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Educación en la tercera ola: ¿Salud o economía?

El riesgo de regresar a clases ante la pandemia es una decisión en materia de políticas públicas muy delicada

El último lunes de agosto “llueva, truene o relampaguee”, según ha dicho el presidente de la República, el Sistema Educativo Nacional deberá volver a clases como ha sido la tradición desde muchos años atrás. Conforme la fecha se acerca, distintas encuestas de opinión muestran una inclinación mayoritaria para no hacerlo, dados los riesgos presentes en el momento actual. Baste decir que en los últimos cuatro días (escribo esto el lunes 8) la cantidad de infectados por el coronavirus supera los 20 mil casos de compatriotas, cifras no alcanzadas nunca en los 17 meses de la emergencia sanitaria.

Aunque la cantidad de fallecimientos es menor (631 el lunes) respecto de los números récord de enero pasado, la situación actual es crítica. De nuevo, hospitales públicos y privados empiezan a padecer las situaciones dominadas por una “progresiva saturación” que ha llevado a los gobiernos federal y de las entidades federativas a extremar las medidas que permitan hacer frente a esta nueva ola. Pero, como ha estado planteado desde marzo del año pasado para gobiernos, actores económicos y ciudadanía, la disyuntiva en torno a valores a salvaguardar es la misma: proteger la salud de la población o hacer lo propio con la economía nacional. En esto no pareciera haber justo medio.

No obstante el importante avance en materia de vacunación en el país (50 millones de dosis aplicadas que protegen con esquema completo a 27, A. Sánchez, La Jornada, 7 de agosto), una nueva realidad se ha presentado. El virus ataca ahora con mayor intensidad a la población joven del país (12-17 años). De 375 casos diarios en promedio en el mes de enero, se ha pasado a los 650 de la semana pasada. Esto (como lo resalta E. Quintana, El Financiero, 9 de agosto) ha llegado a la población de menores de seis años en una cantidad de 150 contagios diarios en promedio, contrastantes con los 60 de enero pasado. Estos contagios, portadores ahora de la variante delta, son potencialmente más peligroso para los adultos (no vacunados) en la obligada convivencia familiar.

Este fenómeno asociado a la niñez ya es estudiado en otras latitudes. Según una nota del New York Times (P. Beluck, 8 de agosto), lo que ha sido denominado “covid largo” es una afectación que, en el caso de los menores, no se reduce a las pérdidas ya conocidas de aprendizaje y  la afectación a la salud socioemocional (situación ya identificada en México). A ello se agrega un debilitamiento generalizado en las habilidades físicas y mentales, con algunos síntomas específicos como los siguientes: fatiga crónica, debilidad, “niebla mental”, migrañas, pérdida de memoria, dificultad para concentrarse, alteraciones de los sentidos del gusto y olfato, alteración en los ciclos del sueño, taquicardias, dificultades respiratorias; pero también otros como depresión y ansiedad social “en niños que anteriormente eran sanos, activos y alegres”.  Estos síntomas suelen presentarse todavía meses después. De una población infantil de 4.2 millones de niños ya contagiados con el virus, entre el  11 y el 15 por ciento  padecen el covid largo. El problema es grave en el vecino país  — y lo será aquí también— toda vez que no se ha aprobado una vacuna para los menores de 12 años.

Ante la realidad nacional actual, la acentuación y variabilidad de la pandemia,  así como las experiencias ya en estudio  en los Estados Unidos, el riesgo para que la población en edad escolar retorne a los salones de clase en 20 días es sumamente alto. Aún con los trabajos de acondicionamiento de aulas, implantación de protocolos y medidas preventivas, sobre la base de que todo esto se hiciese de manera eficaz, el riesgo subsiste y el precio a pagar podría ser sumamente alto.

La población escolar convocada para el 31 de agosto (de preescolar a educación superior, a excepción de universidades autónomas y varias privadas) oscila entre 30 y 32 millones. Ante los números de contagio que se incrementan, o mantienen en las proporciones ya mencionadas, parecería prudente revisar la decisión ya adoptada en los próximos siete o diez días, independientemente de los trabajos ya en marcha. Como 17 meses atrás: economía o salud, salud y economía, es la disyuntiva. Una decisión muy delicada en materia de políticas públicas.

1 comentario en «Educación en la tercera ola: ¿Salud o economía?»

  1. Gracias una vez más por expresar en su artículo un tema que a la mayoría de los y las mexicanas nos preocupa; el artículo nos proporciona argumentos para definir una posición y seguramente, acciones.

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