponibles para consulta de los interesados.

El lugar –que reúne prototipos secos herborizados, adheridos a una cartulina y su respectiva etiqueta con datos geográficos, morfológicos y ecológicos, incluida la procedencia– estaba activo en 1985, “cuando ingresé a la UAM, gracias a que desde su fundación un grupo de profesores que ya se dedicaba al trabajo botánico promovió la creación de una colección de respaldo del material de sus proyectos”, precisó López Ferrari.

Aun cuando existe desde 1975, el Herbario de la UAM fue reconocido de manera oficial como una compilación científica institucional en 1981, pero el primero del que se tiene registro formal data de 1544, abierto por el italiano Luca Ghini (1500-1566) y prevalece en la Universidad de Bolonia, pues desde entonces este método de preservación se popularizó entre los centros ligados a la ciencia, relató la también curadora del espacio.

El doctor Espejo Serna aseveró que el Herbario Metropolitano cumple una función esencial como fuente de información para los cursos de botánica, ecología y zoología que la Universidad imparte y porque contiene muestras de las plantas de la Ciudad de México y de casi todo el país, debido al desarrollo de estudios que “nos han permitido procesar e incorporar casi dos mil especímenes por año”.

En un artículo publicado –junto con la maestra Ivonne Nayeli Gómez Escamilla– en la revista Contactos, de la Unidad Iztapalapa, los investigadores refieren que hay dos mil 981 herbarios activos en el mundo y 70 en México, los cuales albergan en conjunto más de cinco millones 350 mil piezas.

La capital cuenta con la mayoría de colecciones y ejemplares botánicos: alrededor de tres millones, mientras que Nayarit y Zacatecas carecen de estos recursos, según el Index Herbariorum.

La División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la citada unidad académica empezó a formar el Ramón Riba y Nava Esparza en 1975, en apoyo a las labores del Departamento de Biología de la referida sede, por iniciativa de quien fuera el experto en helechos con más renombre de la nación y de la doctora Rosaura Grether González, especialista en sistemática de leguminosas Inaugurado el 26 de junio de 1981, en 1983 obtuvo el registro de la Asociación Internacional de Taxónomos Vegetales (IAPT, por sus siglas en inglés), que proporciona un directorio global de estos sitios y de su personal asociado, así como un acrónimo de las colecciones enlistadas en el Index Herbariorum.

Desde julio de 2003 figura en el Padrón de Colecciones Científicas y Museográficas Públicas o Privadas de Especímenes Silvestres, de la Dirección General de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, sumando más de 86,000 ejemplares herborizados de plantas vasculares catalogadas y disponibles para su consulta.

También ofrece gran cantidad de monocotiledóneas, leguminosas y pteridofitas procedentes de diversas partes, con una representación notable de Chiapas, Estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca y Veracruz, lo que resulta fundamental para la docencia y la investigación, por los datos sobre nombres comunes; usos; épocas de floración y fructificación; localización geográfica y requerimientos ecológicos, entre otros.

Todo esto puede servir a diversos campos del conocimiento: historia de la ciencia; morfología; anatomía de vegetales; etnobotánica; farmacognosia; conservación de los recursos vegetales; ecología animal; manejo de pastizales; combate de maleza y otras plantas indeseables, entre otros.

Además es el sitio ideal para indagar sobre cierta flora, es decir, constituye la materia prima de todo estudio taxonómico, florístico, biogeográfico, etnobotánico o fitoquímico, entre otros temas.

Más allá de la docencia y la investigación es una herramienta en las tareas de preservación y difusión de la cultura, al haber proporcionado información a los proyectos Flora Mesoamericana; Flora de México; Flora de Veracruz; Flora del Bajío y de Regiones Adyacentes; Flora de Tehuacán-Cuicatlán; Las Monocotiledóneas Mexicanas, una Sinopsis Florística; Manual Ilustrado de las Orquídeas Silvestres del Estado de Morelos; Helechos y Licopodios de México; Bromeliaceae de México, y Epífitas Vasculares Mexicanas, parte de cuyos resultados han sido publicados en revistas especializadas.

En su primera etapa, el Herbario ocupó el primer piso del edificio “S” en dos áreas separadas, con todos los inconvenientes que esto representaba para una instancia científica. Ahora está en el laboratorio AS-015, en la planta baja del edificio Alejandro Villalobos, anexo del “S”, en una superficie de 165 metros cuadrados.

En estas instalaciones cuenta con un sistema de compactadores para aprovechar con eficiencia el espacio disponible y resguardar los ejemplares. Alberga una biblioteca coligada que se ha abastecido mediante donaciones de algunos académicos asociados o de otras instituciones; acoge libros especializados, fascículos de flora regional, series de revistas botánicas y, en general, literatura de gran utilidad para la determinación de los especímenes o para asistir en las revisiones sistemáticas de grupos botánicos.

Los profesores López Ferrari y Espejo Serna estimaron que luego de 40 años es imprescindible pensar y reflexionar sobre el futuro, pues si bien algunos de los problemas más urgentes del lugar se han resuelto para el mediano plazo –la colocación de compactadores para el mejor aprovechamiento y de un sistema de alarma contra incendios– otros imprevistos –el sismo del 19 de septiembre de 2017, por ejemplo– “han mostrado la vulnerabilidad de las condiciones en que se mantiene”.

Uno de los retos principales es que su ritmo de crecimiento hará que en diez años llegue a 18,000 ejemplares más, sin disponer de una sede adecuada para ponerlos, por lo que es urgente que la Unidad Iztapalapa prevea la vía de conservar este patrimonio universitario.

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